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Nacida en Maracaibo en 1967, Amaya Briner de Foglio es hija de padre suizo y madre española, una herencia multicultural que ha marcado su carácter emprendedor y su visión amplia del mundo. Contador Público egresada de la Universidad del Zulia, complementó su formación académica con una Especialización en Gerencia Tributaria en la Universidad Rafael Urdaneta, consolidando así una sólida base profesional en el ámbito financiero y empresarial.

Con más de 35 años de experiencia, es socia de la firma de auditores Briner Asociados, donde ha desarrollado una destacada carrera asesorando empresas a nivel nacional. Bajo su liderazgo, la firma se ha posicionado como representante en Venezuela de MGI Worldwide, una de las principales organizaciones mundiales de firmas de auditores y contadores, lo que refleja su compromiso con la excelencia y la proyección internacional del ejercicio contable venezolano.

Su compromiso con el desarrollo empresarial la ha llevado a ocupar roles de gran relevancia gremial. Amaya Briner de Foglio hizo historia al convertirse en la primera y única mujer presidenta de la Cámara de Comercio de Maracaibo, una institución centenaria que encontró en ella una líder innovadora y visionaria. También fue la primera mujer en presidir el Capítulo Zuliano de la Cámara Venezolana Americana de Industria y Comercio (VenAmCham), demostrando su capacidad para abrir caminos en espacios tradicionalmente dominados por hombres.

Actualmente, preside AVEM Zulia, la Alianza de Empresas Venezolanas que apoyan el liderazgo femenino, desde donde impulsa la igualdad de oportunidades para mujeres y hombres dentro del mundo empresarial. Su compromiso con las causas sociales y culturales también se refleja en su labor como directiva del Centro de Bellas Artes de Maracaibo, institución a la que brinda su apoyo constante, motivada por su amor al arte y la cultura, y también es presidenta de la fundación del Colegio Bellas Artes.

Además de su amplia trayectoria profesional, Amaya Briner de Foglio ejerce funciones diplomáticas como Cónsul Honoraria de Suiza para el estado Zulia, fortaleciendo los lazos entre su país de origen y la región zuliana.

Esposa y madre de tres hijos, Amaya ha sabido equilibrar su vida familiar con una brillante carrera profesional, demostrando que el liderazgo femenino se construye con constancia, disciplina y pasión. Su labor ha sido reconocida en numerosas ocasiones: ha sido oradora de orden y condecorada por la Gobernación del estado Zulia, la Federación de Colegios de Contadores Públicos de Venezuela, el Consejo Legislativo del estado Zulia, la Alcaldía de Maracaibo, la Cámara de Comercio de Maracaibo y la Red Feminista del estado Zulia, entre otras instituciones.

Amaya Briner de Foglio encarna el espíritu de una mujer moderna, influyente y comprometida, que ha dejado una huella imborrable en el ámbito empresarial, gremial y cultural del Zulia, siendo ejemplo de liderazgo inspirador para las nuevas generaciones

¿Cómo influyó tener un padre suizo y una madre española en su manera de ver la vida y los negocios?

Uff, influyó con todo. En primer lugar, crecí en un hogar muy estructurado, marcado por la ascendencia europea de ambos, lo que significaba orden y mucha disciplina en el buen sentido de la palabra. Mi madre española marcó unos cimientos de la cultura española en mi alma, pero lamentablemente falleció en un accidente de tránsito cuando yo tenía solo 7 años, así que el resto de mi vida mi padre suizo pasó a ser papá y mamá, convirtiéndose en mi ídolo y el pilar de la familia. 

Mi padre ya era contador público graduado en Suiza cuando llegó a Venezuela, trabajó con Ernst & Ernst (la firma precursora de EY) y luego fundó Briner Asociados en 1964. Desde pequeña, para mí era normal ir a la oficina, ver a los auditores y contadores, jugar con las máquinas gigantescas de la época, y desarrollar el hábito de la lectura. Mi padre, con su formalidad, horarios, seriedad y su forma de vestirse, se convirtió en un modelo que, aunque yo soñaba con ser arqueóloga, marcó mi camino hacia la Contaduría. 

Vale acotar que mi padre se volvió a casar a mis 16 años, con una señora venezolana, abogada y profesora de LUZ, que fue una influencia maravillosa y nos integró a sus dos hijos, por lo que hoy somos cuatro hermanos muy unidos.

¿Qué recuerdos guarda de su etapa universitaria en la Universidad del Zulia y cómo marcaron su vocación como contadora pública?

¡Buenísimos y excelentes recuerdos! Recuerdo sobre todo a muy buenos profesores que me marcaron, como Elena Suárez (que es una gran contadora pública a la que admiro muchísimo) y Armando León. Tuve una muy buena relación con los profesores e incluso fui preparadora de algunos de ellos. Pienso que era otra época, donde se daban clases con mística y la Universidad del Zulia era el alma máter que producía gente brillante y con profesores autores de libros. Salí muy orgullosa de toda esa información de primera línea que recibí.

Luego hice una especialización en Gerencia Tributaria en la URU a finales de los noventa (alrededor del 96 o 97). Fue una experiencia diferente, ya que éramos todos adultos y graduados, lo cual ya le da otra visión al estudio. Además, fue la primera cohorte en el Zulia y coincidió con el boom de la creación del SENIAT. La mitad de la corte éramos del sector privado y la otra mitad eran funcionarios del SENIAT. Aunque hoy eso parece «ajo y aceite», en aquel entonces hicimos muy buenas relaciones que conservamos hasta ahora.

Había una gran mística de trabajo, trabajamos casos reales de fiscalizaciones, y se armaban discusiones interesantísimas sobre los criterios públicos (SENIAT) y privados, con profesores de Caracas de muy alto nivel. Nos sentimos parte de una «nueva Venezuela», donde el sector público y el privado trabajarían juntos para hacer las cosas bien y lograr un círculo virtuoso donde los tributos se invirtieran correctamente.

¿Hubo algún mentor o alguna experiencia temprana que definiera su estilo de liderazgo?

En el desarrollo de mi profesión, mi padre siempre ha sido mi inspiración y mi fuente a seguir; siempre consultaba y hablaba con él. Luego, una amiga muy cercana, que trabaja el tema del feminismo, me ayudó a tener un despertar sobre el empoderamiento del liderazgo como mujer. Esto es crucial porque en mi trabajo en la firma me toca reunirme con dueños y accionistas de clientes, y el 95% de ellos son hombres. 

Es muy difícil conseguir una mujer en un cargo de presidencia o vicepresidencia, suelen ser gerencias intermedias. Aunque hoy ha avanzado un poco, cuando yo comencé era peor. A pesar de esto, a mí siempre me encantó el mundo empresarial y no me cohíbe en absoluto llegar a una reunión con puros hombres. No tengo ningún problema en hablar con todo el mundo. Creo que esa seguridad que me imprimió mi padre desde pequeña me ayudó a manejarlo así desde joven.

¿Qué significa que su firma forme parte de MGI Worldwide?

MGI Worldwide es una asociación internacional de firmas de auditores y contadores representada en más de 103 países. Para nosotros es un respaldo internacional importante, una firma de referencia. ¿Qué nos diferencia de las Big Four? Nosotros somos una firma que mantiene nuestra independencia. Nuestra opinión sobre los estados financieros es nuestra, nadie nos dice cómo ponerla. Ser parte de MGI nos da soporte técnico, training, apoyo en IT e inteligencia artificial, manteniéndonos actualizados constantemente. Si un cliente necesita hacer algo en otro país (Panamá, Colombia), los referimos a una firma de MGI y los atienden igual que si estuviéramos nosotros aquí, pero sin meterse en nuestro trabajo. Además, MGI nos envía a alguien anualmente para hacernos revisiones de calidad y verificar que nuestros papeles de trabajo cumplen con todos los controles de calidad a nivel internacional. MGI es nuestro aval internacional.

Después de más de 35 años en Briner y Asociados, ¿qué aprendizajes considera más valiosos de su carrera en la asesoría empresarial?

Los aprendizajes más valiosos son dos: la cohesión de tu equipo y entender que cada cliente es un mundo. El equipo de Briner Asociados es como una gran familia; mis auditores no son solo un número de cédula o un pago, sino gente que conocemos, que nos importa su bienestar y su familia. Tenemos un equipo muy unido, con gente que ha estado con nosotros 20 o 30 años, y no tenemos una alta rotación. Yo creo que eso te hace crecer como persona y profesional. Respecto a los clientes, es vital entenderlos no solo a nivel financiero, sino también a nivel interno. La mayoría de las empresas en Venezuela son familiares y muchas veces los problemas internos no permiten que anden o caminen bien, aunque no sean temas financieros. Es por eso que a veces uno juega un rol de contador, psicólogo y asesor a la vez.

¿Cuál es su rol actual en Briner y Asociados?

Yo soy Socia Directora. Briner y Asociados es una asociación civil donde mi padre es el presidente vitalicio (retirado). La firma la llevamos mi socio, el licenciado Justin Viloria, y yo. Justin es mi mano derecha e izquierda; él y yo estudiamos juntos, nos graduamos juntos y empezamos juntos en la firma. Yo no empecé siendo «la hijita del papá», sino archivando y pasando por todos los departamentos. Él igual, arrancamos los dos juntos, y después de que yo me hice socia, él siguió escalando y también lo hicimos socio con todos sus méritos. Tenemos una historia muy bonita.

 

¿Cuál ha sido el mayor reto que ha enfrentado como empresaria y cómo lo superó?

El mayor reto ha sido enfrentar los cambios políticos y económicos que nos han afectado a todos, especialmente en Maracaibo, que lo hemos vivido más fuerte que el resto del país (apagones, problemas económicos, etc.) desde hace unos seis o siete años. Es difícil mantener el barco a flote, pues una cosa es arrancar un negocio y otra es mantenerlo y llevarlo a una tercera generación (mis hijos y los de mi socio ya son contadores públicos). Lo más fuerte fue ver a empleados de toda la vida tener que irse del país por la situación. Sin embargo, nos reorganizamos, hicimos una reingeniería y aguantamos los chaparrones. Ahora estamos otra vez «viento en popa».

Usted fue la primera mujer en presidir la Cámara de Comercio de Maracaibo en más de 100 años. ¿Qué sintió al asumir ese puesto?

Yo estaba feliz y me preparé para ello. Desde la fundación de la Cámara en 1894, no ha habido otra mujer presidente. Si ven la pared de presidentes, son 80 fotos de hombres, y luego está mi foto. ¡Ojalá fuéramos más! Sentí que tenía que estar más preparada que mis homólogos masculinos, porque a las mujeres nos «machacan», insinuando que el puesto es por equidad o por «cuota de género», lo cual es despectivo. Tuve que demostrar que yo también lo valgo y estoy preparada. Me hice un «puñal» con la economía del país antes de asumir. 

Recuerdo un incidente al principio con la directiva (donde éramos solo 5 mujeres de 18 personas), donde querían que yo diera unas declaraciones políticas que me iban a enredar. En ese momento, me paré en la mesa, miré a todos y les dije con firmeza: «Señores, aquí la presidente de la Cámara soy yo, yo tengo la vocería y lo que yo voy a decir es esto, esto y esto y no me voy a salir de esto.» Eso hizo que todos se dieran cuenta de que venía con un camino. Fue espectacular, aunque me costó convencer a mujeres valiosísimas de entrar, porque no se sienten cómodas en una directiva de puros hombres. 

A los periodistas les preguntaba, cuando me decían «¿Qué va a cambiar ahora que hay una mujer?», que por qué me limitaban por mi género, que preguntaran por mi gestión como presidente. Fue una época muy chévere.

¿Qué cambios e iniciativas impulsó durante su gestión que considera usted dejaron alguna huella en la Cámara de Comercio?

Mi «bebé», y la huella que dejé, ha sido la Unidad de Información Estadística. Lo amo y lo adoro; fue un «batacazo» y lo es todavía. Creé esa unidad y hoy en día existe en la Cámara de Comercio y tiene su propio espacio. Hay gente muy irresponsable dando cifras, entonces me reuní con mi equipo y dije: ‘Miren, señores, vamos a hacer esto’, y lo creamos con economistas. Edinson Morales fue quien nos apoyó desde el primer día. En dos ocasiones vino Asdrubal Olivero, me revisó todas las cosas y me dijo: ‘Esto es oro, tienes una mina de oro. Si lo logran mantener y logran hacer todos estos estudios y encuestas en el tiempo, de manera que puedan ser comparativos, mira, no hay una cámara ni un organismo que tenga esto en Venezuela ahora mismo.’

Lo empezamos a hacer, y hasta el sol de hoy, la Cámara tiene todos los registros de los corredores, la canasta básica, la canasta alimentaria e incluso estudios específicos. Si una empresa lo desea, puede contratar a la Cámara para un estudio particular sobre un producto o un tema específico. La Cámara ya tiene estudios fijos que se publican en periódicos, prensa y redes sociales. Viene gente de afuera y pide explicaciones sobre los temas económicos y sociales de la región, y todo está documentado con estadísticas de encuestas formales realizadas por personal en campo. Esto ha marcado un hito, y aún hoy se sigue haciendo referencia a la Unidad de Información Estadística creada durante mi presidencia.

¿Cómo percibe usted hoy el papel de la mujer en el mundo gremial y empresarial venezolano?

«Todavía nos falta mucho, pero, sin embargo, hemos avanzado. Las mujeres somos brillantes; conozco profesionales jóvenes o adultas con experiencias valiosas, pero a veces no queremos destacar. Quizás es una característica propia de la mujer, ser más reservada o modesta. A veces decimos: ‘Bueno, no importa, pasar desapercibida.’ Esto es también una cuestión de personalidad; no se puede obligar a alguien a tomar ese ‘toro por los cachos’. No es fácil, porque esa labor te quita tiempo de tu hogar, de tu familia y de tus hijos.

Es que nos hemos convertido en múltiples roles en la sociedad. Por eso, lo más importante para la mujer hoy en día es que tenga una red de apoyo en todo sentido, no solo en la casa, sino también a nivel de trabajo. Es vital porque también necesitas tiempo para ti. Tienes que sacar dos o tres horas a la semana para hacer ejercicio, nutrir tu parte recreacional, tu salud y despejarte mentalmente.

 

El problema es que, como sabemos que podemos hacer de todo, que somos multifacéticas, lo decimos como si fuera un gran logro, y esa es la gran trampa. Al decir ‘soy todoterreno, yo hago todo’, otros te dicen: ‘Bueno, quédate tú haciendo todo’. No, eso no es así. Hay que tener una buena red de apoyo y excelentes equipos. Pude asumir la presidencia de la Cámara de Comercio durante dos años porque tengo un socio de un calibre de oro que me dijo: ‘Dale, échale pichón, yo sigo manejando este barco.’ Con un equipo bien engranado en la oficina y mi marido claro en casa, no hay rollo.»

Usted, además de todas sus facetas, también es Cónsul Honorario de Suiza acá en el Zulia, ¿cómo equilibra ese rol con su vida empresarial?

«Es un cargo muy bonito. No es heredado; mi papá fue cónsul de Suiza por 40 años, pero al momento de su retiro, el gobierno suizo abrió un proceso de postulación para los ciudadanos suizos que estaban aquí en Maracaibo. Yo me postulé. A mi favor tenía que conocía a toda la comunidad, el manejo consular, viví en Suiza y hablo francés e inglés. Varios aplicamos, y tras presentar exámenes en la embajada en Caracas y hablar con el Departamento de Relaciones Exteriores de Berna, me designaron a mí.

Es un honor representar a Suiza, mi ‘otra patria’, además de Venezuela y mi patria española. Lo manejo bien porque no es tan demandante. La comunidad suiza es pequeña. Básicamente, los atiendo si tienen problemas o necesitan papeleo (matrimonios, nacimientos). Yo soy Cónsul Honorario, por lo que no emito pasaportes (eso se hace en Caracas). Los cónsules honorarios son nombrados por países que no requieren una persona de carrera debido al tamaño reducido de su comunidad; buscan a alguien conocido en el lugar, con buena situación económica y con infraestructura.

Aquí en el Zulia somos unos 20 cónsules, y solo dos son de carrera (Colombia e Italia). Yo represento no solo a Suiza, sino también a Austria y al Principado de Liechtenstein. Cuando viene el embajador me toca hacer giras y gestiones, pero eso son solo tres o cuatro días. Viajo a Suiza una vez al año para congresos y chequeos gubernamentales, y ellos cubren todos los gastos. Es una labor bella, y me encanta orientar a quienes quieren ir a estudiar o trabajar allí.»

Desde AVEMZULIA, usted trabaja por la igualdad de oportunidades, ¿qué avances ha visto y qué falta por lograr?

«AVEMZULIA (Alianza Venezolana de Empresas por el Liderazgo de la Mujer) es una iniciativa maravillosa que fundé con Susana Reina hace unos seis años. Yo manejo todo lo que es el Zulia. Promovemos el liderazgo, enlazando nuestro trabajo con iniciativas como las ‘100 Protagonistas’ de la Embajada de Países Bajos.

Hice una alianza buenísima con la Fundación Cisneros y el IESA para crear talleres estructurados para mujeres emprendedoras. No era un simple taller, sino que duraba cuatro meses e incluía finanzas, plan de negocio, tecnología y manejo contable. Sacamos varias cortes, y era espectacular ver a las mujeres ‘echando para adelante’. Luego las poníamos en contacto con miembros de la Cámara para que tuvieran sus primeras conexiones empresariales, y les facilitábamos el acceso a créditos bancarios cuando se daban.

Hoy en día, hacemos más que todo talleres online donde invitamos a venezolanas maravillosas en cargos de liderazgo en el mundo, como en la NASA o Google. Ellas comparten sus experiencias, nos motivan y fomentan la solidaridad y el compañerismo entre mujeres. Hay que desterrar la idea de que ‘yo brillo, pero no quiero que tú brilles muy al lado’. Yo siempre he dicho: para ser alta, uno no tiene que cortarle la cabeza al que tiene al lado. Tú brillas por ti, ayudas a los demás. Todos podemos mejorar juntos. Tenemos chats con mujeres en todas las áreas (finanzas, banca, etc.) y estamos en constante plan de apoyo.»

Usted es apasionada del arte, ¿cómo conecta esa pasión con el rol que tiene actualmente en el Centro de Bellas Artes?

«Toda la vida he estado ligada al arte. Crecí en la casa de mi tío político, Francisco ‘Paco’ Jung, un artista plástico muy reconocido. Esa casa estaba llena de artistas, pintores y poetas, por lo que crecí con esa sensibilidad.

Estuve muy involucrada al principio con Elia Bermúdez y ahora estoy en la directiva del Centro de Bellas Artes, apoyando en exposiciones y en todas las áreas (teatro, danza, artes gráficas). De hecho, esto se liga a mi vida gremial, porque presido la fundación del Colegio Bellas Artes, que es un hijo del teatro. Es un conglomerado donde yo dirijo el colegio y soy directiva en el teatro. Es un colegio donde la parte artística es fundamental en su pensum, y no hay una pared sin una obra de arte. Siempre le hemos dado mucho peso al arte.»

¿Cómo logra Amaya Briner equilibrar su vida profesional tan compleja por la diversidad de funciones que tiene, y además equilibrarlo con su aspecto familiar, mamá, esposa, madre de tres hijos?

«Sí se puede, sí se puede, con orden y organización. Si quieres que algo se haga, dáselo a una persona ocupada, y lo hará. Yo soy esclava de mi agenda y me organizo.

El factor más importante es que me rodeo de equipos maravillosos. Es mentira esa idea de la ‘superwoman’ que llega sola al éxito. Yo no llego a una conferencia sola, sino porque hay un montón de gente detrás armando láminas y dándome apoyo. Es un conglomerado de gente pegada a ti. Hago lo que hago porque tengo una oficina y unos socios que funcionan bien, y en cada lugar donde estoy, tengo un equipo al que dirijo. No hago toda la ‘carpintería’ de todo.

En mi casa es igual. Mis hijos (28, 24 y 22 años) ya son adultos. El mayor es contador (vive y trabaja en España como Senior Accountant), la del medio es de Marketing (regresó y estudia Ciencias Políticas en LUZ) y la menor estudió Cine, es sonidista, y está volando en Madrid trabajando en postproducción con Netflix. Cada uno tomó su camino, como una mezcla de mis facetas.

Soy una ‘mamá gallina’, súper pendiente. Hablo con mis dos hijos en España todos los días. Estoy siempre en contacto con ellos, porque la familia es el núcleo.»

¿Qué valores procura transmitir a su familia y a las nuevas generaciones de profesionales?

«Al final es lo mismo, porque lo que eres en la familia lo serás en tu profesión. El valor más importante es la honestidad, la transparencia y la confianza. Pienso que tenemos que volver un poco a las raíces, pues veo que las cosas están demasiado superficiales: mucha red social, mucha información de tres segundos que no nos deja nada.

Tenemos que buscar más tiempo en silencio, hablar con las personas de tú a tú, retomar el contacto directo y leer más. Lo que transmito es volver siempre al núcleo: la familia, el contacto, el cariño y la confianza. Les enseño a trabajar bien y a prepararse; la preparación, los idiomas y la Inteligencia Artificial son fundamentales.»

¿Qué la inspira en su día a día para seguir asumiendo tantos roles, tantos retos?

«La inspiración es la vida misma, un día a la vez. Cuando me levanto, doy gracias por tener este día, por mi papá de 91 años, por mis hijos sanos, por mi esposo. Es la alegría de la vida.

La esposa de mi papá, María Teresa, me dijo una vez: ‘Todo pasa, y cuando te levantas, sonríete.’ Yo todas las mañanas me levanto y sonrío, digo: ‘Aquí vamos otra vez.’ Me inspira la alegría de saber que mis hijos van bien, que la oficina va chévere, tener un compartir, tener esta entrevista. Se trata de llenar tus días de cosas y dejar una ‘huellita bonita’ cada día. Al final, lo que eres son las huellas que vas dejando. Hay que construir el bien; si tienes algo feo que decir, mejor no lo digas. Yo amo mi vida, realmente.»

Usted ha recibido múltiples condecoraciones y reconocimientos, ¿cuál de estos tiene un significado especial para usted y por qué?

«No te voy a decir ninguno, te voy a decir que todos tienen algo especial. Los he recibido todos con orgullo y agradecimiento, pero nunca me cambian, porque todo lo que hago, lo hago porque creo en ello y me gusta. Lo de la labor del colegio, por ejemplo, me apasiona: me encanta ver muchachos que pueden acceder a proyectos educativos como la robótica.

No hago las cosas porque necesito que la gobernación, la alcaldía o el mismo colegio me den una condecoración. A veces pienso que es lo que tenemos que hacer: trabajar. El mérito es que trabajaste, pero es lo que se espera de ti. Al hacer un juramento, se espera que cumplamos con la ley, que hagamos el trabajo bien y que cumplamos con el código de ética del contador. Todos han sido recibidos con agradecimiento y cariño.»

Si tuviera que definir su legado en una frase, ¿cuál sería?

«Un legado es algo muy importante. A mí me encantaría que mis hijos siempre me recordaran como alguien que lo dio todo, que le metió alma, cuerpo y corazón a las cosas que hacía. Que, si vas a hacer algo, hazlo bien y con pasión. No menosprecies nada, no seas mezquino. Básicamente, que me recuerden con cariño como una persona que dejó una huella buena. Ya está, no aspiro a más nada.»

¿Qué consejo le daría a una joven profesional que sueña con abrirse camino en un mundo tradicionalmente masculino?

«En primer lugar, que se faje preparándose (número uno), para que nadie pueda decirle que no sabe de lo que está hablando. Es fundamental la preparación en todo sentido, no solo en la parte técnica profesional, sino en lo personal (cursos de oratoria, postura, expresión).

En segundo lugar, que se busque mentoras. Busca a esas mujeres exitosas que te puedan dar apoyo y orientarte en el área en la que te quieres desarrollar. Si una no te hace caso, busca otra, y otra. Creo en ese apoyo. En Avenzulia estamos en ese plan, sumando a la que quiera venir y trabajar con nosotras, creando redes de mujeres líderes en todas las áreas. Tienes que buscar y ver qué oportunidades hay afuera.»

A sus 58 años, ¿hay algo que le gustaría decirle a esa niña de 7 años que quedó huérfana de mamá, o a esa adolescente de 16 años que quizás tuvo miedo al ver que su papá iba a tener una nueva esposa? Algo que quisiera decirle a ese ‘yo’ más joven.

«Yo creo que le diría simplemente: ‘Tranquila, que todo va a estar bien.’

Sí hubo momentos muy duros, incluso hasta de la fe propia. Son cosas difíciles de asumir cuando estás pequeña. De hecho, a esa edad, unos 11 o 12 años, mi papá me dio un cuaderno de columnas y me dijo: ‘Vas a anotar los gastos de la casa.’ Me daba dinero, y yo debía registrar la entrada, y luego ir anotando y restando cada gasto (verduras, carne). Yo hice un libro de contabilidad de mi casa a esa edad. Fue allí, quizás, donde surgió esa pasión.»

El legado de Amaya Briner de Foglio trasciende los números y los balances contables. Su historia demuestra que la contaduría también puede ser un espacio para el liderazgo transformador, la equidad y la inspiración. 

Desde su visión estratégica y su firme compromiso con el progreso empresarial, ha sabido abrir puertas que antes parecían cerradas para las mujeres, dejando claro que la excelencia no tiene género, pero sí valores.

En cada uno de sus roles, como empresaria, líder gremial, cónsul y madre, Amaya ha sabido equilibrar la precisión de los números con la sensibilidad humana, construyendo un modelo de éxito que inspira a otras mujeres a atreverse, a creer en su talento y a ocupar los espacios donde alguna vez fueron minoría. Su ejemplo es una lección de constancia, liderazgo y propósito: una mujer que, más que contar historias de éxito, las crea con cada paso que da.