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Betty Margarita Galaviz Ramírez nació el 27 de marzo de 1950. Es egresada de la Universidad del Zulia (LUZ) como Contadora Pública, título obtenido el 23 de octubre de 1975. En 2025 celebra cinco décadas de ejercicio profesional, un hito que refleja su constancia, disciplina y entrega a la contaduría pública, profesión que la enorgullece enormemente.

 

Su formación académica incluye un Magíster en Gerencia de Empresas, mención Gerencia Industrial, y un Doctorado en Ciencias Gerenciales. Además, ha profundizado en el estudio de las Normas Internacionales de Información Financiera (NIIF), con certificaciones enfocadas en PYMES, actualizadas en diferentes ediciones de referencia internacional.

 

En el ámbito académico, actualmente ejerce como Decana de la Facultad de Ciencias Administrativas y Directora de la Escuela de Contaduría Pública de la Universidad Dr. Rafael Belloso Chacín (URBE).

Su vocación como docente se ha visto reflejada en el dictado de numerosas cátedras de pregrado, entre ellas Introducción a la Contabilidad, Contabilidad I, II, III y IV, Contabilidad de Empresas de Seguros, Toma de Decisiones, Reclutamiento y Selección, en instituciones como URBE, el Instituto Universitario Monseñor de Talavera, la Universidad Dr. Rafael María Vargas y el Instituto Universitario Jesús Enrique Lossada. 


Asimismo, ha impartido materias de postgrado en la Universidad del Zulia en áreas como Diagnóstico Financiero e Instituciones Financieras. Ha sido también tutora académica de múltiples trabajos especiales de grado y actualmente se prepara como autora del material de Introducción a la Contabilidad bajo la modalidad de educación a distancia.

 

Su experiencia profesional abarca cargos en reconocidas empresas del país. Se desempeñó como contadora en Purina de Venezuela y Seguros Catatumbo; también como gerente de administración en distintas instituciones financieras y de seguros. Ha trabajado como asesora en proyectos de gran relevancia en el área empresarial e industrial. En el ámbito gremial, ha participado como coordinadora y miembro de comisiones organizadoras de programas de certificación y recertificación en Normas Internacionales, así como en congresos y actos de reconocimiento al contador público.

Por su destacada trayectoria, ha recibido importantes distinciones, entre ellas la Orden Honor al Contador Público, otorgada por el Colegio de Contadores Públicos del Estado Zulia, y la Orden Fray Luca Pacioli, concedida por la Federación de Colegios de Contadores Públicos de Venezuela.

En el plano personal, es la mayor de seis hermanos y asumió la crianza de su sobrino, a quien considera como un hijo. Estos vínculos familiares, junto a la red de amistades que ha cultivado, han sido un soporte esencial en su vida, complementando la brillante carrera académica y profesional que la caracteriza.

¿Cómo ha evolucionado la formación del contador público en Venezuela desde sus inicios como docente hasta su rol como decana en la actualidad?

La evolución ha sido drástica. Cuando era estudiante, la profesión era más mecánica. Ahora estamos en la era digital, donde la inteligencia artificial ayuda mucho a los contadores. A diferencia de lo que algunos piensan, la IA no quita el trabajo, sino que crea más, ya que los contadores deben validar y revisar la información que esta genera. En mis tiempos, los estudiantes usábamos una calculadora y hacíamos muchos cálculos mentales; hoy, los jóvenes tienen más facilidades con la tecnología.

¿Cuál considera usted que ha sido su mayor desafío al frente de la Escuela de Contaduría y posteriormente de la facultad? ¿Y cómo abordó esos desafíos?

Mi mayor desafío fue al ser nombrada directora de la Escuela de Contaduría en el año 2002. En ese momento, me entregaron la responsabilidad de la Escuela de Ciencias Fiscales, cuyo expediente se había traspapelado. Me tocó reunir a expertos para rehacer el pensum, y logramos crear uno tan avanzado que las modificaciones recientes han sido mínimas. Además, me convertí en la primera directora de la Escuela de Contaduría, una carrera que yo ayudé a formar desde sus inicios. De los 30 años que tiene la carrera, he sido directora 23.

¿Qué habilidades y conocimientos considera que son cruciales y que debe adquirir un estudiante de Contaduría Pública en la actualidad, en el contexto económico que estamos viviendo?

La capacidad de análisis es crucial. Los contadores somos los médicos de las empresas y debemos saber interpretar los números. La ética es fundamental, ya que somos uno de los pocos profesionales que tienen fe pública. Un contador que no es ético no debería ejercer. También son importantes las habilidades de manejo de equipos y, desde el punto de vista tecnológico, el dominio de Excel, las normas internacionales y la contabilidad básica. Esta última es como la anatomía para un médico: el cimiento de todas las demás competencias.

Desde su perspectiva, ¿cuáles son los principales desafíos que enfrentan los contadores públicos actualmente en Venezuela?

Los contadores en Venezuela enfrentan desafíos como la falta de plataformas tan avanzadas como las de otros países y las numerosas regulaciones que dificultan su ejercicio. No obstante, pienso que la nuestra es una de las carreras más emprendedoras y desarrolladas. El contador público debe estar en constante actualización, porque al graduarse es cuando realmente comienza el aprendizaje para poder ser competitivo.

¿Cuántos reconocimientos ha recibido a lo largo de su trayectoria profesional y cuáles son para usted los más importantes y por qué?

A lo largo de mi trayectoria, he recibido numerosos reconocimientos. Por mis 50 años de graduada, he recibido botones cada cinco años. Adicionalmente, la Federación de Colegios de Contadores Públicos de Venezuela me otorgó la Orden del Contador. El reconocimiento que más me emocionó fue el Fray Luca Pacioli, que es considerado el «Oscar» de los contadores. Sin embargo, el que me generó mayor emoción fue el que recibí por los 50 años de la promulgación de la Ley del Ejercicio de la Contaduría Pública, ya que fui una de las pocas personas seleccionadas a nivel nacional.

¿Qué consejo le daría a un contador público recién graduado que busca construir una carrera exitosa en este país?

Mi consejo primordial es que no dejen de estudiar. Para ser exitoso, deben prepararse y mantenerse al día en áreas como tributos, costos y normas internacionales de información financiera. Si tienen la vocación, les aconsejo que consideren la docencia, ya que los contadores suelen ser muy buenos docentes, pues transmitimos nuestro conocimiento con pasión.

¿Qué opina usted sobre la implementación de tecnologías como la inteligencia artificial o el blockchain en el área contable?

El blockchain es de gran ayuda para las grandes empresas, ya que su información en bloques es muy difícil de violentar. Por su parte, la inteligencia artificial también es de gran ayuda si se maneja y analiza correctamente. Sin embargo, la IA no tiene la verdad absoluta; el contador debe tener el discernimiento para analizar y verificar que la información que se presenta sea la correcta.

¿Qué tendencias globales en contabilidad deberían adoptar los profesionales venezolanos para mantenerse competitivos?

Para ser competitivos, los contadores venezolanos deben tener una visión amplia y global. No solo deben enfocarse en el panorama regional o nacional, sino también en el internacional. Es crucial manejar no solo la ética y el conocimiento, sino también la sustentabilidad. La investigación en esta área permite al contador tener un enfoque más allá de lo cuantitativo, considerando el impacto de las empresas en el planeta.

Considerando su experiencia, no solo desde el punto de vista como docente, sino profesional en general, ¿cuál cree que será el rol del contador público en la próxima década?

El rol del contador público en la próxima década será el de asesor. Los paquetes contables y la tecnología manejarán la parte cuantitativa, por lo que la fortaleza del profesional radicará en su capacidad de análisis para asesorar a sus clientes de manera exitosa. El contador se convertirá en una figura de confianza, casi como un sacerdote o un amigo, que escuchará las confidencias de sus clientes para orientarlos y ayudarlos a ser más exitosos. Este rol se fundamenta en la ética, la confianza y el conocimiento.

¿Siempre quiso Betty Galaviz estudiar contaduría pública? ¿Soñaba con eso?

No, realmente no soñaba con ser contadora pública. Mi deseo era estudiar farmacia en Mérida. Sin embargo, no pude ir porque mi padre me lo prohibió, luego de que una amiga, al volver de allá, se había transformado. En ese momento, la única escuela que quedaba abierta con inscripciones en la Universidad del Zulia era la de Contaduría Pública, por lo que decidí inscribirme. Mirando atrás, creo que fue la mejor decisión de mi vida.

¿Cómo es su familia?

Somos seis hermanos, tres mujeres y tres varones, y yo soy la mayor. Tres de mis hermanos viven fuera del país y tres estamos en Venezuela. Al ser la mayor, mis hermanos me han otorgado un rol de liderazgo; si bien escucho sus opiniones, mi voz suele tener un peso decisivo en las decisiones familiares importantes, especialmente tras el fallecimiento de mis padres.

¿Cómo ha logrado equilibrar sus responsabilidades académicas y profesionales con su vida familiar?

Logré equilibrar mis responsabilidades al ingresar a la URBE con una vasta experiencia laboral, que incluía trabajos en empresas como Seguros Catatumbo, Proteinal y Purina de Venezuela. Al principio, compaginé mi trabajo en Purina con la docencia, lo que requería que trabajara los sábados. Mis responsabilidades se adaptaron con el tiempo, lo que me permitió mantener el equilibrio entre mi vida personal y mi desarrollo profesional y académico.

¿Tiene alguna anécdota de esa época como docente? ¿Algo especial que usted recuerde con los estudiantes?

Recuerdo una anécdota especial con una estudiante que cursaba la materia de Contabilidad I por tercera vez conmigo. El primer día de clases, al verme, se golpeó la mano en señal de fastidio. Le pregunté si no le aburría verme por tercera vez, a lo que me respondió: «No, y la voy a aprobar». Y así fue, aprobó la materia. He tenido experiencias gratas e ingratas, pero las agradables siempre superan a las negativas.

¿Cómo creen que les recuerdan sus estudiantes?

Creo que mis estudiantes me recuerdan como una persona fuerte, pero de la cual aprendieron. He tenido la gratificación de que muchos me digan que lo que les enseñé les sirvió al salir al mundo laboral. Considero que la docencia es una profesión muy bonita, pues te deja recuerdos agradables y te permite conocer a mucha gente. Es una profesión a la que, aunque no se le reconozca lo suficiente económicamente, los docentes que la amamos la disfrutamos plenamente.

¿Quiénes han sido sus mayores influencias? No solo en lo profesional, lo académico, sino también en lo personal

En lo personal, mis mayores influencias fueron mis padres, quienes me inculcaron valores y me enseñaron a seguir el camino recto. También mi abuela, quien me crio y me protegió mucho. En lo profesional, mi mentor fue el profesor Juan Laya Vaquero, quien me impartió clases de contabilidad y me enamoró de la profesión. Es un honor para mí coordinar la orden que lleva su nombre y pertenecer al comité que elige a los condecorados.

¿Qué lecciones de vida aprendidas a lo largo de su vida aplica en lo profesional?

 

Aplico la filosofía de «haz el bien y no mires a quién». Trato de ayudar a quien esté a mi alcance, incluso si no se lo merecen, porque mi conciencia queda tranquila. Pienso que soy una persona de buenos sentimientos, aunque mi personalidad fuerte a veces confunde a la gente.

Por su trayectoria, por todo lo que usted ha hecho a lo largo de su ejercicio profesional, sin duda se ha convertido en un referente para las nuevas generaciones de mujeres profesionales que quieren tener una vida exitosa, así como la suya. ¿Qué significa eso para usted?

Convertirme en un referente significa que mi cuota de sacrificio ha valido la pena. Ser mujer y profesional exitosa implica un doble esfuerzo, especialmente si tienes responsabilidades en casa. Tuve que demostrar que lo que logré fue ganado con esfuerzo, no regalado. Me dediqué a trabajar en empresas grandes para crecer y desarrollarme. En una de ellas, empecé como asistente a pesar de ser profesional, y en seis meses ya era gerente.

¿Qué valores definen a Betty Galaviz?

Los valores que me definen son la lealtad, la honradez y la disciplina en mi trabajo. También soy muy familiar. Mi padre me enseñó a no tener que bajar la cabeza ante nadie, y ese principio me ha guiado siempre. Soy una persona muy selectiva con mis amistades, pero muy leal.

Profesionales como la Dra. Betty Margarita Galaviz Ramírez son fuertes testimonios de compromiso, excelencia y vocación de servicio. Su aporte a la academia, a la profesión contable y al gremio ha dejado huellas profundas que han marcado generaciones. A la par, en el ámbito personal, su entrega a la familia y a los afectos más cercanos muestran el rostro humano detrás de la profesional brillante. Su vida conjuga la disciplina con la sensibilidad, convirtiéndola en una figura ejemplar cuya influencia queda en cada espacio donde ha sembrado conocimiento y valores.