En un mundo donde la contaduría ha experimentado una revolución silenciosa pero profunda, María Eugenia González Marcano se posiciona como una profesional que ha sabido navegar con maestría y visión los constantes cambios de su disciplina. Nacida en San Cristobal y criada en Barquisimeto, egresa en 1986 de la Universidad Fermín Toro. Hoy con más de 35 años de ejercicio profesional, María Eugenia representa la transición y adaptación del contador público venezolano a los estándares internacionales que hoy dominan el campo financiero global.
Su trayectoria es un ejemplo de perseverancia y compromiso con la excelencia. Desde los días en que la contabilidad se regía por principios venezolanos tradicionales, hasta la actualidad, donde las Normas Internacionales de Información Financiera (NIIF) se aplican en más de 120 países, María Eugenia ha sido testigo activo y agente de esta transformación, adaptándose y preparándose continuamente para mantenerse a la vanguardia.
Para ella, la contaduría no es solo una profesión, sino una carrera de mejora continua que exige actualización constante y un profundo compromiso con el conocimiento. En un entorno marcado por normativas cambiantes y avances tecnológicos, María Eugenia González se destaca por su capacidad para interpretar y aplicar estos cambios, ofreciendo un aporte fundamental para la consolidación y profesionalización del sector contable en Venezuela.
Más allá de su vida profesional, María Eugenia ha formado una familia sólida y unida. Madre de tres hijos adultos, todos ellos profesionales que siguen su ejemplo de dedicación y superación, su legado trasciende el ámbito laboral y se refleja en la formación integral de su familia, destacando el equilibrio entre la vida personal y el compromiso con el desarrollo profesional.
¿Cómo decidió estudiar Contaduría Pública? ¿Hubo alguien que le inspiró a elegir esa carrera?
“Yo soy bachiller en Humanidades y cuando tuve que elegir qué estudiar, me di cuenta de que no había muchas opciones para mi perfil en las universidades de barquisimeto. Me llamaba mucho la atención la imagen profesional que veía en los bancos: mujeres con medias, tacones, faldas y camisas blancas, y hombres en trajes, que lucían muy profesionales. Eso me motivaba; yo decía “quiero ser así, quiero vestirme así y trabajar de esa manera”.
Al principio pensé en estudiar secretariado porque me dijeron que con eso podría trabajar en un banco, pero mi papá, que trabajaba en educación superior y era director de un instituto, tomó la iniciativa. Él fue a la Universidad Fermín Toro, recogió mis notas y me inscribió en un curso básico de administración y contaduría. Fue ahí donde me dijeron que luego podría decidir si quería ser administrador o contador público, y así fue como finalmente decidí estudiar contaduría pública.”
¿Qué cambios o avances tecnológicos considera que han sido los más significativos en la contabilidad desde que empezó hasta ahora?
“Yo egresé en 1986, por lo que ya llevo 35 años como profesional graduada. Los cambios que he visto son inusitados e inimaginables. La contaduría es una carrera de mejora continua; no puedes descuidarte, siempre tienes que estar preparándote y actualizándote profesionalmente.
Cada día hay avances y actualizaciones, sobre todo en normas internacionales. Cuando yo estudié, aprendíamos con los principios de contabilidad venezolanos, pero hoy en día hemos dado un gran salto con la adopción de normas internacionales que son aplicadas en más de 120 países. Esto representa un cambio radical, pues ahora podemos trabajar sin necesidad de hacer equivalencias para ejercer en otros países, lo cual marca un antes y un después en la profesión contable.”
¿Cuáles cree que son los cambios más significativos que le ha tocado experimentar a lo largo de su carrera? ¿Cuál ha sido el mayor desafío que ha enfrentado?
“Una anécdota que considero única es cuando trabajaba en KPMG y un día llegué a la oficina y en nuestros escritorios apareció una máquina cuadrada que no nos dejaba extender nuestras hojas de trabajo. No sabíamos qué era y nos preguntábamos dónde íbamos a trabajar, si en el piso, porque esa máquina ocupaba todo el espacio. Esa máquina era una Macintosh, que fue la primera inversión tecnológica que llegó a cada escritorio.
Aprender a encenderla y usarla fue un reto total, porque no tenía la facilidad de los sistemas actuales, no contaba con ventanas múltiples ni programas intuitivos. Nos tocó introducir manualmente los estados financieros de los clientes en esas máquinas, lo cual representó un antes y un después en la forma de trabajar.
El mayor desafío ha sido sin duda mantenerse al día con la tecnología. La tecnología siempre va delante de nosotros y uno se siente constantemente persiguiéndola. Es agotador porque en la carrera siempre buscas cumplir metas, dar por finalizado un objetivo, pero con la tecnología eso nunca termina: siempre hay algo nuevo que aprender. Ahora, con la inteligencia artificial, que es la evolución de herramientas como el celular o la Macintosh en su momento, debemos afrontarla, asumir el reto y sacar el mayor provecho posible porque llegó para quedarse.”
¿Tiene alguna anécdota graciosa o memorable durante su trabajo con clientes o en la oficina que quiera compartir?
“Una anécdota que nunca olvido ocurrió cuando trabajaba en KPMG. En esa época, viajábamos mucho para realizar auditorías y cada empresa representaba un nuevo reto, porque la auditoría nunca es repetitiva; cada caso trae sus propias enseñanzas. En varias ocasiones, cuando me encontraba ante un conflicto o un “cuello de botella” y debía dirigir al equipo para resolverlo, sentía que no sabía cómo actuar. Entonces, como buscando un respiro, me retiraba al baño y, curiosamente, siempre que regresaba tenía una solución clara para el problema.
Mis compañeros de trabajo notaron esta costumbre y me lo comentaron: cada vez que yo iba al baño, volvía con la respuesta que necesitábamos. Fue una forma particular de encontrar inspiración y aclarar mis ideas en momentos de presión, algo que hasta hoy sigue ocurriendo.
Otra situación memorable fue en mi rol de docente universitaria. En una ocasión, durante un examen, vi a un alumno caminando en planta de pie solo con medias, y al preguntarle por qué, me contó que su madre le compraba los zapatos y que, por respeto y cariño, él seguía usándolos aunque le quedaran pequeños y apretados. Más adelante, en otro semestre, el mismo alumno me confesó que ese día buscaba una chuleta que había escondido en el zapato durante un examen, pero no la encontraba y por eso se quitó las medias. Terminó rindiendo el examen descalzo y me confesó que no debería dejar que nadie más se quitara los zapatos. Fue una situación divertida que reflejaba la creatividad y las dificultades del estudiante.”
Actualmente, de todos los trabajos que ha tenido, ¿de cuál se siente más orgullosa?
“Diría que hay tres que me han marcado profundamente. Haber pasado por una firma como KPMG es algo que deja huella: te da personalidad, forma tu manera de trabajar y de liderar. Para mí, fue mi escuela.
Después, desempeñarme como directora de finanzas de la parte centro-occidental de Protinal del Zulia también fue una experiencia enriquecedora. Allí trabajé con una planta beneficiadora de aves y una planta de alimentos concentrados, además de recorrer distintas zonas del occidente del país donde teníamos puntos de trabajo. Fue una etapa que me dejó grandes recuerdos, tanto vivenciales, por el equipo con el que compartí, como profesionales, enfrentando retos importantes.
Y hoy, en la docencia, estar cerca de la juventud es algo hermosísimo. Escucharlos, ver cómo improvisan, cómo analizan y le dan la vuelta a las cosas, cómo perciben el mundo de una forma tan distinta… Eso me motiva a intentar cerrar la brecha generacional para caminar juntos, educarlos y formarlos como los profesionales que, en un futuro, tendrán la responsabilidad de hacer crecer este país.
Por eso, decir que solo un trabajo ha sido el más especial sería injusto; todos me han dado satisfacciones inmensas.”
Un consejo para las nuevas generaciones de contadores públicos, ¿cuál sería?
“Diría que se preparen constantemente. Se suele decir que el éxito es la combinación de suerte y conocimiento. Puedes tener oportunidades por tu entorno, pero si no cuentas con la preparación, nunca alcanzarás el verdadero éxito. Por eso, prepárate siempre, porque ningún conocimiento (por pequeño que parezca) está de más.”
Más allá de su trabajo, ¿cuáles son los hobbies que usted tiene? Algo que le apasione hacer, quizás en los tiempos libres.
“Bueno, de verdad que hobbies, diría que me gustan las manualidades, vamos a decir así. Me gusta disfrutar mi casa. Pienso que la vida profesional me sacó mucho de mi vida familiar; ocupó mucho espacio, sobre todo cuando mis hijos eran niños y estaban en su desarrollo.
Hoy tengo como un deleite el vivirlos, el compartir con ellos, compartir momentos en mi casa, con mi familia. Me encanta esa experiencia, porque cuando más joven no la pude vivir. No sabemos con certeza hacia dónde se dirigirán mis hijos o qué acciones tomarán, y por eso hay que aprovechar al máximo el tiempo presente. Estar en casa y dar calor de hogar en los momentos que estoy allí es algo que me satisface profundamente.»
¿Algún aprendizaje de la vida profesional que usted traslade a la familiar?
“Realmente es mi esposo quién me ha enseñado que la vida profesional es una y la vida familiar es otra. A través de él aprendí, con el tiempo, a dejar la vida profesional en la puerta de la casa y entrar de lleno a la vida familiar.
Esta carrera de contador público es una profesión que no tiene horario; es fácil cometer el error de llevarse el trabajo a casa, con largas jornadas e incluso fines de semana ocupados. Desde ese punto de vista, es muy demandante. Por eso, más que trasladar aprendizajes, creo que lo importante es crear un equilibrio sano entre el desempeño profesional y el hogar.”
¿Algún recuerdo especial o una lección que le haya enseñado su familia?
“Sí, mi familia (mis hermanos, mis padres, el grupo amplio) me inculcó valores, principios y respeto. Son cosas que pueden parecer triviales, pero que hoy en día están tan ausentes: el valor al adulto, el respeto, el dar los buenos días o las buenas tardes. Cada vez se ven menos. También el amar a tus padres y apreciar a tu familia.”
¿Esos serían valores que usted le gustaría dejar a sus hijos?
“Yo diría que son valores que yo viví y que todavía disfruto hoy en día. Trato, dentro del ambiente universitario, de alguna manera inculcarlos en las nuevas generaciones, y sin duda forman parte de mi entorno familiar. Saber que la familia no lo es todo, sino que la familia es lo más importante, es algo que debemos tener siempre presente.
Recuerdo una ocasión en la que mi madre, tuvo una gran pelea con sus hermanas. Yo estaba viviendo en Maracaibo y, al enterarme, viajé a Barquisimeto. Cuando llegué, vi que mi papá estaba hablando por teléfono con las hermanas de mi mamá y estaba muerto de risa. Cuando colgó, yo, indignada, le reclamé: “Papá, ¿cómo es posible? Ese es el respeto que tú le das a mamá. ¿Cómo puedes estar bromeando con personas que le hicieron daño?”.
Él me respondió: “Hija, para tener familia son muchas las cosas que debemos olvidar”. Desde que me dijo eso, comprendí que tenía razón. Y esa enseñanza va más allá de la familia: para tener relaciones profesionales, personales o amistades, muchas veces es necesario dejar de lado el rencor, porque si uno se aferra a él, deja de crecer como persona.”
¿Qué significa para usted el equilibrio entre la vida laboral y la vida familiar?
“Paz. Yo diría que la persona que logra alcanzar ese equilibrio realmente consigue paz, armonía y satisfacción personal. Claro que se logra, aunque en algunos momentos más que en otros, por las exigencias de nuestra carrera y porque, ante todo, está el cliente, a quien hay que atender y darle la información en el momento indicado. Hay épocas en las que se puede compartir de manera más generosa que en otras. Pero, sin duda, ese equilibrio significa paz, armonía y tranquilidad.”
Cuándo mira hacia atrás en su vida, ¿qué es lo que más atesora?
“Atesoro mucho mis recuerdos de infancia y trato de no olvidarlos. Creo que tuvimos una infancia hermosísima: juegos de muñeca, papagayos, bicicletas. Me gustaba el deporte (básquet, voleibol), muy alejados de lo que hoy representan los celulares y las pantallas. Me aterra ver bebés, porque un niño de un año o año y medio todavía es un bebé, lidiando con una pantalla en un aeropuerto o en un coche. He visto muchas veces en aeropuertos a niños frente a pantallas, cuando los especialistas dicen que su cerebro aún no está listo para procesar tanta información a esa velocidad.
Por eso atesoro mi infancia, la volvería a vivir con todos sus pros y contras: los regaños, las llamadas de atención, los castigos, los premios, la Navidad, los cumpleaños… la repetiría.”
Si le dieran la oportunidad de volver atrás, ¿cambiaría algo de su camino profesional o personal?
“Siempre pienso que, si volviera a nacer, volvería a ser auditor. Repetiría esa etapa que me llevó a ser gerente de auditoría en KPMG, pero esta vez llegaría al nivel de socio. Sin embargo, también reconozco que formar un hogar, compartir la vida con mi esposo y ver crecer a mis hijos me ha dado tantas satisfacciones que valió la pena haber renunciado a KPMG.
Cuando digo KPMG, me refiero a todo el profesionalismo que se vive dentro de esas organizaciones: el apoyo tecnológico, la capacitación, el crecimiento profesional y la proyección inigualable. Así que no cambiaría nada, lo viviría exactamente igual, aunque prolongaría mi presencia en las firmas de auditoría. Hoy en día esas empresas ya respetan más la vida personal; en mi época eran jornadas de sábados y domingos.
Recuerdo una anécdota: llegué a mi casa a las cuatro y media de la mañana, con una bebé de siete meses y otra de trece meses, después de trabajar. Llovía a cántaros y me dio pena abrir el portón por el ruido, así que pensé dormir en el carro un par de horas. Pero cuando apagué las luces, se encendieron las de la casa: era mi esposo, que me estaba esperando despierto. Esa acción me marcó profundamente, porque demuestra la complicidad y el apoyo en pareja.”
¿Qué mensaje le gustaría transmitir a otras mujeres, especialmente a las que aspiran a tener una carrera exitosa y una vida plena como la suya?
“Que sí es posible. Mi mensaje es positivo: se puede ser profesional y ama de casa; se pueden construir ideales, sueños y metas en algo que te apasione, y al mismo tiempo llevar una vida familiar plena. No es “lo uno o lo otro”: puede haber un equilibrio en el que desarrolles las dos facetas.
Es importante salir, interactuar con personas, conocer gente nueva, superar retos, porque eso te da autoestima, te demuestra que puedes, que eres capaz de enfrentar las circunstancias, que crees en ti y te proyectas. Creo que las mujeres somos lo suficientemente inteligentes y preparadas para desempeñar ambas tareas. Así que, si te gradúas y logras una profesión, ejércela.”
María Eugenia González Marcano representa un ejemplo inspirador de dedicación, resiliencia y equilibrio. A lo largo de su trayectoria profesional y personal, ha demostrado que es posible alcanzar la excelencia en el ámbito laboral sin descuidar los valores familiares y el bienestar personal.
Su compromiso con la actualización constante, su pasión por la docencia y su capacidad para enfrentar los retos tecnológicos y humanos hacen de ella una figura emblemática en el campo de la contaduría pública. María Eugenia no solo ha dejado una huella en las empresas donde laboró, sino también en las generaciones que forma, transmitiendo con su ejemplo que el éxito se construye con esfuerzo, pasión y un profundo sentido de responsabilidad y amor por lo que se hace.