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Hablar de Omer Clavero y Aleis Stormes es recorrer una historia donde el amor y la vocación profesional han caminado juntos durante décadas. Ambos son contadores públicos, egresados de la Universidad del Zulia, y juntos han construido un vínculo que ya acumula 69 años de conocerse y 49 de matrimonio. Él tiene 73 años y ella 74; se conocieron siendo apenas adolescentes, cuando Omer, con 14 años, ideó una forma muy particular de llamar la atención de Aleis, quien tenía 15: lanzarle almendrones. Ese gesto inocente fue el inicio de una amistad tan sólida que, con el tiempo, se transformó en un noviazgo que perdura hasta el día de hoy.

Su unión no solo ha sido sentimental, sino también profesional. Fundaron Clavero Stormes y Asociados, una firma contable que ha sido testigo de algunos trabajos en conjunto. Sin embargo, la mayor parte de sus trayectorias se ha desarrollado por caminos laborales paralelos. La dinámica de sus vidas los llevó, en muchas ocasiones, a planificar y trabajar por separado debido a sus compromisos como docentes universitarios.

La docencia ha sido una constante en sus carreras. Omer acumula 40 años en las aulas, iniciando en CUNIBE, para luego pasar por el Pedro Emilio Coll, la Universidad Rafael Urdaneta, la Universidad del Zulia y la Universidad Dr. Rafael Belloso Chacín (URBE), donde impartió clases en pregrado, posgrado y diplomados. Por su parte, Aleis dejó huella en la Universidad Rafael Urdaneta y fue la encargada de dictar cursos especializados sobre fideicomiso y temas fiduciarios en Venezuela, además de formar a generaciones de estudiantes en el Instituto Nacional de Capacitación y Educación Socialista (INCES) bancario.

En medio de sus múltiples responsabilidades, han sabido celebrar sus hitos personales. El 24 de julio pasado cumplieron 49 años de casados por el civil, y el 21 de noviembre celebrarán esa misma cifra de unión religiosa. Un símbolo perfecto de la fortaleza y permanencia de su historia juntos.

A lo largo de su carrera como contador y profesor, ¿qué ha disfrutado más? ¿La práctica profesional contable o la enseñanza?

Omer: Ambas. Como contador, el trabajo en auditoría es algo que se vive constantemente. La docencia, por otro lado, es una parte más humana que se disfruta mucho, ya que permite tener una relación directa con los alumnos, que en su mayoría son jóvenes. Es muy difícil elegir una sobre la otra, porque son dos experiencias muy diferentes.

¿Dónde han dado clases?

Omer: Yo tengo 40 años dando clases. Me inicié en el CUNIBE, después pasé al Pedro Emilio Col. También di clases en la URU, a nivel de pregrado y posgrado, en LUZ en posgrado, y en la URBE he dado clases en pregrado, posgrado y diplomados. Ya he ido «quemando etapas» y dejando la docencia poco a poco.

Aleis: Yo di clases en INCES Bancario por aproximadamente 30 años, y también en la URU en posgrado. En LUZ, di clases de derecho mercantil. Cuando era muy joven, me gradué y trabajaba en una empresa industrial, pero me pasé al Banco de Maracaibo. Allí me asignaron a un departamento innovador que trabajaba con la materia del Fideicomiso, la cual apenas se estaba comenzando a aplicar en Venezuela. Fui nombrada jefa del departamento recién graduada. Me tocó dar charlas a nivel nacional, incluso a las petroleras, y todos los institutos me veían como la conocedora de la materia. 

¿Cómo ha cambiado la profesión de la contaduría desde que usted comenzó hasta el día de hoy? ¿Cuáles consideran que han sido los cambios más significativos?

Aleis: La profesión ha cambiado muchísimo. Antes, había un mayor compromiso del contador con la empresa, llevando un control muy riguroso. Ahora, con el tiempo, la responsabilidad ha variado y se ha tenido que soltar ese sentido de pertenencia para poder trabajar y ejercer.

Omer: En la carrera en sí, los cambios más significativos han sido la tecnología y los procedimientos. Antes, todo era más manual y las planificaciones de auditoría eran muy diferentes. Actualmente, se utilizan sistemas para desarrollar el trabajo, y las auditorías se hacen basándose en riesgos. Esto obliga a los contadores a tener información de forma inmediata para poder responder rápidamente a los clientes.

¿Han logrado separar lo profesional de lo personal?

Omer: Sí, en absoluto. Podemos discutir algo del trabajo y no estar de acuerdo, pero una vez que eso termina, queda allí. El hecho de que nos hemos aguantado 49 años, y hemos sido contadores desde antes de casarnos, demuestra que hemos logrado separar lo profesional de lo personal.

¿Cómo es esa vida en casa? ¿Discuten temas de trabajo en casa? ¿Cuentan anécdotas? ¿Cómo es la familia?

Omer: Es algo difícil porque, como yo siempre digo, es diferente si el contador está casado con una médica. El contador viene con problemas de balances o de presupuesto, y la médica viene y le cuenta sobre una operación. Pero cuando un contador se encuentra con otro contador, llega con el mismo problema y se involucran inmediatamente en una conversación sobre el tema.

Aleis: Las conversaciones en casa tienen una parte positiva, pero a veces es un poco difícil. Cuando surge un problema en el trabajo, nos preguntamos mutuamente: «¿Cuál es tu opinión al respecto?». Él tiene la suya y yo tengo la mía, y comenzamos a debatir sobre qué dice la ley, si hubo una jurisprudencia o un reglamento interno nuevo. Todas las profesiones tienen esta dinámica cuando los esposos comparten el mismo campo, como los contadores o los ingenieros.

¿Cómo fue ese romance de dos contadores? ¿Desde qué edad se hicieron novios?

Aleis: Nos conocimos desde niños, porque éramos vecinos. Él (Omer) era un año menor que yo (Aleis), y cuando me veía, me lanzaba almendrones desde un árbol, y yo lo acusaba con su mamá. Así éramos, niños. Sin embargo, cuando él tenía 14 años y yo 15, formalizamos la relación. Él se saltaba por el bajareque, porque eran casas pegadas.

Tuvimos un noviazgo de nueve años, el cual fue «escondido» durante un tiempo. Pero como él quería mucho a mis padres, fue y les dijo que no iba a engañarlos, y formalizó nuestro noviazgo. Al principio, yo lloré como una magdalena porque no esperaba que él se me declarara, ya que lo veía como un hermano, pero finalmente acepté ser su novia saliendo de una Misa el 24 de diciembre. En los nueve años que fuimos novios, nunca terminamos, y en los 49 años de casados tampoco.

¿Sus hijos son algunos contadores?

Omer: Sí, tenemos dos hijas. La mayor se graduó de contadora y después hizo una maestría en gerencia tributaria, siguiendo mis pasos. La menor se graduó de licenciada en preescolar e hizo una maestría en gerencia educativa, siguiendo los pasos de su madre. Así que tenemos dos, una con gerencia educativa y una con maestría tributaria. La mayor, que es contadora y tributarista, trabaja en empresas grandes. Su esposo también es contador.

Más allá de los números y la finanza, ¿qué hobbies o pasiones tienen que quizás la gente no conoce aún?

Omer: En estos momentos no tengo hobbies, pero familiarmente jugamos dominó. En el colegio, he sido gremialista y he pertenecido a los comités de normas. También fui director de IDEPRO por tres periodos, en la parte de investigación y desarrollo. Mi unión con el colegio es muy fuerte, ya que he trabajado con todos los presidentes.

A lo largo de su vida, y esto es para ambos, ¿qué significa para ustedes la palabra éxito? ¿Ha cambiado esa definición con el tiempo?

Omer: Yo pienso que no ha cambiado. El éxito depende de cada persona, de si siente que ha triunfado y ha disfrutado. He trabajado, he estado en la docencia, he sido padrino de promociones. Yo me considero una persona exitosa y así me ven, porque el éxito es algo que uno mismo se forma.

Aleis: Yo me siento una mujer realizada, gracias a Dios. Siento que aún tengo mucho por dar y por hacer, no creo que el éxito termine a los 74 años. El éxito es ser cada día una mejor persona y un mejor ciudadano. Para alcanzarlo, uno debe evaluarse a sí mismo y ser productivo. Uno debe tener una autoestima definida para reflejar el éxito y seguir consiguiéndolo.

 

Omer: Para mí, haberle dado clases a tantas generaciones de contadores es un éxito. He sido padrino de la primera promoción de contadores de la URBE y he tenido la oportunidad de transmitir mis conocimientos a miles de alumnos. Para mí, el éxito es haber podido compartir y enseñar, incluso a hijos de mis antiguos estudiantes. La docencia no tiene precio, y poder transmitir el conocimiento y ser un ejemplo de vida es lo más grande.

¿Esta generación acata esas normas, profesor?

 

Omer: Es difícil, pero yo hago que las cumplan. Cuando veo a alguien con el celular le digo que, la próxima vez que lo vea, lo enviaré a la coordinación para que le pongan una nota en el libro de vida. Les explico que no es mi norma, sino una norma de la URBE, y que tienen que respetarla. A veces, la juventud no acata las normas porque se han acostumbrado a que los padres son sus amigos y no se establecen límites en casa. Sin embargo, yo soy firme y exijo que las cumplan.

¿Qué consejo le darían a una pareja que como ustedes comparte la misma pasión profesional?

Aleis: El consejo que les daría es que se preparen y se fijen metas. Es importantísimo que uno defina desde la juventud lo que quiere en la vida, tanto en la vida personal como en la profesional. Hay que trabajar por eso, y si te toca aguantar algo, lo aguantas hasta lograr tu cometido. Yo, por ejemplo, quería ser contadora pública y lo logré muy joven, antes de cumplir 23 años. Mi meta era ser una buena profesional, así que, a pesar de que mis padres se oponían, busqué trabajo en el cuarto año de la carrera. Me senté con ellos y les expliqué que salir con un título y sin experiencia era un riesgo. Me entendieron, y así pude trabajar antes de graduarme. Luego, cuando me cambié de una empresa industrial a una bancaria, donde no conocía nada, me tocó estudiar y pulirme por mi cuenta. La vida es una preparación permanente, y el que quiere triunfar debe prepararse en todos los ámbitos, incluso para criar a sus hijos.

Cuando ustedes miran hacia atrás, ¿qué es lo que más atesoran de todo eso que han construido juntos, tanto en lo profesional como en lo familiar?

Aleis: Atesoro muchas cosas. Por un lado, las vivencias hermosas de mis buenos momentos, y por el otro, las experiencias de los malos momentos. La Biblia nos dice que guardemos el corazón, por lo tanto, no se debe permitir que la amargura invada el corazón. Las experiencias negativas no se pueden evitar, pero hay que saber sobrellevarlas sin que te amarguen. Si tienes que llorar o gritar, hazlo, pero que no te amargue.

 

Omer: Yo pienso que cada momento que nosotros pasamos, lo fuimos viviendo. Cada uno de ellos es un recuerdo. Todo eso lo tengo en mi mente desde que empezamos a vernos, como novios, como pareja y como profesionales. Lo vivimos en el momento que teníamos que vivirlo. Todas las cosas que nos pasaron, unas malas y otras muy buenas, tenían que vivirse.

Si tendrían que darles un solo consejo a los jóvenes que actualmente están estudiando contaduría, ¿cuál sería?

Omer: El consejo es que tienen que hacer sacrificios para obtener todas las competencias posibles y poder sobrevivir en un mundo tan dinámico y cambiante. La profesión de contador público cambia mucho, ya que el gobierno saca leyes y providencias todas las semanas. Les digo a mis alumnos desde siempre: «Tienen que sacrificar, tienen que leer, tienen que estudiar». Por ejemplo, a los que inician el laboratorio de auditoría, les digo: «Este sábado y domingo vayan a fiesta, descansen. Porque a partir de la segunda semana, todos los fines de semana son míos. Si quieren aprender y pasar la materia, tienen que trabajar».

Aleis: En una palabra, como dice él, tienen que prepararse. Se trata de las competencias, y es algo que se aplica para todo en la vida.

¿Tres valores que cada uno de ustedes tenga en su vida profesional y personal que los represente a ustedes, que los identifique o los defina?

Omer: La honestidad, la responsabilidad, y la firmeza.

Aleis: La responsabilidad, la equidad, y la honestidad. Siento que este último es un valor que falta mucho en el mundo. Cuando uno es honesto, eso no se olvida; todo el que te ve, cuando escucha tu nombre, lo asocia a la confianza. Pero cuando una persona falla una vez en la honestidad, es como si le hicieran una marca en la frente para siempre.

Omer y Aleis, sin necesidad de compartir todos los días el mismo escritorio, han encontrado en la complicidad, la admiración mutua y el respeto por la vocación de cada uno, la fórmula para caminar juntos por casi siete décadas. Su historia, más allá de los números, está hecha de instantes que han sabido convertir en recuerdos duraderos: miradas cómplices en medio de la rutina, silencios que dicen más que las palabras, y gestos sencillos que, con el tiempo, se vuelven verdaderos tesoros.

Han aprendido que el amor no siempre necesita de grandes gestas, sino de constancia, paciencia y la capacidad de reinventarse juntos sin perder la esencia que los unió. En su caso, esa esencia se encuentra en la admiración que sienten el uno por el otro, en el orgullo por los logros de cada cual, y en la fuerza que han encontrado para superar las dificultades sin dejar que el peso de los años opaque su alegría de compartir  la vida juntos.

Ambos, representan mucho más que una pareja que ha compartido 69 años de vida: son también referentes profesionales que han sabido mantener la excelencia en el ejercicio de la Contaduría Pública, tanto desde la práctica como desde la docencia universitaria. Su unión, que nació en la adolescencia con la inocencia de unos almendrones lanzados para llamar la atención, evolucionó hacia una relación sólida que ha resistido el paso del tiempo con la misma disciplina y compromiso que los caracteriza en su carrera.

A lo largo de los años, han demostrado que la vida personal y la vida profesional pueden coexistir en equilibrio, y dejando huella desde sus trincheras académicas. Su legado no solo está en las aulas ni en las empresas que asesoraron, sino también en la demostración de que el ejercicio de la contaduría exige más que técnica: requiere constancia, ética y un compromiso firme con la formación de nuevas generaciones. Así, su historia conjunta nos recuerda que, más allá de los números y balances, el verdadero éxito radica en la capacidad de trabajar con pasión, sostener un proyecto de vida compartido y consolidar un ejemplo de profesionalismo y humanidad que trasciende las décadas.