Emercio Iván Casique nació el 14 de enero de 1935 en la ciudad de Maracaibo, estado Zulia. Desde joven mostró interés por el ámbito de la contaduría, lo que lo llevó a obtener en 1971 el título de Licenciado en Contaduría Pública en la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad del Zulia (LUZ). Antes de culminar sus estudios, ya se encontraba vinculado al área de la contabilidad y auditoría en una oficina del ramo; sin embargo, tras graduarse decidió no ejercer de manera liberal la profesión, inclinándose hacia la enseñanza.
En 1974 inició su carrera como docente universitario de dedicación exclusiva en LUZ, donde permaneció durante veinte años formando generaciones de profesionales. Su estilo de enseñanza, caracterizado por la disciplina y la exigencia, le otorgó el respeto de sus estudiantes, quienes solían expresar: “si quieres aprender, estudia con Casique; si quieres solo pasar, estudia con otro”. Ese reconocimiento, asegura, es uno de los mayores orgullos de su vida profesional.
En el año 1982 fue elegido como presidente del Colegio de Contadores Públicos del Estado Zulia dónde realizó diferentes reformas y avances de gran impacto en el mismo, que luego serían tomados de modelo por diferentes colegas y empresas del sector.
En el plano personal, está casado con la señora Marta Elena Ávila de Casique, con quien ha construido una sólida familia integrada por cuatro hijos, nueve nietos y tres bisnietos, convirtiéndose en el pilar de una descendencia que lo llena de satisfacción.
Su vocación por el ámbito académico trascendió las aulas universitarias. En 2012, se incorporó al proyecto para la creación de una Academia de Ciencias Sociales en el Zulia, que más tarde se consolidaría en la iniciativa de la Academia de Ciencias Contables del Estado Zulia. Desde entonces, Casique se dedicó activamente a la preparación de estatutos, al diseño del logo y escudo, y a la recolección de información sobre otras academias y universidades de la región que ofrecen la carrera de Contaduría Pública.
El esfuerzo rindió frutos en 2018, cuando el Consejo Legislativo del Estado Zulia (CLEZ) aprobó formalmente la creación de la Academia de Ciencias Contables del Estado Zulia, designándose a Emercio Iván Casique como vicepresidente de la Junta Directiva fundadora.
Aunque hasta 2023 el proyecto no había sido publicado, su nombre queda inscrito en la cronología de promotores y gestores de una institución concebida para fortalecer el desarrollo académico y profesional de la contaduría en la región.
Emercio Casique es un profesional que ha marcado generaciones por la enseñanza, la constancia y la visión de futuro que ha dejado como legado. Como docente, promotor de la organización académica y líder gremial, ha sido un ser humano ejemplar que reafirma su compromiso con la educación y con la profesión contable en el Zulia.
En su experiencia profesional, ¿qué cargos desempeñó? ¿En qué áreas incursionó como contador público?
Previo a mi graduación, incursioné en el área de la contabilidad y auditoría, trabajando en una oficina del ramo. No obstante, al obtener mi título, opté por no ejercer la profesión de manera liberal. A partir del tercer año de haberme graduado, me dediqué por completo a la docencia universitaria, en la Universidad del Zulia donde pasé a dedicación exclusiva.
¿Cuántos años estuvo en las aulas? ¿Cómo cree usted que los recuerdan los estudiantes?
Dediqué veinte años a la labor docente, con el honor de haber formado a profesionales que, con el tiempo, llegaron a ocupar posiciones destacadas, incluso la presidencia del Colegio de Contadores. Mis estudiantes suelen recordarme por mi exigencia y rigor. Solían decir, «si quieres aprender, estudia con Casique; si quieres solo pasar, estudia con otro». Este reconocimiento de su parte es una de mis mayores satisfacciones.
¿Qué es lo más bonito que recuerda de su época como docente?
Durante mi etapa como docente, experimenté decepciones, principalmente la deserción estudiantil. Para combatirla, implementé diversas estrategias. En una ocasión, siendo director de la escuela, un grupo de seis alumnos vino a protestar porque no les había entregado las notas del primer parcial. Esto me resultó extraño, ya que siempre las entregaba a tiempo. Sin embargo, su reclamo se debía a un acuerdo que habíamos hecho: retendría las calificaciones para incentivarlos a continuar en el curso y mejorar su rendimiento en las siguientes evaluaciones. Cuando me vieron en mi oficina y se percataron de que era el director, se asombraron. Les expliqué la situación y les hice ver que mi intención era ayudarlos a aprender, no solo a aprobar. Fue una lección para ellos y para mí, y aunque no continué con ese experimento, la experiencia reafirmó mi convicción en la importancia de educar más allá de las notas.
Mi mayor satisfacción provino de ver a los estudiantes que realmente se esforzaban y de escuchar su reconocimiento. Me llenaba de orgullo que me dijeran que conmigo aprendían de verdad, lo que para mí era un logro mucho más significativo que simplemente aprobar un curso.
Luego de esos años como docente, ¿cuál es su mayor satisfacción de esa labor?
La labor docente es muchas veces ingrata. Mi satisfacción era ver a los que realmente rendían, pero también me daba pena ver a los que no rendían. Mi mayor satisfacción provino de ver a aquellos alumnos que se esforzaban y realmente rendían en sus estudios. Me llenaba de orgullo saber que aprendían conmigo, y que mis métodos, aunque estrictos, les eran de utilidad. Me resultaba incomprensible la idea de las «reparaciones», ya que no consideraba viable que un estudiante pudiera recuperar en una o dos semanas el tiempo y los conocimientos de un semestre completo.
A lo largo de los años, ¿qué cambios o tendencias ha visto en la profesión contable que a usted lo han sorprendido o le han parecido que sean más significativos?
El cambio más significativo que he presenciado es la irrupción de la inflación, un fenómeno prácticamente inexistente cuando yo daba clases. Esto ha transformado por completo la profesión, que ahora está marcada por un número abrumador de leyes y reglamentos que obligan al contador a ser un gestor constante para las empresas. Aunque la computación ha facilitado algunos procesos, la carga de trabajo actual es inmensa y, a mi parecer, agotadora.
Usted tiene varios reconocimientos y los luce con orgullo. ¿Puede mencionarnos cuáles son esos reconocimientos que lo llenan de satisfacción?
Porto diversas condecoraciones que representan mi trayectoria. Entre ellas, la máxima del gremio de contadores públicos, la Orden Francisco de Miranda en tercera clase, la Orden San Sebastián y la Orden Andrés Bello en su primera clase, esta última solicitada por mi colegio profesional. Adicionalmente, llevo un reconocimiento por mis 20 años de ejercicio docente y 50 años de ejercicio profesional.
Si pudiera volver atrás y darle un consejo a su yo profesional de 20 años, ¿cuál sería?
Mi consejo para mi yo profesional de hace 20 años, o incluso a un joven que inicia su carrera, sería que se dedique con disciplina al estudio y a la adquisición del mayor conocimiento posible de nuestra profesión. El ejercicio del contador público demanda una actualización constante en todos los sentidos.
¿Qué papel ha jugado su familia en su éxito y desarrollo profesional?
El apoyo de mi familia ha sido fundamental en mi trayectoria profesional. Tanto mi esposa como mis hijos son profesionales, lo que demuestra la importancia que le hemos dado a la educación en nuestro hogar. La dedicación de mi esposa a nuestros hijos y el esfuerzo que cada uno puso en sus propias carreras fueron un pilar clave en mi desarrollo.
¿Cómo logró mantener el equilibrio entre su profesión y la familia?
Mi decisión de no ejercer la profesión de forma liberal me facilitó mantener un equilibrio adecuado entre mi vida laboral y personal. Al dedicarme exclusivamente a la docencia, pude organizar mejor mi tiempo. Además, mi familia me apoyó activamente en mis labores, especialmente con la sistematización de procesos, lo que me permitió cumplir con mis responsabilidades sin descuidar mi hogar.
¿Hay alguna filosofía de vida o principio personal que haya guiado sus decisiones más importantes, tanto en lo profesional como en lo personal?
La honradez y la honorabilidad son los principios que han guiado mis decisiones más importantes. Considero que no solo debemos parecer honestos, sino serlo en esencia. Es fundamental que, aunque la vida no sea totalmente vertical, nuestros desvíos no sean tan pronunciados.
¿Qué lo llevó a tener vida activa dentro del gremio de contadores públicos del estado Zulia?
Mi participación en el gremio de contadores públicos fue muy activa desde antes de graduarme. Fui el contador del colegio y estuve involucrado en todos los procesos. Mi principal logro durante mi gestión como presidente fue la automatización de las cuentas por cobrar, un proyecto pionero en ese momento que se convirtió en un ejemplo para otras instituciones.
¿Cómo fue la experiencia de dirigir el colegio durante dos años?
Desde el momento en que me gradué en 1971, estuve activamente involucrado con el gremio. Fui contador del Colegio de Administradores y Contadores Públicos desde ese año hasta 1975, y participé constantemente en las actividades gremiales.
En 1978 se me propuso la presidencia, pero la rechacé debido a la gran carga de trabajo que tenía en la universidad. Sin embargo, en 1981, fui elegido secretario general de la federación. Solo un año después, me postulé para la presidencia del Colegio de Contadores Públicos del Estado Zulia, logrando la victoria y desempeñándome en el cargo por el período de dos años.
¿Qué consejo les daría a las nuevas generaciones de contadores que están comenzando su carrera?
Mi consejo para las nuevas generaciones es que se mantengan constantemente actualizados. La profesión contable es dinámica y cambia con el tiempo, por lo que la falta de actualización puede llevar a un estancamiento profesional.
¿Cómo le gustaría ser recordado? No solo como profesional, sino como persona, como ser humano.
Me gustaría ser recordado por mi trabajo y la contribución que hice a la profesión y a mis estudiantes. Es mi mayor deseo que mi legado perdure en la mente de quienes se beneficiaron de mi labor.
Si pudiera dejar un legado en la profesión contable o en su comunidad, ¿cuál le gustaría que fuera?
Más que un legado, mi mayor aspiración es dejar un ejemplo de dedicación. Creo que la dedicación a nuestra profesión y a la comunidad es lo más valioso que podemos heredar a las futuras generaciones.
En esta etapa de su vida, ¿qué hace actualmente?
Actualmente me encuentro jubilado y no ejerzo ninguna actividad profesional. Mi principal meta es disfrutar de mi familia en la medida de lo posible y dedicarme a mis aficiones, como la escritura de «gaitas», un género musical que me apasiona y que me ha permitido expresar mi creatividad.
¿Qué actividades le gusta disfrutar con su familia? ¿Qué hace cuando está reunido con su familia?
Además de compartir con ellos, disfruto mucho de mi afición por la escritura. Me gusta escribir las letras para gaitas. Aunque no soy músico, disfruto creando las letras, y algunas de ellas han sido interpretadas por mi sobrino y mi hija, Carla. La última gaita que escribí se llama «Mi descendencia», en honor a mis hijos, nietos y bisnietos. Con estas gaitas, mis nietos y bisnietos llegaron a ganar en festivales musicales de sus colegios con mejor gaita, mejor letra y mejor tema, algo que me llena de satisfacción.
¿Qué lecciones de la vida ha aprendido a través de su profesión?
A través de mi experiencia, la principal lección que aprendí es que cuando se quiere, se puede. Me gradué a los 35 años, habiendo tenido que trabajar desde joven para sostener a mi abuela y a mi propia familia. Siempre les recalqué a mis alumnos que, si yo pude, ellos también podían, y que el trabajo y la familia no son una excusa para no lograr los objetivos.
A sus 90 años, Emercio Iván Casique no solo ostenta el título de expresidente más longevo del Colegio de Contadores Públicos del Estado Zulia, sino también el de un hombre cuya vida ha sido sinónimo de entrega, sabiduría y vocación. Su legado no se mide únicamente en reconocimientos ni en cargos ocupados, sino en las huellas profundas que ha dejado en cada estudiante, colega y familiar que ha tenido el privilegio de conocerlo.
Con disciplina y amor por la enseñanza, formó generaciones que hoy lo recuerdan con respeto y gratitud. Su historia es testimonio de que la verdadera grandeza se construye con constancia, humildad y un firme compromiso con el conocimiento.
Hoy, el CCPEZ y la contaduría pública en todo el país celebran no solo a un profesional ejemplar, sino a un ser humano que ha hecho de su vida una lección viva de integridad y propósito. Gracias, profesor Casique, por enseñarnos que educar es sembrar eternidad.