Carmen Luisa Rodríguez nació en Maracaibo el 14 de octubre de 1948. Con 77 años recién cumplidos, su vida refleja constancia, compromiso y pasión por la contaduría y la gestión pública. Desde sus primeros años, en el Colegio Primero de Agosto y luego en el Liceo Udón Pérez, Carmen se destacó por su disciplina académica, obteniendo su título de Bachiller en Ciencias, luego ingresó a la Universidad del Zulia (LUZ), donde se graduó en Contaduría Pública el 10 de diciembre de 1976. Posteriormente, amplió sus conocimientos con una especialización en Gestión Pública en el Ministerio de Hacienda.
Su carrera profesional se desarrolló principalmente en el ámbito público, destacándose por su labor en la Contraloría Municipal de Maracaibo, donde se desempeñó como Auditor Fiscal III durante 25 años, hasta su jubilación el 16 de diciembre de 2016. También fue Jefe de Auditoría en la Gobernación del Estado Zulia durante tres años. Su experiencia se complementa con cargos en el sector privado, incluyendo roles de contadora y asistente contable en empresas como Granzonera Perijá, Firma de Contadores González y Asociados, y Representaciones Suiza y Purificadores de Agua Pasteur, demostrando su versatilidad y capacidad para adaptarse a diferentes entornos laborales.
Carmen es reconocida por su proactividad, puntualidad, responsabilidad, trabajo en equipo y capacidad para desempeñarse bajo presión, cualidades que la han acompañado a lo largo de toda su trayectoria profesional.
En el plano personal, Carmen estuvo casada con Carlos López, con quien tuvo un hijo; hoy disfruta de la compañía de su familia extendida, incluyendo su hijo y cinco nietos, quienes residen en Estados Unidos y Chile. En Maracaibo, Carmen comparte su tiempo con amigas y mantiene viva su pasión por la música, participando activamente en la coral del Colegio de Contadores Públicos del Estado Zulia desde hace 25 años, contribuyendo a la cultura y la vida social de su comunidad profesional.
¿Qué le motivó a usted a elegir la contaduría pública como carrera y cómo recuerda sus primeros años en la profesión?
A decir verdad, mi elección no fue directa. Yo era bachiller en Ciencias, y las profesiones que me atraían eran la Ingeniería Química o Farmacia. Desafortunadamente, estas últimas solo se impartían en Caracas y Mérida, y por los recursos de mi familia, no pude irme.
Fui a la Facultad de Ingeniería e hice la prueba de aptitud académica; salí seleccionada para Ingeniería y otras carreras afines, menos Contaduría. Tuve que optar por la última escuela que cerraba en los términos en que yo estaba, que eran Economía, Administración o Contaduría. Como me gustaban mucho los números, dije: «Me voy por Contaduría». Casualmente, el grupo de cuatro amigas muy unidas con el que estudiaba también tomó Contaduría, así que me uní a ellas.
Mis primeros años no fueron fáciles porque, al no haber trabajado mientras estudiaba, me faltaba la práctica. Me gradué y a los cinco meses logré entrar a una empresa de purificadores de agua, pero tuve dificultades con la parte de impuestos por la falta de experiencia. Decidí irme a una firma de contadores, Morales González, donde estuve tres años y pude tener la práctica que necesitaba.
Después de 25 años en la Contraloría Municipal de Maracaibo, ¿qué aprendizajes considera más valiosos de esa etapa?
Para mí, haber ingresado a la Administración Pública fue un gran cambio, pues yo nunca quise trabajar allí. Antes de eso, estuve unos 14 años en la Administración Privada. Tenía un mal concepto de lo público, pues se comentaba que había mucha gente que «vagueaba», y yo era muy dedicada. Sin embargo, la necesidad me obligó a aceptar un puesto en la Gobernación del Estado Zulia.
Mi ingreso a la Contraloría Municipal, donde duré 25 años hasta jubilarme (hace 9 años), fue muy coyuntural. Cuando salí de la Gobernación por un cambio de gobierno, me presenté en la Contraloría. El Contralor, me dijo que él no podía recibir currículos, pues la postulación dependía de los concejales. Por una casualidad, me mencionó que la presidenta del Colegio de Contadores, podría presentar mi currículo.
Logré que el Contralor me recibiera el currículo «camuflajeado». Él se dio cuenta de que otra candidata había usado dos opciones (concejal y la presidenta del colegio), y al comparar las experiencias, decidió abogar por mí, pues yo tenía más experiencia contable que la otra candidata. Fue así como logré entrar a la Contraloría Municipal, donde, a pesar de las vicisitudes, duré 25 años.
¿Y cómo fue su experiencia liderando las auditorías en la Gobernación del Zulia? ¿Qué retos recuerda usted con más claridad?
Para mí fue un gran aprendizaje, pero fue muy traumático por la forma en que ocurrió. Yo había presentado mi currículo para un cargo de Auditor Uno, pero de pronto me asignaron la Jefatura del Departamento de Auditoría Interna porque el jefe anterior había muerto en un accidente.
Mi colega y amiga me obligó a asumirlo, diciéndome que me ayudaría. Yo fui muy honesta, le dije: «No puedo, déjame gatear, después caminar y después volar. No voy a compensar nada, yo no tengo la experiencia para esa responsabilidad.»
Lo más traumático fue que en mi equipo había una licenciada, que era la merecedora del puesto, pues tenía una trayectoria de 23 años allí, y yo entraba «de bonita» a ocupar la jefatura. Sentí un gran rechazo por su parte. Yo no era la que debería estar allí, pero esas son las cosas que hace la política en la Administración Pública. Yo fui sincera con ella: «Tú sabes cómo es esto.» Ella fue noble conmigo, pero yo me sentía muy mal por la injusticia.
Duré en ese cargo casi tres años, pero me sacaron por el cambio político de gobierno.
¿Qué diferencias encontró usted en ese momento entre el trabajo en el sector público y el sector privado?
«Uff, la diferencia es abismal. Yo no me adaptaba a la Administración Pública en mis dos primeras experiencias.
En el sector público, había una gran desactualización profesional. No enviaban a los empleados a cursos; uno no estaba actualizado con las modificaciones de las leyes y normas. Emprender después en la Administración Privada, sin ninguna actualización, era para mí como partir de cero nuevamente. Es decir, no hay la misma profesionalización técnica y la disciplina que requiere el sector privado.»
¿Qué cualidades cree que le han permitido mantenerse vigente y respetada en su campo laboral durante tantos años?
«Yo creo que mi disciplina y mi corrección en el trabajo. Soy muy correcta, o trato de serlo lo más posible. El cumplimiento con mi horario era estricto; no falté, y creo que me sobran los dedos de las manos si llegué a faltar en 25 años. Esa era una de mis fortalezas.
En la Contraloría Municipal pasé por cinco Contralores y, aunque fui jefa de divisiones dos veces, luego por el amiguismo o la política me ‘bajaron’ el cargo. Yo tenía la frustración de ir de jefa a auditor, pero la gente abogó por mí. Aquí fue donde sufrí más decepción, porque fue una mujer la que me hizo eso. No sé por qué, pero me llevo mejor con los hombres, son más humildes; la mujer es más difícil.
Logré ir escalando de nuevo, sí, hasta llegar al cumplimiento de los 25 años. Fui Auditor III cuando me jubilé, pero mi disciplina y mi trabajo fueron innegables.»
¿Qué valores personales han guiado su vida profesional y cómo los aplica en su día a día?
«Soy disciplinada, muy honesta y muy correcta en mis cosas, creo que a veces exagero de tratar de ser correcta. Esto a veces te gana hasta la mala voluntad.
Cuando fui jefa, me criticaban porque seguía tratando a las personas de igual manera; para mí, el hecho de ser jefe no cambia las relaciones. Yo reunía a mi personal y les decía: ‘Hemos venido en esta… yo estoy un eslabón arriba, pero esto no puede cambiar. Tenemos que seguir siendo amigos, compañeros de trabajo. Lo que sí me gustaría es que fueran sinceros conmigo.’ Siempre fui muy abierta con el equipo.
No me gusta poner a nadie en el escarnio público. Siempre fui directa y, si había un problema, lo hablaba a solas. Me jacto de decir que tengo el aprecio y el cariño de mucha gente.»
¿Cómo logró equilibrar su vida laboral y su vida personal durante tantos años de servicio público?
«Yo creo que fue una gran ventaja que mi pareja, mi marido, fuera de la misma profesión, también contador. Siempre hay disparidad cuando las parejas tienen carreras diferentes. Como éramos siempre unidos, él fue mi sombra. Yo no salía sin ese señor; todo giraba en torno a él.
Cuando yo comencé a visitar el Colegio de Contadores y a formar parte del gremio, por allá en el año 1987, lo hacía de la mano con él. Él me entusiasmaba mucho; era muy brillante, tuvo cargos importantes a nivel de federación y todo. Esa unión y esa pasión compartida por la Contaduría nos ayudó a equilibrar la vida profesional con la familiar.»
Usted destaca en su perfil unos valores importantes como la puntualidad, la responsabilidad y el trabajo en equipo. ¿Qué significa eso para usted?
«Yo siempre he partido de esos principios. Me gusta el trabajo en equipo, aunque hay personas a las que no les gusta. También he trabajado bajo presión. Aunque no me gusta la presión, la he aceptado y superado porque tengo que ser tolerante y necesito el trabajo.
Yo sé hasta dónde tengo que mediar, y eso quizás me ha ayudado a ser respetada en mi campo. Siempre he tenido claro que no voy a ser la persona ‘cómica’ o problemática, pues mi prioridad era el trabajo.»
¿Qué papel ha jugado su familia o su entorno más cercano en su desarrollo profesional?
De parte de mi familia de origen, como tal, yo fui el pilar para mis hermanas. Éramos cinco hermanos, y yo, por ser la mayor, me vi como el pilar fundamental. Por ejemplo, mi hermana es enfermera, y yo la insistí mucho para que consiguiera la licenciatura. Yo era la que la animaba y la empujaba a salir adelante. Fui yo la guía y el pilar de mi familia.
Tengo un solo hijo que vive en Austin, Estados Unidos, casado y tiene cinco hijos. Ahora trabaja muy duro en Miami, como delivery y Uber.
Mirando hacia atrás, ¿de cuál logro profesional se siente más orgullosa usted?
El haberme graduado de Contador Público, obviamente. Eso es lo que más me enorgullece.
Y, desde el punto de vista personal, ¿qué logro considera que la llena de orgullo o satisfacción?
Haber conocido un hombre tan bueno como mi marido, Carlos López (quien también era Contador Público), y tener un hijo con él.
¿Qué consejo les daría a los jóvenes contadores que hoy inician su carrera en un contexto tan distinto al que usted comenzó?
Yo digo sinceramente que ojalá yo hubiese tenido las herramientas con las que se cuenta hoy en día. Invito a las nuevas generaciones a que aprovechen al máximo las herramientas que ofrece el gremio. El Colegio de Contadores es uno de los mejores, y estoy enamorada de él.
A través del IDEPRO (Instituto de Desarrollo Profesional), el gremio está brindando un gran beneficio. Es cierto que hay lamentaciones por el aumento de las cuotas, pero es la única manera de sostener y expandir el gremio. Yo le veo mucho futuro a este instituto.
El joven profesional no debe desaprovechar la oportunidad de sumarse y mantener el gremio. La parte académica es importante, pero tampoco se debe dejar de lado la parte cultural y deportiva que ofrece el colegio. Por ejemplo, yo tengo 25 años en la coral del Colegio y nunca me he salido, y también participo en actividades deportivas.
¿En cuáles disciplinas deportivas participaba?
Participaba en maratón y en bolas criollas, más que todo. De hecho, todavía estoy participando y he ganado medallas. Últimamente gané medalla en bolas criollas y en maratón, aunque me echan broma y me dicen: «Claro, solo iban dos,» ¡pero éramos cinco! Yo gané plata.
¿Cómo le gustaría que le recordaran sus colegas o las instituciones donde usted trabajó y se desempeñó por tanto tiempo?
No es lo que yo quisiera, yo sé que muchas personas me tienen gran aprecio y consideración. Yo soy muy frontal y vertical; si tengo que decirte algo, te lo digo. Yo no estoy para rodeos. Sé que ese equilibrio de gustarle a todo el mundo no lo voy a conseguir nunca, eso es mentira.
Pero me doy cuenta del aprecio que tengo cuando cumplo años y me llaman cientos de personas. Si me aprecian, ¡qué bien! Me gustaría que me recordaran con aprecio, como alguien frontal.
Ahora que usted está jubilada, ¿qué proyectos personales o pasiones ocupan su tiempo y la llenan de satisfacción? ¿Qué hace en sus ratos libres además de formar parte de la coral?
He tocado puertas con colegas y amigas, y me he puesto a disposición para trabajar, pues todavía quiero producir. En mis ratos libres, me gusta caminar, pero con un buen ritmo que mantenga la respiración. También me gusta mucho el baile; mi esposo y yo éramos una pareja perfecta en la pista.
Además, estoy aprendiendo a jugar truco y otras amigas me van a enseñar a jugar cartas como el póker o el «canastón». Estamos en eso, buscando la manera de mantenernos unidas, aunque sea una vez al mes.
La vida de Carmen Rodriguez es un testimonio de constancia, disciplina y pasión por la contaduría, pero también de dedicación a su familia y a la comunidad. A lo largo de más de cinco décadas de labor profesional, Carmen ha dejado una huella imborrable en el ámbito público y privado, demostrando que la excelencia se construye con trabajo, compromiso y valores.
Más allá de su carrera, su participación en la coral del Colegio de Contadores Públicos refleja su amor por la música y la cultura, así como su capacidad para mantener vínculos humanos profundos y duraderos.
Carmen es ejemplo de resiliencia, liderazgo silencioso y generosidad, una mujer que ha sabido combinar talento, ética y humanidad, inspirando a generaciones de contadores y dejando un modelo de vida profesional y personal digno de admiración.