En el ámbito de la Contaduría Pública en el estado Zulia, el apellido Monasterio representa una historia de compromiso, esfuerzo y pasión por la profesión. Su trayectoria está marcada por la figura de Alfredo José Monasterios Oquendo y su hija Andrea Elena Monasterio Urdaneta, dos generaciones unidas por la vocación, la ética y el amor por la excelencia en el trabajo.
Alfredo José Monasterios Oquendo, nacido el 14 de septiembre de 1954, es un profesional con más de cuatro décadas de experiencia en el área financiera. Aunque no es zuliano de nacimiento, lleva 45 años en el estado Zulia, región que considera su hogar y donde ha dejado una profunda huella profesional. Egresado de la Universidad del Zulia (LUZ) en 1986 como Licenciado en Contaduría Pública, logró culminar su carrera a pesar de los constantes viajes laborales que lo mantenían entre Puerto Ordaz, Puerto La Cruz y Caracas. Sus profesores, entre bromas, lo llamaban “el cometa”, pues aparecía de vez en cuando, pero siempre brillaba con su constancia y compromiso.
Posteriormente, alcanzó el grado de Magíster en Gerencia Tributaria en la Universidad Dr. Rafael Belloso Chacín (URBE) en 2007. Su destacada trayectoria incluye cargos de alta responsabilidad en reconocidas organizaciones como Grupo COBECA, donde se desempeñó como Vicepresidente de Gestión Integral de Riesgos ERM entre 1992 y 2017, además de ocupar posiciones directivas en auditoría interna, contraloría y prevención de pérdidas.
Antes de su paso por COBECA, ejerció como Gerente Sénior de Auditoría en KPMG (1989-1992) y Gerente de Auditoría en Cano Pérez & Asociados, firma perteneciente a Deloitte & Touche (1980-1989). Su experiencia también lo llevó a participar en la implantación del sistema SAP-FI/CO, así como a ejercer funciones de asesor financiero en la Bolsa de Valores de Maracaibo. Está inscrito y autorizado como auditor ante la Superintendencia Nacional de Valores (SUNAVAL) y la Superintendencia de la Actividad Aseguradora (SUDEASEG).
Además, es presidente fundador del Instituto de Desarrollo Profesional (IDEPRO), institución que forma parte del Colegio de Contadores Públicos del Estado Zulia, desde donde ha impulsado la actualización y el crecimiento académico de numerosos profesionales.
En el ámbito personal, Monasterios es padre de cuatro hijos. Su hija mayor, Andrea, siguió sus pasos en la Contaduría Pública; su hijo Alfredo Junior reside en Estados Unidos; mientras que sus otras dos hijas han destacado en áreas como el diseño gráfico y el derecho, ambas graduadas en URBE y con formación de posgrado en el exterior.
Por su parte, Andrea Elena Monasterios Urdaneta, nacida el 23 de septiembre de 1979, representa la continuidad del legado familiar. Soltera y dedicada por completo a su profesión, como ella misma afirma, “casada con la contaduría”, inició sus estudios en Economía en la Universidad del Zulia, pero pronto descubrió su verdadera vocación. La contabilidad, en la que siempre destacó, se convirtió en su camino definitivo, egresando como Licenciada en Contaduría Pública en 2003 por la Universidad Dr. Rafael Belloso Chacín (URBE).
Años después, obtuvo el título de Magíster en Gerencia Tributaria (2007) y una Especialización en Auditoría por la Universidad del Zulia, además de certificaciones en Normas Internacionales de Información Financiera (NIIF) y NIIF para PYMES. Es auditor inscrita en SUNAVAL y SUDEASEG, y su carrera ha estado marcada por el ejercicio responsable, la docencia y la dirección académica.
Actualmente, Andrea Monasterio es Socia de Auditoría e Impuestos y Directora Académica de IDEPRO, donde ha contribuido con la formación continua de contadores públicos del Zulia. En su experiencia destacan también sus inicios en KPMG, su participación en organizaciones como la Cámara Junior de Venezuela (1996-1998) y su trayectoria dentro de los Scouts de Venezuela (1992-2018), experiencia que moldeó su sentido de liderazgo, disciplina y servicio.
¿Cuántos años tiene de ejercicio profesional?
Alfredo: Algo así como 40 años de ejercicio. Como contador público egresado, tengo menos, pero muchos más años porque trabajé con firmas internacionales antes de graduarme. Trabajé muchos años con firmas transnacionales y viajaba constantemente, lo cual alargó mis estudios.
Alfredo, ¿La vocación por la contaduría nació en ese momento o desde antes ya usted sentía ese interés?
Alfredo: Si te muestro mi partida de nacimiento, verás que la profesión de mi padre está registrada como «auditor». Quizás la vocación viene de allí. Recuerdo a mi padre haciendo cuadros estadísticos inmensos, escribiendo con pluma de tinta y esa letra con garabatos espectacular. Al llegar a Maracaibo, yo quería ser médico veterinario. Empecé a estudiar veterinaria, pero mientras mi hermano sacaba 19 y 20, yo reprobaba todo, excepto «Estadística Metodológica». Definitivamente, mi camino eran los números, así que renuncié a veterinaria y me fui por Contaduría.
¿Y tú vocación, Andrea, cómo nace? ¿Por observar a papá?
Andrea: Yo creo que sí, la vocación fue por mi papá. Desde que tenía unos siete años, prácticamente vivía en la oficina de la firma donde él trabajaba. Me llamaba mucho la atención el ambiente: las reglas de hacer los flujogramas, los lápices rojos y azules, las pizarras acrílicas. Nunca me disgustó quedarme hasta tarde con los auditores. Me crié en esa vida y desde niña dije que iba a ser contadora. Cuando empecé a estudiarla, descubrí que era el camino correcto.
¿Qué los motivó a ustedes a crear su propia firma?
Alfredo: En principio, es un negocio, además de la vocación. Yo trabajé con firmas muy importantes aquí en Venezuela. Antes de fundar la firma, yo era Gerente Senior (ahora Director de Auditoría) en KPMG, siendo responsable de la auditoría del Banco Occidental de Descuento (BOD). Me sentaba en la mesa de junta directiva del banco, al lado del doctor Alfredo Belloso. Él me apreció mucho, me buscó para que trabajara con él en la Corporación Comercial Belloso (hoy Grupo COBECA), donde entré como Gerente Corporativo de Auditoría e Impuestos. Siempre estuve en altas posiciones hasta que me ofrecieron la Vicepresidencia, puesto que ocupé antes de fundar la firma.
Pero, ¿ya la firma existía unos años antes de que usted se retirara?
Alfredo: La firma Monasterio Oquendo y Asociados es mucho más antigua. Nació el 15 de septiembre de 1992. Cuando me retiré de KPMG, decidí sembrar de una vez y junto con el señor Fabio Soto (también auditor de KPMG), la constituimos. Posteriormente, Fabio se fue de Venezuela y fue entonces cuando Andrea entró como socia de la firma. La firma tiene ya 33 años de constituida.
Andrea: Cuando yo estaba en la universidad, iba en las tardes a la oficina a aprender del sistema contable. Después de trabajar con un colega por año y medio, artillé mi propia oficina y así comencé. Es impresionante, porque en 2001, aún sin graduarme, yo también trabajé en KPMG, auditando el BOD, y mi jefe era el mismo Fabio Soto que fue socio de mi papá.
¿Qué ha significado para ti Andrea ser la hija de Alfredo Monasterio?
Andrea Monasterio: Yo le he dicho a mi papá que, mientras él siga vivo, haré todo mi esfuerzo para honrar su nombre y su apellido, y el día que no esté, para mantener su legado. Él me insiste en que trabaje para mí misma, pero para mí no es un tema de egocentrismo, sino de valorar y mantener lo que ellos han alcanzado para que siga de generación tras generación.
Alfredo: Recuerdo que cuando Andrea estaba en KPMG el nivel de trabajo era fuertísimo. Yo a veces la iba a buscar a las 4 de la mañana y todavía estaban trabajando.
¿Y ahora cómo describirían su estilo profesional, cada uno de ustedes y qué los diferencia como equipo?
Alfredo: Mi estilo ha cambiado mucho. Yo venía de una escuela de 20 años como auditor, donde era muy profesional y estricto: «La norma dice en el párrafo tal que las cosas se hacen así». El doctor Alfredo Belloso me enseñó que con gente de negocios no se puede ser tan estricto con la norma, y eso fue difícil de aprender. Hoy trato de transmitirle a Andrea que no puedes irte todo el tiempo al libro, a la ley, porque la gente necesita una respuesta más concreta.
Andrea: Yo soy muy estricta en el deber ser y en lo que los libros dictan. No obstante, creo que mi estilo es bastante conciliador y colaborativo. Soy flexible en la atención a nuestros clientes, pero siempre estricta en los resultados y en la correcta aplicación de la norma. Es importante esa flexibilidad sin sacrificar el rigor profesional.
¿Cuál ha sido el mayor reto profesional que han enfrentado juntos?
Alfredo: El mayor reto que enfrentamos juntos es cómo podemos aumentar los honorarios sin perder clientes. Actualmente, el gran desafío es cómo cobrar un servicio profesional con la incertidumbre del tipo de cambio oficial versus el paralelo. He estudiado artículos de economistas al respecto, y es vital que los contadores públicos nos unamos en una misma línea tarifaria, siguiendo la tabla de honorarios de la Federación.
Andrea: El reto más grande es a diario: mantener este negocio y el ejercicio de la profesión. Más allá del conocimiento (que lo superamos estudiando e investigando), el reto es la sostenibilidad. Además, me impacta el reto de ser mujer ejerciendo la profesión. Lamentablemente, no es lo mismo un hombre negociando honorarios que una mujer. Nos toca tener bastante «guáramo» para superar esas situaciones.
¿Cómo es trabajar en familia? ¿Qué fortalezas aportan cada uno de ustedes a este equipo que tienen en Monasterio Oquendo y Asociados?
Alfredo: La dinámica es que cada quien hace su actividad. Yo he dejado que Andrea maneje el personal y no me involucro en la operatividad diaria. Ella me informa las situaciones (vacaciones, bonificaciones) y yo apruebo las sugerencias, pero ella lidera la gestión del equipo.
Andrea: No es sencillo, porque la variable emocional siempre está presente, especialmente al ser padre e hija. Sin embargo, mi rol es claro: mantener la firma en constante movimiento y sostenible. Yo trabajo para lograr los objetivos diarios con el respaldo de mi papá, quien es mi asesor e impulsor. Un punto crucial es que estamos trabajando para que yo sea la cara de la firma, para que los clientes consulten conmigo sin que él tenga que estar presente.
Alfredo: Eso es muy importante. Yo necesito que los clientes dejen de verme a mí como la única cabeza. Por ejemplo, un cliente importante, solía decir: «Yo arreglo eso con tu padre», pero ya no lo atiendo y ahora todo lo resuelve con Andrea. Yo no voy a estar aquí todo el tiempo; quiero que vean a Andrea como la cabeza y guía de la firma.
¿Qué valores familiares se reflejan en su forma de ejercer la profesión?
Alfredo: La base es el respeto (la bendición diaria, al llegar y al irse). La integridad, la honestidad y la ética son permanentes. En nuestra profesión, la ética es fundamental porque manejamos fe pública.
Andrea: Recuerdo y visualizo a mi abuela paterna; esos valores vienen de una tradición familiar: los modales, lo correcto, la humildad (que no es fácil de mantener, pero trae buen provecho). Un cliente nos dijo una vez: «Ustedes son cercanos, están con uno en el momento». Por eso, siempre tratamos de cubrir al cliente, escuchar primero y tratar de ayudar. Mi papá y yo tenemos una discusión en este punto: él es más del «yo cobro primero» y yo soy más de «escuchamos y después cobramos». Es una diferencia que nos hace únicos.
¿Alguna rutina, alguna tradición, ritual que los ayude a separar lo laboral de lo personal?
Alfredo: Actualmente, estamos intentando que Andrea se tome vacaciones. Después de siete años, por fin se va a tomar un mes fuera.
Andrea: Como no vivimos en la misma casa, mantener rutinas es cuesta arriba, pero siempre hacemos el esfuerzo. Mi papá viene a almorzar a mi casa un domingo o yo voy a la suya. Mantenemos esas actividades normales y cotidianas, y por supuesto, celebramos fechas especiales como diciembre y Semana Santa.
¿Cómo manejan las diferencias de opinión dentro de la firma?
Alfredo: A veces discutimos, pero es normal. Yo le digo que haga lo que quiera, pero siempre la escucho.
Andrea: Yo siempre le digo a mi papá: «Mientras tú estés vivo, yo voy a hacer lo que tú me digas que haga», aunque siempre le dejo saber si estoy o no de acuerdo. Tratamos de que esas discusiones sean a puerta cerrada, especialmente el manejo de personas.
¿Qué significa para ustedes ser contadores públicos en Venezuela actualmente?
Alfredo: Es un gran reto. Además, yo he tenido una vida gremial muy activa. Fui el presidente fundador del IDEPRO (Instituto de Desarrollo Profesional), recibí la Orden del Contador Público en el Zulia, la Orden Luca Pacioli en Caracas, y la Orden al Mérito del Trabajo Clase Oro del Gobierno Nacional. He sido miembro del Instituto de Auditores Internos Internacional y conferencista. Para mí, ser contador público lo es todo.
Andrea: Es un gran reto y un profundo orgullo. Somos profesionales sumamente integrales. El que tiene disciplina puede alcanzar un nivel de conocimiento y experiencias infinito. Significa un mar, un océano de posibilidades. Nuestra profesión nos otorga fe pública, por lo que la ética es el lineamiento número uno. Es una tarea difícil porque el interés económico siempre intenta sacarte del carril.
¿Cómo definen el éxito en su profesión?
Alfredo: Para mí, el éxito es mantenerse vigente. Además, tener una vida personal y familiar que se desarrolle bien gracias a la profesión. Siempre he sido una persona que ha buscado estar en lo más alto: le dije al presidente corporativo de COBECA que quería estar allí donde él estaba, y lo fui muchos años después.
Andrea: El éxito es mantenerse vigente en la actualidad. Tener la posibilidad de tener un trabajo que te permita mantener una calidad de vida con una buena vida personal. En mi caso, me ha permitido tener y mantener una familia que viva bien gracias a la profesión.
¿Qué consejo le darías a quienes desean emprender en el área contable?
Alfredo: Que tengan la voluntad de hacerlo, porque tendrán éxito. Este es un negocio que va a crecer exponencialmente en Venezuela, llegando a haber escasez de contadores públicos. Van a ganar mucho más dinero trabajando libremente con varios clientes que bajo relación de dependencia, y tendrán capacidad de ahorro en divisas.
Andrea: Constancia, dedicación y mejoramiento continuo. El mejoramiento continuo es imprescindible en esta profesión para seguir adelante.
¿Qué admira usted de Andrea? ¿Qué admira Andrea de papá?
Alfredo: Andrea es muy estudiosa y muy inteligente. Una mujer con capacidades increíbles y realmente muy aplicada, es mi cara acá en la firma.
Andrea: Admiro su perseverancia y su optimismo. Él siempre está «excelente», siempre está bien. Es muy optimista, se mete en muchos proyectos e invierte en ellos. Ahorita está en uno muy importante que le quedará a sus hijos.
¿Algún sueño en específico que tengan para esta firma que compartan ustedes dos?
Alfredo: Queremos fortalecer más el concepto de servicio de auditoría. Hemos dejado atrás la gestión de tantas contabilidades (Andrea llegó a tener 35 clientes) porque el servicio de auditoría genera mejores honorarios y mejor paga. Quiero agregar unos cuatro clientes de auditoría importantes, y con eso, listo, me «acuesto a dormir» tranquilo.
¿Cómo les gustaría ser recordados como profesionales y como familia?
Alfredo: Como familia, me gustaría ser recordado como un hombre serio que crió muy bien a sus hijos. Como profesional, me gustaría acercarme otra vez al gremio y que me reconozcan por mi trayectoria.
Andrea: Primero, que nos reconozcan a nosotros mismos como una familia muy correcta, que se ama mucho y que siempre hemos estado el uno para el otro. Personalmente, sigo trabajando y luchando para hacerme mi propio nombre dentro de la profesión.
¿Un hobby? ¿Algo que le guste hacer en sus tiempos libres?
Alfredo: Me gusta el deporte, especialmente el golf. Soy muy familiar, me gusta sentarme frente a mi casa con mi esposa y mis parientes, hacer una parrillada y tomar un buen whisky.
Andrea: Actualmente no tengo un hobby definido, aunque he estado conectada con el entretenimiento asiático y empecé a aprender el idioma japonés. Es importante retomar una actividad que sea personal para reconectar con la salud fuera de la labor de la firma.
¿Un lema de vida?
Alfredo: ¡Excelente! ¡Excelente, siempre!
Andrea: Somos un negocio inteligente y siempre vamos rumbo hacia el éxito.
La historia de los Monasterios no solo es la de un apellido asociado a la contaduría, sino también la de una familia que ha hecho del trabajo, la ética y el conocimiento su forma de vida. Alfredo Monasterios representa la generación que abrió camino con esfuerzo, que se formó en tiempos de desafíos y que se mantuvo firme ante las exigencias de la profesión. Su ejemplo de perseverancia, visión y compromiso sembró en su hija Andrea la pasión por la excelencia.
Hoy, ambos comparten no solo un lazo familiar, sino una filosofía común: la de ejercer la contaduría con integridad, actualizarse constantemente y aportar al gremio desde la docencia y la práctica profesional. Andrea, con su mirada firme y su vocación docente, ha sabido recoger el testigo que su padre le entregó, consolidando un legado que trasciende generaciones.
Juntos simbolizan el valor de la familia profesional: aquella en la que el conocimiento se hereda, se enriquece y se transforma. En la familia Monasterios conviven la experiencia y la juventud, la sabiduría y la innovación, el maestro y la discípula. Y aunque cada uno ha trazado su propio camino, ambos confluyen en una misma convicción: que el verdadero éxito no está solo en alcanzar metas, sino en dejar huellas imborrables en quienes vienen detrás.
Su historia inspira a las nuevas generaciones de contadores a ver la profesión no como una simple labor técnica, sino como un compromiso ético con la sociedad, con la verdad y con el país. En los Monasterio, la contaduría no es un oficio: es una forma de vida que se honra con dedicación, respeto y amor por lo que se hace.