Adreana Josefina Morón Vázquez de Urbina nació el 6 de noviembre de 1968 en Maracaibo, estado Zulia, Venezuela. Actualmente tiene 56 años y es una reconocida profesional de la contaduría pública, con una destacada trayectoria académica y laboral en el ámbito de la auditoría, la docencia universitaria y la gestión empresarial.
Egresó de la Universidad del Zulia (LUZ) como Licenciada en Contaduría Pública en abril de 1993, consolidando las bases de una carrera marcada por la excelencia y el compromiso profesional. Posteriormente, amplió su formación académica al obtener el título de Especialista en Auditoría en enero de 1999, en la misma casa de estudios, donde también alcanzó el máximo grado académico al doctorarse en Ciencias Sociales, mención Gerencia, en mayo de 2016.
A lo largo de más de tres décadas, Adreana Morón ha ejercido la docencia universitaria con dedicación y vocación, formando generaciones de profesionales en las áreas de Auditoría, Control Interno y Gestión de Riesgos. Desde 1994 hasta 2022 se desempeñó como profesora titular a dedicación exclusiva en la Universidad del Zulia, tanto en programas de pregrado como de postgrado, además de participar como tutora de trabajos de grado y proyectos de investigación.
En el ámbito profesional, ha acumulado una sólida experiencia en auditoría interna y control de gestión, con dominio de las Normas Internacionales de Información Financiera (NIIF), las Normas Internacionales de Auditoría (NIA) y las Normas Globales de Auditoría Interna. Desde septiembre de 2017 ejerce como Gerente de Control de Gestión en General de Alimentos Nisa, C.A. (Genica), donde lidera procesos de planificación estratégica, diseño de indicadores de desempeño, gestión de riesgos y control interno, además de brindar apoyo operativo y funcional a la Gerencia de Auditoría Interna.
Su trayectoria profesional se inició en Espiñeira Sheldon y Asociados (PwC), donde laboró entre 1990 y 1994 como auditora externa, participando en proyectos de auditoría para empresas de los sectores petrolero, metalmecánico e industrial.
Entre sus reconocimientos destacan el Summa Cum Laude obtenido en la Universidad Centro Occidental Lisandro Alvarado en 1999; la Orden Fray Luca Pacioli, otorgada por la Federación de Colegios de Contadores Públicos de Venezuela en 2021; y el Botón Honor al Mérito, concedido por el Consejo Legislativo del Estado Zulia en 2024, como testimonio de su contribución al desarrollo de la profesión contable en el país.
Casada y madre de dos hijos, Adreana Morón valora profundamente el equilibrio entre la vida profesional y familiar. Junto a su esposo conforma una familia ampliada con cuatro hijos y disfruta de su rol como abuela de un nieto de dos años, fuente de alegría y motivación en su vida personal.
¿Cómo se define Adreana Morón en tres palabras?
-Me defino como responsable, estricta y relajada. Considero que soy muy responsable con todo lo que me propongo hacer, siendo la responsabilidad en el quehacer incluso más importante que la disciplina. Soy estricta en el sentido del cumplimiento, pero al mismo tiempo, me caracteriza ser una persona relajada que no sufre de estrés marcado.
¿Qué valores considera innegociables en su vida?
-Para mí, la libertad es un valor y un principio fundamental de vida, más allá del respeto o la responsabilidad. El respeto, sin duda, es esencial, y la solidaridad también es completamente innegociable en mi vida.
¿Qué significa para usted el éxito?
-El éxito, para mí, significa lograr lo que te propones hacer, pero siempre con el compromiso de aplicar las «buenas prácticas» gerenciales y empresariales, evitando caer en la excusa de que el fin justifica los medios. Además, el éxito implica que los logros no alcanzados no generen frustración, sino que sean vistos como aprendizajes o lecciones que permitan mejorar el proceso la próxima vez.
¿Qué la motivó a estudiar Contaduría Pública?
-Inicialmente, fue una relación familiar, ya que mis tíos eran contadores públicos. Honestamente, no es que desde niña me gustaran mucho los números; yo era más humanística, me atraía la historia del arte y la literatura. Sin embargo, al momento de elegir carrera, mis tíos me motivaron convenciéndome de que la Contaduría me permitiría generar ingresos, tener un crecimiento constante y una formación permanente, pues me decían: «nunca dejas de estudiar cuando eres un contador», y a mí me gusta mucho estudiar y aprender.
¿Hay alguna anécdota familiar que refleje quién es usted hoy en día?
-Sí, hay una frase en mi familia: yo soy «la hija de Chucho« (el apodo de mi padre), quien es estudioso, disciplinado e investigador. De mis cinco hermanas, tres compartimos ese perfil de ser muy estudiosas, unos «buhitos de bibliotecas». Esta anécdota en mi familia, donde nos comparan con mi padre, refleja mi dedicación constante y mi inclinación por el estudio.
¿Qué aprendizaje clave le dejó su paso por PWC en lo que se refiere a auditoría externa?
-Yo siempre he afirmado que lo que aprendí de la auditoría lo aprendí allí. Ingresé a los 20 años (mientras cursaba el séptimo semestre) y mi paso por la firma me dejó grandes formadores y aprendizajes. Con esa vida profesional muy activa, con viajes constantes y temporadas de trabajo muy fuertes, aprendí la disciplina, la responsabilidad, la entrega oportuna y, lo más importante, que todo lo que afirmas debe tener una evidencia. Fue un mundo encantador que forjó mi quehacer profesional.
¿Qué aprendizaje le dejó la experiencia con ese parto prematuro y tener que dejar su vida profesional para dedicarse de lleno a ese nuevo rol como mamá?
-El aprendizaje clave fue la toma de decisiones. Mi decisión de retirarme de mi amado mundo profesional a los 24 años para dedicarme a mi hijo, que nació prematuro a las 33 semanas y estuvo 15 días en cuidados intensivos, fue la primera decisión importante que tomé en mi vida adulta. Aprendí que el propósito de vida y el empeño permiten lograr grandes cosas. Si la vida de mi hijo dependía de que yo dedicara la mía por completo a su estimulación y atención al 100%, así lo hice, y eso marcó totalmente mi vida.
Posterior a PwC y su dedicación a su hijo, ¿cómo fue su ingreso a la Universidad del Zulia (LUZ)?
-Fue una decisión espontánea. Un día, después de que mi bebé fue dado de alta y se estabilizó su tratamiento, decidí buscar trabajo. Compré el periódico y encontré el aviso de la universidad: había un concurso para el área de auditoría. Sentí que cumplía con el perfil: Contador Público, buenas calificaciones y experiencia en el área. Preparé mi carpeta y gané el concurso, que fue muy reñido, en el año 1994. Este proceso me permitió darme cuenta de que, cosa que yo no sabía, soy docente por excelencia.
¿En el año 1994 comienza a dar clases?
-Comencé en julio de 1994, justo cuando iba a cumplir 25 años. Era la jovencita del grupo, dando clases de noche, con muchos alumnos que eran adultos y mayores que yo. En ese contexto, tuve que tomar un rol muy fuerte y la clave para ganarme el respeto fue la dedicación, el estudio, las revisiones y la disciplina en las entregas. Esto me permitió descubrir una competencia que yo no sabía que tenía: la docencia. Yo fui perfeccionando mi técnica, ya que en el tiempo que ingresé a la universidad, no se exigían los estudios de educación superior que sí se piden hoy día.
¿Cómo fue ese proceso de crecimiento y qué roles administrativos asumió en la universidad?
-Mi crecimiento en la universidad fue una carrera constante. Desde que entré fui contratada, luego gané el concurso y me convertí en profesora de planta. Para mí, era un reto personal alcanzar el máximo escalafón (profesora titular) en el tiempo establecido sin tardarme. Este enfoque me permitió asumir trabajos administrativos, como encargada del Departamento de Contabilidad, donde tenía que manejar a muchos profesores con diferentes caracteres.
¿Qué aprendizajes claves obtuvo trabajando en la universidad, especialmente en roles administrativos?
-Trabajar en la universidad con diferentes caracteres me ayudó a desarrollar la paciencia. Soy estricta y exigente, pero me es muy difícil perder los estribos en las relaciones interpersonales. Por ejemplo, aunque pierdo la paciencia fácilmente con cosas cotidianas (no puedo desatar un nudo o abrochar un collar pequeño, ¡simplemente lo rompo o pido ayuda!), mi paciencia con las personas es muy buena. La universidad me enseñó disciplina, planificación y, sobre todo, la paciencia para convencer a esos profesores mayores de hacer transformaciones importantes, un logro que, de hecho, sigue vigente hoy día.
¿Todavía da clases y cuál es su filosofía sobre el trabajo y la trascendencia?
-Sí, aún doy clases en posgrado y en algunos programas de pregrado. Un gran aprendizaje que obtuve en ese camino fue que todo lo que haces (en tu casa, en tu vida, en el trabajo) tiene que ser algo que trascienda. Es decir, que se note que «por aquí pasó ella». ¿Y cómo trasciendes? Buscando el éxito, aplicando las mejores prácticas, siendo responsable y disciplinada. Amigos y familiares me llaman «Robotina» porque además de mi trabajo, me encargo de mi casa, el almuerzo, el desayuno y el resto de las responsabilidades domésticas. Lo logro porque me organizo y me propongo hacerlo, aunque he aprendido que hay cosas que ya no hago, como planchar toda la ropa los domingos.
¿Cómo ha cambiado la enseñanza de la contabilidad y de la auditoría desde que comenzó a dar clases hasta ahora?
-Ha evolucionado satisfactoriamente. Cuando empecé en 1994, la enseñanza de contabilidad y auditoría era muy basada en la guía de estudio con ejercicios estructurados y básicos. Hoy, el mundo exige que enseñemos la Norma Internacional de Información Financiera (NIIF) y que lo asociemos al mundo empresarial. La visión es completamente distinta. El estudiante actual ha cambiado, por lo que no le puedes dar solo una guía básica; tienes que mostrarle lo que ocurre en el mundo real.
Ahora, a la ecuación contable básica, le incluimos el entorno. Vemos variables macroeconómicas, la inflación y las tasas de cambio. Esto te obliga a generar cuentas contables dinámicas y nuevas que antes no se conocían. Las universidades han tenido que adaptar sus programas para que la formación se ajuste a esta realidad dinámica.
¿Cuál ha sido el mayor reto que ha enfrentado en el aula?
-El mayor reto, sin duda, fue al comienzo, cuando era muy jovencita (25 años) y tenía estudiantes mayores que yo, incluso la mamá de una amiga mía fue mi alumna. Era un gran desafío mantener el criterio y la compostura, proyectando una imagen de seriedad y fortaleza. Tuve que desarrollar el temple para demostrarles a esos gerentes y personas con cargos importantes que, a pesar de mi juventud, tenía el conocimiento y las competencias para enseñarles. Lo logré a través de la dedicación, la exigencia y la calidad de mi trabajo.
¿Qué siente cuando ve a sus exalumnos triunfar?
-¡Me encanta! Es una satisfacción muy grande verlos triunfar, casi que les digo: «eso lo aprendiste conmigo», como le sucede mucho a Pablo Nava, un exalumno. Verlos lograr sus metas es muy grato, porque los docentes sembramos en ellos lo que de verdad van a ser. Tengo un exalumno que me dijo que decidió irse a una de las grandes firmas en Argentina gracias a mi inspiración.
¿Cómo llega a Génica?
-Llegué a Génica porque un exalumno me tenía como referencia y me llamó para ofrecerme un cargo de auditor. Yo estaba ya muy cerca de jubilarme en la universidad. Me hicieron una prueba muy exigente junto a otros cinco participantes y quedé calificada, pero en ese momento se decidió fusionar la gerencia y no se cubrió el puesto. Dentro de mí dije: «viví la experiencia», que era mi primer intento por tener una dedicación a horario de oficina fuera de la universidad. Luego, en julio, me llamaron de nuevo ofreciéndome otro cargo. Fui a la entrevista y fui contratada.
¿Cuál fue su primer cargo en Genica?
-Fue en la Gerencia de Control de Gestión. Le pedí a la empresa que me esperara, ya que tenía un compromiso de dictar un diplomado de posgrado en Punto Fijo durante todo el mes de agosto, y me esperaron. Estando ya en Génica, me di cuenta de que toda la teoría y lo aprendido en la universidad sí es útil en el mundo empresarial. Hoy día, además de Control de Gestión, hago un soporte importante y lidero el equipo de Auditoría Interna, siendo responsable de su evaluación y sus informes.
¿Qué consejo daría a los jóvenes contadores que están comenzando la carrera?
-El consejo más importante es no dejar de aprender. Y no me refiero solo a estudiar o a actualizarse, sino a comprender que la Contaduría Pública no es solamente el registro contable. El contador que está empezando debe entender que el mundo se ha ampliado y debe meterse por el camino estratégico, estudiando los riesgos, los índices inflacionarios y las variables macroeconómicas.
Ya sabemos que uno de sus hobbies es coser. ¿Qué tipo de costura disfruta hacer y cómo desarrolló esta habilidad?
-Disfruto la costura de ropa; hago pantalones, blusas, arreglo y desbarato vestidos para volverlos a hacer. Lo hago desde cero, incluyendo la elaboración del patrón. No me gusta coser para nadie, todo lo hago para mí. Desarrollé esta habilidad gracias a que fui formada por mi abuela cuando era pequeña, y luego hice varios cursos, incluyendo algunos online ahora.
¿Hay alguna actividad que la haga sentir completamente en paz, relajada?
-Puede sonar un poco absurdo, pero a mí me encanta cocinar y la cocina me relaja profundamente. Me gusta crear en la cocina y no soporto que nadie revuelva lo que estoy haciendo o me diga que le falta algo. Afortunadamente, me va bien y mi familia lo certifica. El pastel de pollo, los pastichos, las ensaladas y las sopas hervidas de gallina (los platos criollos) me quedan muy bien. Al cocinar, me lleno de paz.
¿Tiene alguna rutina o ritual específico que no puede faltar en su día a día?
-Si supieras que no. El ritual más básico y elemental es que no puedo dormirme si no me lavo la cara y me pongo la crema. Es casi tan obvio como cepillarme los dientes. Sin embargo, no soy de rutinas obsesivas. Por ejemplo, no puedo ver una película completa sin levantarme ni tampoco me gusta la constancia de decir «todos los días voy a hacer esto». Me gusta ver series, pero las veo por pedacitos o hago maratones de 10 capítulos en tres días, porque no puedo mantenerme enfocada en un solo lugar.
¿Hay alguna mujer o algún personaje real que la inspire?
-Mi escritora favorita es Isabel Allende. Ella me inspira por su constancia y su método de trabajo; todos los años se sienta a comenzar un libro. Sus obras se basan en el realismo mágico, transformando cosas que le pasaron en historias increíbles. Además, me gusta su pragmatismo con la vida; con 83 años, va por su tercer matrimonio y dice que el amor dura lo que tiene que durar. Es una creadora por naturaleza, y soy fan de muchísimas de sus obras, como La Casa de los Espíritus y El Retrato en Sepia.
¿Qué legado le gustaría dejar en el gremio contable y a sus hijos y nietos?
-En el gremio contable, me gustaría dejar el legado de la calidad en lo que haces. Mi lema para mis hijos es: «Si lo vas a hacer, lo haces bien; si no, no hagas nada». Esto significa ponerse un estándar de calidad para que todo lo que hagas tenga tu sello y esté garantizado, como una referencia profesional. Y para eso, se requiere disciplina, responsabilidad, estudio y aprendizaje continuo. Para mis hijos (un comunicador social en audiovisual y un ingeniero en computación full stack), quiero dejarles el mismo mensaje de que detrás de cualquier logro está ese sello de calidad, la necesidad de hacer las cosas con el detalle y la excelencia que ameritan.
¿Qué le diría a su yo más joven si pudiera hablarle ahora, con toda la sabiduría acumulada?
– ¡Guau! Si yo hubiera tenido toda la madurez que tengo ahora, hubiera tomado decisiones diferentes, pero no me arrepiento de lo que hice. Por ejemplo, no me arrepiento de haberme casado con quien me casé la primera vez, porque yo sé que él tuvo que ser un joven maravilloso. El consejo que le daría a mi yo más joven es: «no pierdas el tiempo y siembra la madurez desde pequeña», porque la madurez es lo que te permite tomar mejores decisiones. Soy afortunada de tener una familia muy unida, una hermandad muy solidaria donde mis sobrinos son como mis hijos y mis hijos y ellos se llaman «hermanos primos».
¿Qué le emociona profundamente?
-Me emociona mi nieto. Es lo más hermoso que me ha podido ocurrir. El amor que siento por él es un amor que te hace brincar el estómago todo el tiempo. Me emociona verlo crecer, aunque ahora esté en la «edad terrible» de los dos años, él me emociona mucho.
¿Hay algo de usted que sus colegas no sepan y que les gustaría que se enteraran a través de esta entrevista?
-Soy una persona muy transparente y sincera, a veces tengo que ponerme un filtro para lo que digo. Mi lema es que «hablo sin filtro, pero soy responsable de todo lo que digo». Este hablar directo y con criterio me ha ayudado a ganarme el respeto.
Algo que quizás no sepan, aunque soy transparente, es que soy una paciente diabética tipo 1 insulina dependiente desde hace más de 40 años. Es una condición de vida que tienes que aceptar. Otro mensaje que quiero dejar es: ¡acéptate como eres! Yo decidí vivir con mi condición y defenderme, cuidándome mucho para que no «se me note».
Y otra decisión trascendental en mi vida fue dejarme el cabello blanco. Dije: «no me puedo pintar el cabello cada siete días», ni por presupuesto ni por lo que dañaría mi cabello. Aproveché la pandemia, que estuvimos un año trabajando en casa, para dejarme mi cabello blanco, que ahora me encanta. Dejarme el cabello blanco fue trascendental.
Con más de tres décadas de trayectoria, Adreana Morón continúa siendo un referente en el campo de la contaduría pública y la gestión organizacional, inspirando a nuevas generaciones a ejercer su profesión con responsabilidad, conocimiento y pasión. Su vida y carrera reflejan el compromiso con la excelencia, la ética y el servicio, valores que ha transmitido tanto en el aula como en el entorno empresarial.