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Francisco Javier Romero Villasmil, nacido el 13 de agosto de 1965 en Maracaibo, estado Zulia, es un destacado profesional venezolano en el ámbito de la contaduría pública, la auditoría y la gerencia, con una sólida trayectoria en el sector financiero y en el ámbito académico universitario. A lo largo de sus 60 años de vida, ha consolidado una carrera marcada por la excelencia, la disciplina y el compromiso con la formación de nuevas generaciones de profesionales.

Licenciado en Contaduría Pública por la Universidad del Zulia, complementó su preparación académica con una Especialización en Auditoría, estudios doctorales y posdoctorales en Ciencias Gerenciales y Gerencia en las Organizaciones en la Universidad Dr. Rafael Belloso Chacín (URBE), donde orientó sus investigaciones hacia la ética como referente epistémico y la construcción de una cultura de paz en instituciones de educación superior.

Su desempeño académico se distingue por múltiples distinciones, en el ámbito profesional, inició su carrera en el sector bancario, donde durante más de dos décadas ocupó cargos de alta responsabilidad en Sofioccidente Banco de Inversión C.A., ascendiendo desde auxiliar de finanzas hasta gerente de administración y contabilidad.

Posteriormente, ejerció funciones de consultoría financiera, tributaria y contable, así como asesor independiente en reconocidas firmas de la región. 

Paralelamente, Romero Villasmil ha desarrollado una extensa trayectoria como docente e investigador.

Desde el año 2007 formó parte de la Universidad Dr. José Gregorio Hernández (UJGH), donde impartió cátedras de Contabilidad, Auditoría y Normas Internacionales de Información Financiera, además de desempeñarse como Director de la Escuela de Contaduría Pública, Director Académico y Vicerrector Administrativo. 

Casado desde hace tres décadas y padre de dos hijos (un contador público y una abogada), Francisco Romero ha sabido equilibrar su vida profesional con el compromiso familiar, forjando valores de esfuerzo y superación en su entorno cercano. 

 

Francisco, como Director de Escuela, Director Académico, Vicerrector Administrativo en la universidad José Gregorio Hernández, ¿cuáles considera que fueron sus principales logros y desafíos durante esas gestiones?

Uno de mis principales logros fue la creación de un plan de estudios basado en competencias, lo que significó una revisión completa del pensum para hacerlo más relevante para la profesión. 

También nos enfocamos en establecer áreas de investigación y trabajo comunitario, incorporando la investigación cualitativa en el reglamento de trabajos de grado con el objetivo de que los profesores y estudiantes aplicaran sus conocimientos en proyectos con un impacto directo en la sociedad. 

Hubo una excelente colaboración con el Colegio de Contadores, ya que buscamos alinear nuestro pensum con las nuevas tendencias de la profesión. Una iniciativa clave fue la incorporación de las Normas Internacionales de Información Financiera (NIIF) en el programa de estudios. A través de la Federación del Colegio de Contadores, muchos de nuestros docentes participaron en la certificación de estas normas, lo que fortaleció la calidad de la enseñanza y nos permitió crear espacios de trabajo para los estudiantes enfocados en el área de normas internacionales. 

También nos dedicamos a la captación de docentes con un perfil actualizado y a la creación de unidades para la «Escuela de Gerencia,» que en ese entonces se llamaba «Escuela de Comercio.» Estos proyectos no solo enriquecieron el plan de estudios, sino que también nos posicionaron como una institución que respondía activamente a las necesidades del entorno profesional.

¿Qué lo motivó a dedicarse de forma tan profunda a la educación superior?

Diría que todo fue por casualidad. En realidad, yo ejercía mi carrera en la banca desde 1986 y tenía mi propia firma de contabilidad independiente. Sin embargo, después de completar mi maestría en auditoría, un compañero que era director de escuela en la Universidad Dr. José Gregorio Hernández me contactó porque necesitaba un profesor. 

 

Siempre me había apasionado la idea de transmitir mis conocimientos y experiencias, así que acepté la oportunidad de trabajar con ellos. Ahí fue donde descubrí mi pasión por la docencia. Me di cuenta de que al llevar al salón de clases mis experiencias reales y casos prácticos, lograba generar un gran entusiasmo en los estudiantes, ya que no era la rutina teórica tradicional. Esa conexión que lograba con grupos de 50 o 70 estudiantes fue lo que me impulsó a dedicarme a la educación de manera más profunda.

¿Qué consejo le daría a otro profesional que aspira con liderar un departamento universitario, o que aspira a estar involucrado de manera tan directa en la formación de profesionales?

El consejo principal que daría es la actualización permanente de la profesión. No podemos formar a las nuevas generaciones si no les enseñamos las últimas actualizaciones. Es como cualquier otra carrera: un médico, un ingeniero o un arquitecto necesita renovar sus conocimientos constantemente. En nuestra área, como contadores públicos, es igual. A pesar de las limitaciones económicas, fiscales y políticas en Venezuela, nuestro papel sigue siendo vital en el avance de la economía.

Es crucial que cualquier profesional que quiera ser líder en una universidad, ya sea en un cargo administrativo o como docente, se mantenga actualizado. Los docentes, en particular, deben ser líderes en sus aulas. La actualización constante nos permite ofrecer a los jóvenes conocimientos, habilidades y experiencias nuevas para que puedan desarrollar un pensamiento crítico sobre su futura profesión.

A su juicio, ¿cuál es el rol fundamental de la universidad en la formación de los contadores públicos de hoy? ¿O cómo cree que la tecnología también ha impactado en este rol?

La tecnología ha impactado de manera muy positiva, especialmente ahora con la inteligencia artificial. Siempre ha sido una herramienta que ha ayudado al avance de nuestra profesión. 

Las universidades, en respuesta a esto, se han alineado para formar profesionales más proactivos, observando los cambios a nivel nacional e internacional. El rol fundamental de la universidad es revisar y actualizar de manera gradual sus programas de estudio, especialmente el eje contable de la carrera, para alinearse con las nuevas tendencias y normas internacionales. 

Aunque en Venezuela enfrentamos limitaciones económicas, fiscales y políticas que a veces nos impiden avanzar adecuadamente, siempre hemos intentado adaptar estas normas, un proceso que llamamos la “tropicalización de las normas internacionales”. A pesar de estas dificultades, he visto cómo las universidades tienen el interés de mantener el pensum actualizado para darle a los estudiantes un conocimiento al día y un aporte profesional de calidad.

¿Qué enseñanzas pudo obtener de la profesión mientras estaba fuera del país?

En 2019 estuve un año completo en Chile trabajando con una universidad y me permitió darme cuenta de que, a pesar de las limitaciones que teníamos en el país, estábamos en el camino correcto en la profesión. En la universidad donde trabajé, vi cómo ya estaban aplicando e incorporando normas internacionales que en Venezuela apenas estábamos empezando a estudiar. 

También me agradó ver en mis clases a profesionales de diferentes áreas, como ingenieros, economistas y psicólogos, que querían aprender sobre contaduría pública. Ver que otros países estaban más avanzados en estas áreas que nosotros queríamos alcanzar, me dio mucha satisfacción. Me hizo pensar: «Estamos por el camino. Lento, pero estamos por el camino».

¿Qué diferencias encontró entre el ejercicio de la contaduría y la educación superior en el extranjero en comparación con Venezuela?

La principal diferencia que noté fue el marcado atraso de Venezuela en comparación con el extranjero, especialmente debido a nuestra situación económica y política. En el extranjero, las universidades y los profesionales estaban mucho más avanzados en la implementación de nuevas disposiciones y normativas, como las Normas Internacionales de Información Financiera (NIIF) y los estándares de auditoría.

Esto se reflejaba no solo en la actualización de los programas de estudio, sino también en la aplicación diaria de la tecnología. Por ejemplo, al regresar en 2020, aquí se discutía sobre las criptomonedas como un tema novedoso, mientras que en otros países ya eran una realidad cotidiana, con transacciones que se podían hacer al instante desde un teléfono con un código QR. En el extranjero, el contenido era más actual y se implementaba con más rapidez.

A pesar de las diferencias en cuanto a tiempo y distancia, en Venezuela siempre he visto el esfuerzo constante de las personas en las universidades y en los comités profesionales por mantenerse al día e incorporar esos conocimientos en los programas académicos, buscando siempre reducir esa brecha.

Luego de trabajar cierto tiempo fuera del país, ¿qué lo impulsó a regresar y cuáles son las metas o los proyectos que usted se ha planteado luego de su regreso?

Me impulsó a regresar la educación de mis hijos. En el extranjero, la incorporación a la universidad es muy costosa, a diferencia de Venezuela. Mi hija se había ido antes que yo, en 2017, y cuando llegué en 2019 aún no había podido inscribirse en una universidad debido a los altos costos de la matrícula. Le dije que en Venezuela tenía la oportunidad de estudiar en una universidad privada de manera más accesible. Ella tomó la decisión de regresar conmigo.

Mis proyectos a futuro, después de este regreso, son realizar un estudio fuera del país, específicamente en universidades de Madrid.

El año pasado usted recibió la Orden Fray Luca Pacioli. Fue además el orador de orden en ese evento. ¿Qué sintió usted al recibir este importante reconocimiento y ser seleccionado para dar el discurso?

Fueron dos momentos muy emocionantes. Primero, cuando me notificaron que había sido calificado para recibir la Orden Fray Luca Pacioli, sentí una gran satisfacción. Al principio dudaba en enviar mi documentación, pues me relaciono con muchos profesionales que fueron mis maestros y los veía en otro nivel. Sin embargo, un colega me animó. Cuando me seleccionaron, fue una grata sorpresa, especialmente al enterarme de que un comité especial con personas de gran reconocimiento profesional y calidad humana evalúa los expedientes.

El segundo momento, y que me llenó aún más de satisfacción, fue cuando me comunicaron que sería el Orador de Orden. No sabía cómo era el proceso para esa selección, pero me explicaron que mi expediente había obtenido la mayor calificación entre todos los candidatos, lo cual fue para mí un reconocimiento aún mayor. Lo disfruté enormemente con mi familia. Pese a que estaba un poco nervioso, pude preparar mi discurso y compartir un momento tan especial con ellos.

¿De qué fue su discurso? ¿Cuál fue el tema central?

Mi discurso se centró en tres temas principales. Primero, quise hablar sobre el significado de la Orden Luca Pacioli y el papel de la contaduría como una ciencia que contribuye al desarrollo de la sociedad. Segundo, me enfoqué en los valores y la ética que cada contador público debe tener, así como en los dilemas que enfrentamos en nuestra profesión. Finalmente, abordé el tema de la inteligencia artificial para desmitificar la idea de que reemplazará a los contadores. Mi mensaje fue que, en realidad, estas herramientas complementan nuestra labor. Concluí el discurso haciendo énfasis en la preparación permanente que todo profesional debe tener para poder ejercer su profesión con excelencia.

¿Cómo se siente el saber que su trabajo y dedicación ha sido reconocido de esta manera?

Me siento con una gran satisfacción, especialmente en el ámbito personal. Considero que el reconocimiento profesional, aunque es valioso, es una experiencia que se va adquiriendo, pero es la persona la que realmente te define. Mi trayectoria en el colegio de contadores, donde me relacioné con profesores que me dieron clase, me ayudó a crecer y a mejorar profesional y técnicamente. Que se reconozca mi trayectoria y dedicación a través de la Orden Luca Pacioli, me llena de una enorme satisfacción en mi ejercicio profesional.

¿Cómo define usted el éxito?

Personalmente defino el éxito como un elemento que te da seguridad, pero que siempre debe ir acompañado de humildad, porque si no, es muy fácil que te consuma. Es la combinación de esa seguridad con la humildad y el carisma, lo que te genera una condición de éxito tanto en lo profesional como en lo personal.

Para quienes lo conocen, usted es un referente profesional, pero ¿Quién es la persona detrás del título, detrás del profesional? ¿Qué lo caracteriza a usted como persona?

Me considero una persona a la que le gusta mucho conversar, escuchar y transmitir mis conocimientos sin limitaciones. Aunque muchos me dicen que lo doy todo sin cobrar, creo que esta cualidad proviene de mi vocación como docente. Siempre busco que el estudiante no solo aprenda la parte profesional, sino que también le imprima su propio estilo, porque cada profesión tiene el suyo. Siento que me caracterizo por dar lo mejor de mí de forma tranquila, porque siempre he creído que, al dar, no estoy perdiendo. Si doy mi «receta», sé que la otra persona no obtendrá los mismos resultados porque le falta ese toque personal. Eso es lo que siempre intento transmitir a los demás, y también a mis hijos. Les he dicho que hagan lo que hagan, que traten de hacerlo bien, porque el estilo y la condición de cada persona es lo que realmente los diferencia.

¿Tiene algún hobby?

Sí, claro que tengo. Me gusta ir al gimnasio y hacer una actividad llamada «Jump» que se practica en un trampolín. También me encanta el baile; lo practico en el gimnasio. Me parece muy relajante y me ayuda a despejar la mente.

¿Cómo balancea su vida profesional con su vida personal y familiar?

He tenido que aprender a hacerlo, porque al principio de mi carrera, a mis 16 años, era mucho más profesional que familiar. Me dedicaba por completo al trabajo, y en retrospectiva, a veces me perdía de eventos importantes con mi familia. Le agradezco a Dios haber tenido jefes muy disciplinados, lo que me ayudó a desarrollar un fuerte sentido de la responsabilidad para poder apoyar a mi esposa y a mis hijos.

Con el tiempo, he aprendido a darle a cada aspecto de mi vida su debida importancia. El tiempo me ha enseñado a detenerme y disfrutar de otras cosas. Creo que esto es un proceso natural: cuando eres joven, quieres comerte el mundo, pero a medida que maduras, tus prioridades cambian. Uno aprende a combinar la vida profesional y personal para que todo funcione de manera armoniosa.

¿Qué papel ha jugado su familia en su trayectoria profesional?

Mi familia ha sido el motor de mi carrera. Recuerdo cuando estaba terminando mi doctorado y tenía algunas cosas pendientes; mi esposa me dijo que no pospusiera la tesis, que ella me ayudaría como fuera. Su apoyo fue fundamental en ese momento. Además, la participación de mis hijos en cada una de mis graduaciones y actividades ha sido un impulso invaluable. Todo lo que he hecho ha sido para servirles de ejemplo, para que vean la importancia de formarse y encontrar su propio camino.

¿Desde el punto de vista personal hay alguna meta, algún sueño por cumplir? ¿Algo que usted quisiera hacer?

Sí, tengo varias metas por cumplir. Desde el punto de vista profesional, me gustaría aprender y mejorar mi dominio del inglés y el francés. En lo personal, mi sueño es adquirir nuevos activos, pero fuera del país. Es un proyecto que estoy trabajando con mi esposa y mis hijos.

¿Qué lecciones de vida le gustaría transmitir a las nuevas generaciones de contadores públicos en Venezuela?

La primera lección es la actualización permanente. El mundo de la contaduría cambia constantemente, y es vital mantenerse al día. La segunda, y más importante, es que identifiquen que realmente les gusta lo que hacen. Cuando te apasiona tu profesión, siempre le encontrarás nuevos atractivos y nunca te cansarás de ella. Identificarse, alinearse y actualizarse con la profesión es lo que te permitirá tener una mejor calidad de vida y ser más amplio en tus decisiones, además de disfrutar lo que haces. 

¿Cuál es el mayor aprendizaje que usted le quiere dar a sus hijos?

El mayor aprendizaje que he querido darles es el de los valores, como la lealtad, la responsabilidad y el compromiso. Siempre se los he enseñado con el ejemplo, no con palabras. Hoy, al ver a mis hijos tan bien en otros países, me doy cuenta de que mi esposa y yo hicimos un buen trabajo. Mi mensaje para ellos es que valoren y amen lo que tienen, que se identifiquen con su profesión, y eso les dará buenos resultados.

Para cerrar, ¿un lema de vida?

Mi lema de vida es: “En la sencillez está la humildad del corazón”. Creo que, si los seres humanos aplicáramos esto, entenderíamos que lo que obtenemos en la vida es merecido, sin que eso nos lleve a ser orgullosos. Debemos mantenernos siempre sencillos y humildes de corazón.

Francisco Romero, demuestra que la verdadera trascendencia no solo se mide en cargos o títulos académicos, sino en el legado que se deja en los demás. Con treinta años de matrimonio, dos hijos profesionales y una trayectoria intachable ha sido un ejemplo de ética, constancia y liderazgo, dejando huellas significativas tanto en el ámbito empresarial como en la educación superior venezolana.

Hoy, con seis décadas de vida cumplidas, mantiene la misma pasión que lo impulsó desde joven: la convicción de que el conocimiento tiene un valor transformador cuando se comparte.