+58-424-6850924 contacto@ccpez.com.ve

Nacido el 18 de noviembre de 1970, día de la Virgen de Chiquinquirá, en el Hospital Chiquinquirá de Maracaibo, Giovanny Enrique Picaza lleva en su identidad el sello mariano que lo acompaña desde su primer día de vida. Por ello, muchos lo conocen cariñosamente como “el enmantillado”, en honor a la tradición zuliana que celebra a la Virgen durante esa fecha tan especial. Orgulloso de sus raíces y de su devoción a la Chinita, Giovanny se define como un mariano convencido y un chiquinquireño de corazón.

 

Egresado de la Universidad del Zulia (LUZ) como Licenciado en Contaduría Pública en 1993, Picaza acumula tres décadas de trayectoria profesional, durante las cuales ha construido una sólida carrera en el ámbito financiero y gerencial. Su formación se complementa con un Magíster en Gerencia de Empresas con mención en Finanzas, obtenido también en la Universidad del Zulia, y con una amplia gama de programas de actualización entre ellos el Programa de Formación Gerencial del Instituto de Estudios Superiores de Administración (IESA) en Maracaibo, y el Desarrollo de Competencias en el Área Ontológica, cursado en octubre de 2015.

 

Su recorrido laboral comenzó en Banco Mercantil, donde durante veinte años (1988-2008) ejerció distintas responsabilidades que lo llevaron a consolidarse como Gerente de Negocios y posteriormente Gerente de la División Occidente de Alta Renta, demostrando liderazgo, visión estratégica y capacidad para la toma de decisiones. Más adelante, su espíritu emprendedor lo condujo a fundar y dirigir diversas empresas de éxito, entre ellas CONFIACA, Consultores y Firmas Asociadas C.A., Confiaca Investment C.A. y Setrapinca C.A., esta última dedicada al sector transporte, donde también ejerce como CEO. Su gestión al frente de estas organizaciones refleja su enfoque innovador, su compromiso con la excelencia y su capacidad para transformar ideas en proyectos sostenibles.

Su filosofía de trabajo se sustenta en valores como la disposición al logro, el trabajo en equipo, el liderazgo efectivo y la confianza como pilar de toda relación laboral y personal. Ha sido también auditor de operaciones, función que fortaleció su visión analítica y su criterio técnico.

 

Fuera del ámbito profesional, Giovanny Picaza es, ante todo, un hombre de familia. Está casado y es padre de cuatro hijos, a quienes define como su mayor orgullo y motor de vida: Kerly de 32 años, su primera hija, a quien crió desde la adolescencia; Giovanna de 28 años, coreógrafa, bailarina y productora musical que triunfa en Medellín; Julie de 28 años, a quien adoptó desde pequeña como parte integral de su hogar; y Aarón quién tiene 26 años y es su hijo menor.

 

Cada uno de ellos representa, en palabras del propio Giovanny, una historia de amor, compromiso y destino compartido. Su vida, entre la fe, la familia y la gerencia, refleja una constante búsqueda de crecimiento personal y profesional, guiada siempre por la convicción de que el liderazgo se ejerce con ejemplo, y que el éxito verdadero se mide en los valores que se siembran.

Conocemos que usted comenzó en el mundo laboral muy joven, ¿podría contarnos un poco de la historia de su comienzo?

Mi historia laboral se inicia en el año 86 en el Banco Mercantil. Comencé como mensajero interno.

Vengo de ser aprendiz INCES. Yo cursé el programa y me dieron una categoría de asistente administrativo. El primer día, cuando llegué a la oficina emocionado, me dijeron: «La vacante está ocupada, por favor regrese a las oficinas de Recursos Humanos». Pasó una semana y me llama la secretaria, para decirme: «Señor Giovanny, ya le encontramos una vacante, pero no va a ser de asistente administrativo, sino de mensajero interno». Le pregunté a mi mamá, quien me dijo: «¡Váyase, hijo, váyase a lo que sea!», aunque era el último cargo dentro del banco realmente. Tenía 16 años en ese momento.

¿Cómo fue esa primera experiencia de ser mensajero interno?

Comencé a trabajar de mensajero interno en la oficina Plaza Bolívar, donde funcionaba la cámara de compensación. Mi trabajo era de 8 de la mañana a 4:30 de la tarde. Allí, la cámara estaba en la parte de arriba y eran puros hombres, como 25, y trabajaban hasta la madrugada.

Yo era el mensajero de ellos: salía, buscaba comida, les hacía mandados. Me quedaba con ellos hasta las 9 de la noche. Y en las quincenas, ellos me daban en propinas casi el mismo sueldo que yo ganaba en el banco. Yo era el asistente personal de todos. En aquel entonces, eso contaba como otro empleo de 4:30 de la tarde hasta las 9:30 de la noche.

¿Cómo evolucionó su carrera dentro del banco?

Comencé a crecer dentro del banco rápidamente. Duré 20 años en total. Arranqué en el área de Operaciones allí estuve 10 años, donde me hice especialista en la parte de Riesgo y Control (me gradué de contador y me hice especialista allí).

En un momento clave, cuando el banco comenzó a pagar bonos por producción, le dije a mi jefe: «Quiero irme a la parte de negocios». Me fui de gerente de Operaciones a Representante de Servicio; algo que nadie había hecho. 

Estando en negocio, me pusieron una meta: vender 120 pólizas de banca-seguro en seis meses. ¡Yo vendí 1.500 pólizas! Atendía a 30 o 40 personas al día y a cada una le vendía un seguro. Por ese logro, me ascendieron de Representante a Gerente de Segmento de Alta Renta, donde pasé otros 10 años desarrollando fuerza de venta. Esa fue mi historia dentro del Banco Mercantil.

¿Qué aprendizaje le dejó su paso por ese banco?

Dos décadas de servicio me permitieron consolidar un término fundamental que se llama capital relacional. El gran tesoro que yo saco y el gran aprendizaje son las muchas relaciones, muchos clientes y muchas amistades que obtuve dentro del banco. La parte de ser contador y profesional me tocó reinventarme y actualizarme después, pero el capital relacional fue el gran valor que me traje.

¿Qué rol juega el coaching ontológico en su vida profesional?

El coaching ontológico llegó a mi vida hace 15 años como un proceso de transformación humana. Antes, yo era «muy de plata», no creía en nada humano, en la sensibilidad o las emociones. Me tuve que quebrar para poder ver ese valor humano.

Mi hermana Sofía Picaza me inscribió en un programa de coaching de un año y medio llamado Aprendizaje Transformacional de Alto Impacto Emocional (ATAI), en la UNICA. Allí conocí a mi socio, Humberto Montes (autor de El triunfo del alma).

Este proceso me permitió cambiar la visión de mi propuesta de valor. Antes se enmarcaba en el dinero; ahora se enmarca en el beneficio del otro. Hoy, la propuesta de valor de Confiaca (para nuestras más de 200 empresas apoderadas) es: salud financiera, rentabilidad y protección para nuestros clientes. Por eso nos ven como un aliado o un socio, y no solo como una consultora.

El coaching me enseñó a «sacar el potencial» del otro y a «hacerme ver lo que yo no puedo ver» desde la necesidad de querer verlo. Cuando vi el potencial del desarrollo humano en la empresa, invité a Humberto a ser mi socio para arrancar la línea de coaching organizacional. Hoy desarrollamos internamente PNL, neuroventas, y todas las competencias blandas y el desarrollo humano.

¿Cómo ha integrado el coaching ontológico en su práctica empresarial?

Esta es una pregunta bien simpática. Mi desarrollo inicial estaba orientado siempre al área de finanzas, al dinero, el dinero, el dinero; era una coraza donde todo se enmarcaba en la obtención de recursos. Nunca veía la parte humana.

Todo esto nace cuando salgo del banco. Estando yo dentro del banco, hace 22 años, ya monto Confiaca, nuestra consultora, que cumplió 22 años el 2 de junio. Comencé a ver el mundo y ya tenía proyectado irme a mi consultora.

Previo a Confiaca, en el año 2005 y aún en el banco, monté Setrapinca (Servicios de Transporte), una empresa que sigue activa. A través de un crédito para comprar una camioneta, terminé con cuatro vans y no sabía qué hacer con ellas, pues no sabía manejar. Mi hermana, vinculada al área del vallenato, me pidió buscar artistas (como Silvestre Dangond) en la frontera. Las camionetas se comenzaron a vincular al mundo artístico, lo cual fue un boom. Yo me iba con los choferes como asistente, y los artistas me decían: «Tú no eres chofer, tú eres otra cosa» pero todo eso gracias al coaching ontológico que me dio esas estrategias de relaciones humanas. 

¿A qué se dedican las firmas Confiaca y Confiaca Investment Group?

Confiaca es hoy una marca inscrita en la cámara de franquicia, y Confiaca Investment Group es la operadora de la marca que ya estoy vendiendo con aliados en Caracas, Barquisimeto, Costa Oriental y Valencia.

Confiaca es una consultora que maneja ocho líneas de negocio: contable y fiscal, parafiscal y de gobierno, jurídica, mercantil y de cobranzas extrajudiciales, internacional, inteligencia de negocios, y la punta de lanza: financiamiento.

Somos la única consultora en Venezuela que apalanca obligaciones (gestiona y paga) por nuestros clientes. Una empresa en Venezuela deriva obligaciones ante 33 órganos de control (IVSS, Banavih, INCES, CENIAT, etc.). Hace 15 años, vimos una brecha: los pagos no se daban por falta de dinero o por desenfoque del empresario.

Nosotros adquirimos un concepto bancario: yo le digo al cliente, «yo me voy a hacer responsable del acompañamiento de tus pagos. Confiaca paga todo. Tú ocúpate de tu negocio». Esto permite al cliente tener foco en lo que produce, ya que administrar esos 33 entes les quita el foco. Nosotros mantenemos toda esa estructura «linda, bella y paga».

Además, nuestras líneas son, Inteligencia de Negocios (otra línea que llevamos) y la línea internacional, me fui un año a Estados Unidos, pagado por el banco, y obtuve una licencia como asesor de inversiones. Con ella, brindamos soporte a los clientes para crear estructuras (empresas, Zelle jurídico) en Estados Unidos.

Las firmas tradicionales se quedaron en lo contable, fiscal y auditoría. Nosotros nos expandimos, creamos más líneas y somos un equipo de 26 personas, con la convicción de que hay que ir más allá.

¿Cuál ha sido el proyecto más desafiante que ha liderado Confiaca?

Hoy, el proyecto más desafiante es la conformación de equipos de trabajo de alto desempeño. Nuestro marco de trabajo se basa en una cultura diferenciadora que rompe los esquemas convencionales. En Confiaca, no manejamos la figura de «empleado».

La universidad y la cultura nos formaron para ser grandes empleados, no empresarios. Por eso, el mayor desafío es crear esta cultura donde decimos: «No te queremos de empleado, te queremos de socio». ¿Cómo se materializa? A través de la meritocracia. En función de tu conocimiento y tu tiempo, te hacemos socio de Confiaca Investment Group (la operadora, no la marca). Esto significa participar tanto del riesgo como de los dividendos del negocio. Este desafío de crear esa cultura, esa filosofía organizacional que rompe con todas las estructuras convencionales de otras firmas, es el motor que mueve todo esto.

¿El rol que juega la ética profesional en su toma de decisiones como consultor, asesor y líder de equipos?

La ética es fundamental. Nos ha dado el potencial para crecer de forma inesperada. Yo nunca quise ser el más grande; siempre buscamos ser los más rentables. Este crecimiento, sin grandes estrategias de mercadeo, nos lo ha dado la ética, la confianza y la disponibilidad 24 horas, 7 días a la semana, 365 días del año.

Nuestra ética es disruptiva; no nos quedamos en lo cuadrado (quien se queda en lo cuadrado, «se lo llevó el tiempo»). Rompemos esquemas al tener una comunicación abierta y estar disponibles siempre.

¿Qué cambios ha observado en el ecosistema empresarial del Zulia en estos últimos 20 años?

Los cambios se fundamentan en el área emocional y la gerencia emocional. Hay factores internos (emocionales), en 2019, hicimos un estudio económico-emocional sobre 50 empresas que habían cerrado. Descubrimos que la mayoría de esas empresas no tenían quiebras patrimoniales (que es lo que establece el Código de Comercio venezolano en su artículo 898), sino quiebras emocionales. Las causas eran rupturas, divorcios, hijos que se fueron del país, miedo, e incertidumbre. Las finanzas influyeron, pero la causa última del cierre fue emocional, no una quiebra formal.

Por otro lado, hay factores externos, el otro gran cambio es el nuevo modelo de inteligencia de negocios que las empresas están utilizando. Esta es nuestra octava línea de negocio. Consiste en estudiar el ecosistema real para poner empresas en marcha desde cero, basándose en la necesidad real que tiene la sociedad o la población, y no en un capricho o gusto del emprendedor.

¿Qué consejo suele darle a los emprendedores que están comenzando?

Lo último que podría dar es un consejo. Partimos del principio de dar información de valor, porque un consejo no se da, se pide. Además, el cerebro recibe un consejo como un golpe, y la motivación es una ola que sube y baja.

Nosotros no damos consejos, brindamos información de valor a la persona que extiende la mano. Nuestro lema es: «Transformamos a emprendedores en empresarios».

El 50% de nuestras 200 empresas llegaron a Confiaca en cero, con un sueño y con hambre, sed y necesidad de cumplir un problema en la sociedad. A ellos les decimos: «Por más bella que sea tu iniciativa, debe ser validada. ¿Se necesita? ¿Está cubierta esa necesidad?» El emprendedor debe tener una etapa de transformación para convertirse en un empresario con visión a largo plazo.

Entrando ahora en materia personal, ¿Cómo es su familia?

 

Estoy casado y tengo cuatro hijos: dos biológicos y dos que llamamos «bajo proceso». Kerly de 32 años, mi primera hija, que realmente es mi sobrina. Mi hermana Rocío tuvo a Kerly a los 14 años y quedó viuda. Kerly nació conmigo de soltero (yo tenía 17). Creció conmigo, con mi esposa (a quien conoció durante el noviazgo de 8 años), y es mi hija en todos los roles. Actualmente está en Estados Unidos, casada y está embarazada de mi primer nieto. Luego sigue Giovanna de 28 años, mi primera hija biológica, la primera con mi esposa Liliana. Es coreógrafa y bailarina; artista. Vive en Medellín, Colombia, y es productora musical de Jesse Uribe. Sigue Julie también de 28 años, pero Julie es hija de la hermana de la nana que nos cuidó. Ella se quedó «prestada» y al final se quedó con nosotros desde los cinco años, ella es mi tercera hija. Y, por último, Aarón de 26 años, mi hijo varón y el último biológico que también está por hacerme abuelo.

¿Qué valores familiares considera usted que son fundamentales en su formación como líder?

El tiempo. Considero el tiempo como un gran valor. Es fundamental apartar ese espacio de tiempo. Creo que pagué un precio alto estando en el banco; estuve ausente y me perdí algunas etapas de mis hijos. 

Hoy disfruto de mi nieta, Violeta quién es hija de Julie, a quien llamo mi «amiguita» y ella me llama su «papito» o «papá». Ella me adoptó como papá. Con Violeta de 6 años, tengo cinco hijos en total. Su papá biológico no dio la cara, y mi esposa y yo asumimos el rol. Ella es conocida en las redes como «la Reina Guajira» y va a presentaciones de baile. Ahora, mi hijo biológico, Aarón (26 años), también será papá, así que la familia sigue creciendo.

¿Cómo ha influido su entorno familiar en su visión del éxito?

De manera fundamental. Mi filosofía es compartir tus sueños con las personas que tú consideres. Si hay personas que se encapsulan, yo no lo hago. Cuando logras comunicar efectivamente tu anhelo, tu deseo, el proceso se hace más ligero.

Recibo mucha ayuda. Recuerdo cuando le dije a mi hermano Ángel: «Quiero una moto de agua» (hace 26 años, yo vivía en una villa, sin ventanas, casi sin nada). A los 15 o 20 días, él me consiguió una moto de agua abandonada. Aunque era un cascarón y tenía que arreglarle piezas, el simple hecho de compartir ese deseo con alguien me ayudó a manifestarlo. Es importante rodearse de personas que son vitaminas.

¿Qué tradiciones personales o familiares mantiene vivas y por qué?

Soy zuliano de tradiciones: celebro la Chinita el 18 de noviembre, los amaneceres de feria, me encanta la gaita, el buen béisbol y los festivales de vallenato. También soy un «pinchero»; me gusta ir a comer pinchos.

¿Hay algún pasatiempo o algo que disfrute en sus ratos libres?

Sí, hace 20 años juego golf. Lo veo como un deporte de relación. Lo practico en el Lago Country y en Punto Fijo. Me gusta mucho, es mi hobby.

¿Cómo equilibra su vida profesional con el tiempo para la familia y pasatiempos?

No hay una programación como tal, sino que tengo vínculos e información. Hago a mi familia partícipe de los proyectos y viajes. Por ejemplo, si estoy en Caracas abriendo un negocio, ellos me acompañan y disfrutan también. Mi esposa, Liliana, también es empresaria y tiene una academia de baile, Somos Baila que Baila, en Maracaibo, academia que compramos cuando mi hija Giovanna tenía 14 años. La vena artística de Giovanna viene de allí.

¿Qué enseñanza o lema de vida de sus padres o abuelos sigue guiando sus decisiones?

Un lema muy colombiano: «Hasta sin cobija me arropo» (es decir, no te quedes en la medida de la cobija, estírala).

No me enmarco en patrones convencionales. No veo cola. Es una filosofía que te dice: dale un poquito más, a ver si vale la pena sentir ese frío que te mueve, que te da el impulso para buscar algo mucho más grande.

¿Qué lo emociona hoy de su trabajo?

La emoción del agradecimiento. Hoy vivo dentro de esa emoción. Mi mirada se enmarca en hacer retrospectivas.

¿Tiene un libro en camino?

Sí, se llama Mi Nueva Mirada, y tendrá dieciocho capítulos. Nació durante el COVID como una autobiografía, pero luego agarró otro rumbo. El bautizo está previsto para enero de 2026.

¿Qué significa para usted el logro personal más allá de las metas empresariales?

El logro personal va acompañado de la satisfacción de haber acompañado a otros. Mis logros no son solo míos, siempre van con el mérito de muchos más, porque ni solo me gusta comer.

¿Cómo maneja los momentos de presión o de incertidumbre?

Los manejo muy contador: con indicadores e índices. Me abro a la posibilidad de que la incertidumbre me invite a reinventarme. Siempre me acompaño de especialistas y expertos para tomar las decisiones.

¿Qué tipo de reconocimientos valora más? ¿Los institucionales o los humanos?

Ambos son válidos y uno lleva al otro. El institucional no se maneja solo; se maneja a través de humanos. No los veo en competencia; puedo sumarlos a ambos.

¿Qué legado espera dejar como profesional y como persona?

Mi legado como contador se enmarca en el futuro de la profesión. Quiero dejar la figura del «súper contador»: un profesional que maneja contable, fiscal, auditoría, parafiscal, jurídica, mercantil, coaching, estadista, consultor y conferencista. Una figura que se amplía y se reinventa día a día.

¿Sueños por cumplir?

Muchos. Uno en específico, y que ya está en planificación: la ruta de Ushuaia (Argentina) a Alaska. Y hacerlo por unos seis, siete u ocho meses. Ya tengo la visa americana, lo que acerca el sueño.

¿Cómo imagina el futuro de sus empresas en los próximos 10 años?

Con mucho acompañamiento de inteligencia de negocios e inteligencia artificial. Veo un proceso de relevo generacional, con mi hijo Aarón, sumándose. Confiaca es una marca que visualizo sólida y fuerte para 40 años más.

¿Cómo le gustaría ser recordado por sus colegas y familiares?

Como la persona que siempre contestaba el teléfono. Alguien que devuelve una llamada y que siempre está allí, dispuesto a escuchar y a buscar soluciones. «Alguien que te puede escuchar siempre».

Si pudiera darle un mensaje a Giovanni, el mensajero interno de 16 años, ¿qué le diría?

“Que siga construyendo esa visión de amplitud y de alianza con mucha gente. Que siga manteniéndose firme con la gente, porque sin ella no pudiese tener absolutamente nada. Que siga construyendo esas relaciones de fidelidad: un capital relacional.”

Más allá de los cargos y logros empresariales, Giovanny Enrique Picaza se define como un hombre de fe, familia y propósito. Su éxito profesional es el reflejo de una vida construida sobre principios sólidos y relaciones genuinas. Para él, cada meta alcanzada tiene sentido solo cuando puede compartirla con quienes ama, y cada logro empresarial cobra valor al traducirse en bienestar, aprendizaje y ejemplo para sus hijos. 

Con la serenidad que da la experiencia y la pasión que lo impulsa desde joven, Picaza continúa guiando sus proyectos con la misma convicción con la que ha guiado su hogar: con compromiso, visión y confianza en que el verdadero liderazgo se ejerce desde el corazón.