Janeth Hernández Corona es una destacada profesional de la contaduría pública, con una trayectoria de 39 años dedicada tanto a la práctica profesional como a la vida académica y gremial. Cabimera de nacimiento, pero con sus raíces firmemente establecidas en Maracaibo desde su juventud, la pasión por su profesión la ha convertido en un referente en el estado Zulia y más allá.
Su formación académica es sólida y diversa. Posee una licenciatura en Contaduría Pública de la Universidad del Zulia (LUZ), un Magíster en Gerencia Tributaria y un Doctorado en Ciencias Gerenciales, ambos de la Universidad Privada Dr. Rafael Belloso Chacín (URBE). Además, cuenta con certificaciones en Normas Internacionales de Información Financiera (NIIF) y Normas Internacionales de Auditoría (NIA), así como un Programa de Perfeccionamiento Profesional en Docencia.
A lo largo de su carrera, Janeth ha demostrado un liderazgo efectivo y una habilidad notable para dirigir equipos multidisciplinarios. Su experiencia abarca roles de alta dirección como Decana de la Facultad de Ciencias Administrativas (2007-2018) y Decana de Investigación y Postgrado (2018-2023) en la URBE. Actualmente, se desempeña como Auditor Senior en el Club Náutico de Maracaibo y como docente e investigadora en el Instituto de Estudios Superiores de Investigación y Postgrado (EISIP) y en la Universidad Dr. José Gregorio Hernández.
Su compromiso con la profesión va más allá del ámbito laboral. Janeth es una figura activa en el sector gremial, ocupando roles como Coordinadora del Comité Permanente de Educación, Tecnología e Innovación de la Federación de Colegios de Contadores Públicos de Venezuela y Directora de Investigación y Divulgación del Instituto de Desarrollo Profesional del Colegio de Contadores Públicos del Estado Zulia (IDEPRO). También ha sido miembro de la Comisión Técnica de Educación de la Asociación Interamericana de Contabilidad (AIC) en varios períodos.
Gracias a su dedicación, ética profesional y valiosos aportes, ha recibido importantes reconocimientos, como la Orden Fray Luca Pacioli y la Orden del Contador Público, otorgadas por la Federación de Colegios de Contadores Públicos de Venezuela. Janeth Hernández se define a sí misma con la filosofía de que «la contaduría pública es un estilo de vida», y su carrera es un claro reflejo de esta creencia, la cual ha cimentado con cada paso que ha dado desde sus inicios, con una trayectoria tan consolidada, es inevitable preguntarse por sus primeros pasos en esta profesión.
¿Nunca soñó con estudiar otra profesión?
“No, en un principio mi madre, que fue mi figura a seguir, me desanimó de estudiar Derecho y Economía. Ella me aconsejó que estudiara algo que me brindara un futuro más estable. Además, Derecho le parecía peligroso.
Inicialmente, me inscribí en la carrera de Administración, pero durante el ciclo básico que compartía con Contaduría Pública, me apasionaron las materias contables. Por esta razón, decidí inclinarme por esta profesión y desde entonces, la contaduría pública ha sido lo que realmente me apasiona.”
¿Cuál fue su primer empleo luego de egresar de contadora pública?
“Mi primer empleo fue con el licenciado Luis Azuaje, en una firma donde estuve alrededor de ocho meses. Esa empresa fue una verdadera escuela para mí, ya que fue allí donde empecé mis primeras auditorías y contabilidades de manera formal.
Luego de eso, trabajé en el Banco de Maracaibo como supervisora contable de Visa, desde 1988 hasta 1992. Posteriormente, pasé por el grupo Fin de Siglo durante cinco años. Después de la firma, estuve en una empresa llamada Core Service, donde era gerente de tesorería. Esta compañía se dedicaba a estudios de suelo para empresas petroleras. Fue allí, por una serie de casualidades, que mi camino se cruzó con la URBE.
Una amiga de mi hermana, que estudiaba en esa universidad, necesitaba ayuda para entender las conciliaciones bancarias. Mi hermana me preguntó si podía explicarle y acepté. Después de la sesión, la estudiante me sugirió que impartiera clases, algo en lo que yo nunca había mostrado interés.
El decano de ese entonces, estaba buscando profesores. Mi hermana habló con él, me entrevistaron y luego me asignaron dos materias: Contabilidad bancaria y Contabilidad, en una sola sección por las mañanas.
Debido a que Core Service estaba pasando por problemas económicos, decidí dejar la empresa. Aunque mi intención era tener un horario más flexible para estudiar mi maestría, mi carga horaria en la universidad se expandió inesperadamente. Al reunirme con el director Jorge Nava, me entregó un horario con 38 horas de clase, que luego se convirtieron en 40. A partir de allí, comenzó mi larga trayectoria académica en la URBE, una institución que considero mi escuela, donde me formé y desarrollé gran parte de mi vida profesional.”
¿Cómo ha sido ese equilibrio entre lo profesional y lo personal?
“He sabido encontrar un buen equilibrio, además en mi familia siempre me decían: «mientras tú estés feliz, nosotros estamos felices». Para mí, la clave ha sido complementar mi vida profesional con la vida gremial. Me ha tocado trabajar con tres presidentes de la federación. Desde 2011, me uní a la Federación de Colegios de Contadores Públicos de Venezuela y asumí el rol de coordinadora del Comité de Educación, Tecnología e Innovación. Esto me dio la oportunidad de ser miembro de la Asociación Interamericana de Contabilidad (AIC), donde he participado en investigaciones y proyectos a nivel latinoamericano. Todas estas actividades han sido fundamentales para mantener un balance saludable en mi vida. He sabido mantener el equilibrio.”

¿Qué ha aprendido usted en su ejercicio profesional, en su carrera, que no lo enseñan los libros?
“Yo digo que todo, porque la información que teníamos al egresar era muy limitada. A diferencia de ahora que los jóvenes tienen acceso al internet y a la inteligencia artificial, en mi época nos guiábamos por textos americanos. No existía esa conexión entre la universidad y el trabajo.
Para mí, la verdadera escuela fue mi primer empleo. Aunque era una firma pequeña, manejaba clientes importantes como el Banco Popular y el Banco Provincial. En este trabajo, me tocó viajar mucho y hacer auditorías, lo cual me dio una experiencia muy valiosa.
También aprendí muchísimo de mis colegas en trabajos posteriores, uno de esos colegas, tenía una habilidad increíble para detectar problemas en los estados financieros con solo mirarlos. Esa experiencia práctica y el aprendizaje de mis mentores fue lo que realmente me formó como profesional.”
¿Existe alguna anécdota que la haya marcado en su vida profesional, académica y personal?
“Yo creo que todo me ha marcado, pero una gran anécdota para mí fue cuando me nombraron decana de la Facultad de Ciencias Administrativas en la URBE. En ese momento yo era solo jefa de cátedra y no tenía una relación cercana con las autoridades. Un día, el decano en ese entonces, renunció a su cargo y, para mi sorpresa, me enteré por la secretaria del Vicerrector Académico de que yo estaba en la terna de los candidatos.
Me quedé impactada. No me lo esperaba, pues yo estaba feliz con mi trabajo de docente y asesorando un negocio, lo que me daba un horario perfecto. El vicerrector de ese momento, me citó para hablar conmigo sobre eso. Subí a su oficina muy nerviosa, pidiéndole a Dios que me diera las palabras correctas.
Él me explicó la situación y me preguntó si podían revisar mi currículum para el cargo de decana o, incluso, de directora de escuela. Yo le respondí con sinceridad: «Donde la universidad me necesite, voy a estar. Si quiere que sea profesora, directora o decana, no tengo ningún problema».
Pasó casi un mes y, de repente, un lunes al mediodía, recibí una llamada donde me informaron que el consejo universitario había aprobado que yo fuera la nueva decana. Al principio, dudé si era una broma de mis colegas, teníamos juegos pesados, sin embargo, la noticia se confirmó cuando un compañero me felicitó, ya que se había enterado por otros colegas. No dije nada hasta que lo hicieron oficial, y así empezó mi vida como decana, dónde estuve 11 años en la facultad de ciencias administrativas y 5 años como Decana de Postgrado.”

Como directora del IDEPRO, ¿cuál considera usted que ha sido su mayor logro?
“Para mí, el mayor logro como directora del IDEPRO ha sido el trabajo en equipo. Siempre hemos trabajado con decisiones conjuntas y tenemos grupos donde compartimos información e impulsamos los cursos y todas las actividades que realizamos. Ha sido una experiencia muy positiva, ya que me he llevado muy bien con los distintos directores. De verdad, me siento como en casa al estar dentro de este gremio zuliano. No escogería otra carrera.”
¿Qué le ha inspirado a usted a estar involucrada de manera tan activa en esta vida gremial?
“Mi inspiración es la profesión en sí misma: ser contador público. Yo siempre digo que un contador que no haga vida gremial está fuera de contexto, porque es en el gremio donde uno se forma y se mantiene en constante evolución. No se trata solo de trabajar y aportar a las empresas, sino también de aportar a la profesión. Estar involucrada en estas actividades es mi manera de contribuir e involucrarme siempre.”
Profesora, estando involucrada con la orden de Fray Lucas Pacioli, ¿cómo aplica usted el valor de la ética en su trabajo diario?
“Cuando se trabaja con profesionalismo y compromiso, como profesional se le dice que no a muchas cosas. Mi éxito ha sido que, cuando trabajas con ética, te ganas el respeto de las personas. En los últimos 10 años, he sentido cómo ese respeto se ha reflejado en cada cosa que hago. Yo no tengo que bajarle la mirada a nadie.
Hay trabajos que simplemente he rechazado, porque no son éticos para un contador. Por ejemplo, no hago informes de certificación de ingresos si no conozco a la persona o si no puedo verificar que esos ingresos son reales. Ese ha sido mi eje central, y gracias a Dios, hasta el día de hoy no tengo nada de qué arrepentirme.”
¿Cuáles son los mayores desafíos que ha enfrentado y cómo los ha abordado?
“Mi primer y más grande desafío fue asumir el Decanato de Ciencias Administrativas. Era algo totalmente nuevo para mí. Tuve la suerte de que en ese momento se automatizaron todos los procesos en la universidad, lo cual me permitió conocer el sistema desde cero.
Sin embargo, el mayor reto fue enfrentarme a la gente que no me quería en ese puesto. Yo llegué a un lugar que nunca busqué y, como dicen, eso a veces genera resistencia. Mi estrategia fue «surfear la ola» y confiar en que, si llegué a ese cargo, fue por mi trabajo. Mi mayor desafío fue saber que lo que hacía, lo hacía bien, sin importar si a la gente le gustaba o no.”

¿Cómo aborda ahora, después de 39 años de graduada, los constantes cambios tecnológicos que enfrenta la profesión, y cómo visualiza el futuro de la profesión con la inteligencia artificial?
“¡Bienvenida sea la inteligencia artificial! Es cierto que al principio hubo cierta resistencia, pero la profesión ha avanzado mucho gracias a las tecnologías emergentes. Quien no se adapte, lamentablemente, quedará fuera, quedará atrás.
Yo la utilizo mucho, pero siempre con conciencia. Sé que debo verificar la información, adaptarla y saber usarla como una herramienta, no como un sustituto. Por ejemplo, mi jefe actual, que fue mi alumno, me ha ayudado mucho a sumergirme en este mundo tecnológico.
Creo que la profesión se va a beneficiar muchísimo de la inteligencia artificial, siempre y cuando la sepamos utilizar. Nos puede ayudar a crear modelos, preparar informes y apoyarnos en muchos aspectos útiles, pero el toque humano y la adaptación son insustituibles. Trabajar con gente joven también me ayuda a mantenerme al día con todas estas herramientas que surgen.”
¿Cómo es la dinámica en su familia?
“Mi familia es súper, súper unida, a pesar de que estamos dispersos. Mi papá tuvo cuatro hijos en su primer matrimonio, y mi mamá los crio a todos junto a los suyos, sin hacer ninguna distinción. Esa unión familiar ha pasado de generación en generación. Tengo sobrinos preciosos, muchos de ellos en el exterior, con los que me mantengo muy unida a pesar de la distancia. Para mí, la vida familiar es sagrada.”
¿Tiene tiempo libre y qué hace en él?
“¡Si supieras! Llego del club a las 5 de la tarde y, aunque a veces quiero seguir trabajando, mi cama me llama. Me apasiona ver series y películas, sobre todo las coreanas, ya me las he visto todas. Salgo a comer con amigos o viajo de vez en cuando, pero la tranquilidad en mi casa no la cambio por nada.”
¿Algún consejo para las nuevas generaciones de contadores?
“Sí, siempre tengo consejos. Les digo que no se queden solo con lo que aprenden en clase. Deben apasionarse por la profesión, ir más allá de las aulas y, cuando se gradúen, seguir con la formación continua, porque esta es una profesión que cambia todos los días. También es muy importante que se involucren en el gremio, ya que es la mejor manera de tener información de primera mano, evolucionar y aportar a la profesión.”
¿Cómo se ve Janeth Hernández de aquí a cinco o diez años?
“Me veo igual, muy activa en el gremio, muy coqueta (eso ya es mi marca personal), y más apasionada por la investigación. El contacto con el IAIC me impulsa a seguir trabajando para que Venezuela tenga un nivel profesional igual o mejor que otros países de Latinoamérica.”
¿Un lema o filosofía de vida?
“Definitivamente, la contaduría pública es un estilo de vida.”
Janeth Hernández Corona, a lo largo de su extensa carrera, se ha consolidado como un referente de la contaduría pública, no solo en la práctica profesional, sino también en el ámbito académico y gremial. Su camino, que la llevó a encontrar su verdadera pasión después de explorar otras opciones, es un testimonio de cómo la dedicación puede forjar una vida plena y exitosa.
A lo largo de su trayectoria, ha mantenido la ética como su pilar central, lo que le ha valido el respeto y reconocimiento de sus colegas. Janeth Hernández no solo mira hacia atrás con orgullo por lo alcanzado, sino que también mira hacia el futuro con entusiasmo, adoptando la tecnología y la inteligencia artificial como herramientas esenciales para el progreso de la contaduría.
Su filosofía de que «la contaduría pública es un estilo de vida» encapsula a la perfección la esencia de una carrera que ha sido, para ella, mucho más que un trabajo: una vocación inquebrantable.