Deivis Daniel Rojas Labarca es un Contador Público venezolano, un profesional cuya identidad está profundamente arraigada en los valores familiares y una trayectoria profesional de casi tres décadas marcada por la constancia y la evolución.
Nacido el 20 de enero de 1973, Deivis Rojas es originario de La Cañada, aunque su familia se mudó para asegurar un mejor futuro. Es el segundo de cuatro hermanos (una bioanalista, él como contador, un ingeniero electrónico y una contadora pública). Su formación personal se basa en la disciplina, la responsabilidad, la humildad y el respeto hacia el otro. Sus padres, a pesar de los escasos recursos, inculcaron la educación como la única herencia valiosa, un legado que Deivis honra con su profesión.
Tras la muerte de su padre, Deivis asumió un rol de coordinador familiar, una función que ya ejercía en vida de su progenitor gracias al liderazgo aprendido en instituciones como Rotarac, la Sociedad Bolivariana y la Brigada del Cuerpo de Bomberos. No obstante, recalca que la autoridad principal siempre recae en su madre, a quien consulta las decisiones clave. Mantiene una relación muy unida con sus hermanos, con quienes se apoya en todos los desafíos cotidianos.
Deivis Rojas se graduó en 1996 como Contador Público de la Universidad del Zulia, e inmediatamente comenzó su carrera en la firma PwC (PriceWaterhouseCoopers), donde ha permanecido por 29 años. Aunque inicialmente quería ser auditor, fue contratado como asistente segundo en el área de impuestos, línea de servicio que rechazaba. La paradoja se extiende a su permanencia, ya que planeaba irse en dos años, pero se ha mantenido en la línea tributaria por casi tres décadas, una situación que lo ha llevado a no hacer afirmaciones absolutas sobre el futuro.
Su mayor desafío como especialista tributario es el aprendizaje constante y la reinvención diaria ante el dinamismo de la economía, buscando siempre anticiparse a los problemas del cliente con innovación y conocimiento global.
Para él, la ética profesional es fundamental e innegociable y debe estar alineada con los valores de la firma, la cual da prestigio a su nombre.
El Licenciado Rojas considera que la contaduría pública es una profesión que te forma como un gerente, ofreciendo una comprensión de la economía a nivel mundial y una capacidad de gestión que va más allá del «debe y haber». Su consejo a los jóvenes es sentir orgullo por la carrera, trabajar con dignidad y disfrutar la juventud, ya que las experiencias laborales se adquieren después de graduarse.
En su vida pública, su experiencia como secretario de actas en la Sociedad Bolivariana le brindó valiosas habilidades de redacción, orden y protocolo. Su participación en la Cámara de Comercio busca fomentar una visión de ciudad que no solo beneficie a las empresas, sino que también promueva la cultura y la responsabilidad social.
Su personalidad se define por la constancia, el trabajo y el reto de ser mejor cada día. Además, cree firmemente que la imagen y el buen vestir son cruciales para la credibilidad profesional. Sus pasiones incluyen la lectura, el deporte (es aficionado del Real Madrid) y tiene como meta, escribir un libro.
¿Cómo describe Deivis Rojas la influencia de sus padres en su formación personal y profesional?
Bueno, personal, son los valores, la disciplina, la responsabilidad, la humildad, el valorar lo que se tiene, el valor en la casa, sobre todo la consideración del otro, el tomar en cuenta al otro y darle importancia a lo que tiene, a lo que se tiene. Ahora con respecto a la profesión siempre hubo el esfuerzo de que estudiaran, mi papá decía yo no les voy a dejar fortuna, no les voy a dejar ninguna herencia, la única herencia que yo les puedo dejar es la educación que yo les puedo dar, que sean las herramientas con las que ustedes se puedan defender y puedan generar un futuro mejor. Mi mamá es manualista, mi papá no estudió, pero siempre trabajó mucho, él tenía una venta de desayunos, entonces, mi papá aunque teniendo poca educación, decide alejarnos del sector donde vivía toda la familia, tanto de mi mamá como de mi papá, porque decía, es un sector donde no vamos a prosperar. Estas cosas marcaron mi formación. A nivel profesional, la influencia se centró en la educación como única herencia, lo que me llevó a estudiar. Inicialmente, por la necesidad de administrar los escasos recursos familiares, mi interés se inclinó por estudiar Administración. Sin embargo, mi padre quería que fuese militar o que estudiara una carrera corta, ya que no apoyaba la idea de una universidad larga y privada. Pese a esto, insistí en estudiar en la universidad. Un día antes de inscribirme, el profesor Nelson Cepeda me sugirió considerar la Contaduría Pública, argumentando que, a diferencia de la Administración, esta carrera permitía ser contador y administrador y ejercer de forma independiente, sin depender de un empleador. Tras investigar, concluí que la Contaduría era más completa que la Administración y, gracias a esa orientación del profesor Nelson, me inscribí en Contaduría Pública. Es gracias al profesor Nelson. No fue algo que algún amigo, algo en la casa, no, fue el profesor Nelson Cepeda, el que me hizo ese comentario el día anterior. Pareciera que es algo divino, que Dios lo envió. Para darme esa orientación vocacional.
¿Cuántos hermanos tiene?
Tengo tres hermanos, somos cuatro. La mayor es bioanalista, luego sigo yo, mi hermano es ingeniero electrónico y mi hermana menor contador público. Tengo cuatro sobrinos, dos sobrinos son contadores públicos, iniciamos ahí con la contaduría y se metió en la casa, dos contadores públicos, una está estudiando psicología, no la logré convencer de la contaduría, ya es suficiente, y tengo otro, pero bueno tiene una condición, entonces no, no está en un estudio, pero es más un entretenimiento para él que tiene 15 años, que a veces de pronto está aquí en el mismo colegio, porque es hijo de mi hermana menor contadora.
Tras la partida de su papá, usted asumió un rol bastante importante dentro de su familia ya que asumió el rol de su papá en algunos aspectos ¿Qué aprendizajes dejó asumir ese rol?
El rol de liderazgo en mi familia se fue gestando incluso antes de la partida de mi padre, mediante la coordinación en el manejo de recursos y la aportación económica en casa. Este estilo de liderazgo fue moldeado por mi participación en Rotaract, la Sociedad Bolivariana y la Brigada del Cuerpo de Bomberos durante mi juventud. Estos movimientos transformaron mi personalidad, que era muy callada, y me perfilaron como líder, enseñándome sobre la formación, el protocolo y la relación con autoridades.
Esta coordinación se trasladó a la casa, donde asumí la iniciativa en la toma de decisiones y la planificación familiar (como vacaciones y celebraciones), algo que hacía incluso en vida de mi padre. Tras su muerte, el rol se acentuó. Sin embargo, en un contexto social donde se espera una figura paterna, recalco que la dueña y quien manda es mi mamá, aunque yo asuma muchas coordinaciones
¿Qué papel han jugado sus hermanos en su vida y cómo se apoyan en los desafíos diarios?
Siempre hemos estado unidos, somos muy unidos, a pesar de las diferencias que tenemos y el carácter que puede ser fuerte en los cuatro, no me voy a salvar, aunque a veces se diga, quien nos conoce puede decir que yo soy el diferente. Más tranquilo, más sereno, más como que, bueno. Pero es importante, los cuatro nos complementamos en todo lo que tenemos que hacer y los cuatro siempre estamos, es decir, si hay algo eso, bueno, eso se encarga Maciel, de esto se encarga Daniela, esto me toca a mí, esto se encarga Gerardo, es decir, por los mismos gustos, las mismas actividades, como que el día a día ya cada uno tiene como que las asignaciones. Siempre estamos, vamos los viernes a cenar y estamos los cuatro, mis sobrinos pueden faltar, pero los cuatro estamos y rara vez faltaría alguno, pero en los planes siempre estamos los cuatro.
¿Qué valores familiares consideras que han marcado en su manera de trabajar y relacionarse con los demás?
Los valores familiares esenciales en mi vida y trabajo son el respeto y el trabajo constante. El respeto mutuo es clave, y si los valores no se comparten, la relación se limita a objetivos laborales. Mis padres nos inculcaron un fuerte ejemplo de sacrificio y dedicación sin importar la hora, dejando todo por el bienestar de sus hijos.
Personalmente, no tengo reproches para mis padres, entendiendo la dificultad de ser padre sin un manual. Justifico incluso las correcciones físicas de mi papá, pues yo era muy travieso («les tumbaba la casa»). Critico la hipocresía de juzgar a los padres por acciones que uno mismo ha repetido en la crianza de sus propios hijos o sobrinos.
En mi rol de tío y consejero, aplico esta experiencia: aunque mi mamá se preocupara por mi sobrino (Luis Daniel) que llegaba tarde, yo le recordé que yo era peor en mi juventud, y por lo tanto, no tenía moral para reclamarle. Además, le aconsejé disfrutar plenamente los últimos semestres de la universidad sin trabajar, porque esa etapa de la vida no vuelve. Le expliqué que las experiencias laborales se adquieren después de graduarse, y que la juventud debe ser aprovechada antes de que lleguen las preocupaciones del mundo laboral. Mi sobrino siguió el consejo, no trabajó, se graduó y luego entró a trabajar en la firma.
¿Qué significa para usted esa permanencia y ese compromiso? ¿Cuántos años son en PwC?
Veintinueve años. Veintinueve años de graduado, veintinueve años en la firma.
La permanencia y el compromiso significan haber dedicado mi vida profesional a la firma desde que me gradué. Terminé mi acto de grado en julio de 1996 y entré a la firma el 2 de septiembre de 1996, cumpliendo veintinueve años en la organización.
¿Cuál fue ese primer cargo en la firma y cuál tiene actualmente?
Entré como asistente segundo, que es el cargo inicial para un profesional graduado sin experiencia. Tuve un mes de entrenamiento en Caracas, con dos semanas dedicadas a temas contables y de auditoría, y dos semanas a temas tributarios. Desde el inicio, ingresé en la línea de servicio de impuestos. Actualmente, mi cargo es de especialista tributario.
La vida es paradójica, y por eso he aprendido a no hacer afirmaciones sobre lo que no voy a hacer, porque siempre ha ocurrido lo contrario. Durante mis estudios, el rol más atractivo y de mayor prestigio era ser auditor, y yo decía que no quería estar revisando lo que hacían los demás. Sin embargo, el profesor Antonio Guzmán, ex-trabajador de la firma, me marcó al afirmar que «los mejores contadores públicos entran a Espiñeira, Sheldon y Asociados». Él me inspiró a querer entrar, pues dije: «Yo soy de los mejores, voy a entrar a Espiñeira». Cuando presenté para entrar, me preguntaron si impuestos o auditoría, y elegí auditoría, ya que Antonio Guzmán fue auditor y yo había terminado de ver impuestos diciendo que no quería ver una ley más nunca. No obstante, me informaron que no había vacantes para auditoría y me ofrecieron la vacante de impuesto. Acepté, pensando: «Yo lo que me interesa es entrar en la firma, estoy aquí unos dos años, tomo experiencia y me voy a un cliente». La paradoja es que: no quería ser auditor, pero entré a una firma de auditoría; no quería impuestos, pero entré en impuestos; y tengo 29 años en impuestos, después de haber dicho que me iría en dos años. La vida me ha enseñado que ese tipo de afirmaciones no se cumplen.
Como especialista tributario, ¿Cuáles han sido sus mayores retos en la carrera?
El mayor reto es el aprendizaje diario y la actualización constante. La carrera de impuestos y la actividad económica son tan dinámicas que no hay un hecho que se parezca a otro, solo similitudes. Por ello, la experiencia acumulada sirve para tener un enfoque, pero uno tiene que reinventarse todos los días. El reto es diario: estar actualizado e incorporar nuevas herramientas para brindar asesoría de calidad a los clientes, anticipándonos a sus problemas en lugar de esperar a que ellos planteen la situación, llevando novedades e innovación en la asesoría tributaria.
¿Qué aprendizaje dejó su participación como directivo de la Cámara de Comercio de la Sociedad Bolivariana?
La Sociedad Bolivariana (junto con Rotarac) me dejó un gran aprendizaje en liderazgo y, muy importante, en la redacción de actas (mi primer cargo fue Secretario de Actas), lo cual me abrió muchas puertas profesionalmente, hasta el punto de que en la firma me dicen que mi manera de redactar me perfila como asesor tributario, no como auditor (pues el asesor interpreta y redacta consultas). También aprendí sobre el orden y el protocolo, diferenciando entre distintos tipos de eventos y actos públicos, e internalizando normas de comportamiento social y etiqueta (como la ubicación de las banderas o la forma de entregar un diploma), que se internalizan desde los 16-17 años.
En la Cámara de Comercio, estoy en una fase de aprendizaje enfocado en la visión de un empresario sobre la ciudad. Los roles son distintos, pero no me conformo solo con el cargo que tengo; como fui tesorero de la Fundación Cuerpo de Bomberos de La Cañada, no me conformaba con solo los números, sino que me metía en la conducción y decisiones.
En la Cámara, es un enfoque que no busca solo el beneficio de las empresas (el objetivo principal de un accionista es obtener ganancias), sino también un beneficio para la ciudad, con proyectos, planes de ciudad, y dando visibilidad al tema cultural y a fundaciones a través de eventos de solidaridad. También buscamos formar a los empresarios con programas sobre temas de actualidad, buscando integrar la Cámara a la ciudad. Es un complejo aprendizaje sobre el convivir y la confluencia de las distintas visiones de ciudad. Actualmente, estoy dentro del comité de Responsabilidad Social, y la experiencia es bastante enriquecedora.
¿Cómo ve la evolución de la profesión contable en Venezuela y qué aportes consideras necesarios para fortalecerla?
La profesión contable, al igual que la economía y los distintos sectores, varía en su proyección según la región del país. A nivel gremial, y es un punto en la agenda de la federación y de las Big Four (las cuatro firmas más grandes con presencia en Venezuela), se busca hacer llegar el mensaje de la Contaduría no solo a las universidades (donde hay pocos interesados), sino también a los bachilleratos.
Es difícil porque hay una gran afectación profesional: cuando la Contaduría estaba de moda (como el Periodismo en su momento) la gente la veía bien, pero con la llegada de la depresión económica, ves a profesionales que se quejan, y esa queja espontánea es lo que transmiten a los jóvenes. Esto hace que pierdan el orgullo por su carrera.
Si un joven escucha quejas, ve cómo se viste o se desenvuelve el profesional quejándose, dice: «¿Para qué voy a estudiar Contaduría?». Por eso digo que ser rico no es malo; si mostráramos a los contadores en muy buena posición, sintiéndose orgullosos y hablando bien de su trabajo, el público diría: «Yo quiero ser contador público». No digo que sea mi condición, y puedo tener empatía, pero es difícil ponerme en los zapatos de otros porque hablar desde la comodidad es fácil. Los gremios tenemos que hacer un trabajo muy fuerte, y se está haciendo desde las firmas para motivar el estudio de la Contaduría y motivar a los propios contadores públicos a que ejerzan la profesión con dignidad, que cumplan con la normativa, con el aprendizaje, y se desarrolle la profesión en los términos del Código de Ética.
¿Qué consejo les daría a los jóvenes de hoy que se están formando como contadores públicos y aquellos que están pensando estudiar contaduría pública?
El conocimiento que da la contaduría es altamente satisfactorio. Si bien se dice que somos cuadrados (por el basamento en el cargo y el abono, que todo lo vemos en términos de que si alguien recibe fue porque otro dio), la profesión te da una magnitud de conocimiento que te permite tener un alcance de cómo se mueve la economía a nivel mundial.
La capacidad de comprender esto, de aterrizar esas ideas y proyectos a un microproyecto y cómo eso puede afectar un ecosistema corto, mediano y amplio, considerando factores como el medio ambiente, el gobierno, la academia, el empresario y la comunidad, es invaluable. La contaduría te forma como un gerente, un manejador de las actividades, no es solo llevar libros.
Tener esa visión es satisfactorio, y el sentimiento y el orgullo que te da el poder dominar, manejar y comprender la economía, y a veces el orgullo de haber asesorado a empresas de más de 100 años o con magnitud de operaciones a nivel mundial, es enorme. Mi conocimiento es global, no local, y los contadores tenemos la formación para hacerlo, solo que no debemos limitarnos. Si volviera a nacer, volvería a estudiar Contaduría Pública. La satisfacción y el orgullo que tengo por la carrera son inmensos. Yo digo que soy cañadero, y dos, que soy contador público, y lo digo como carta de presentación.
A propósito que habla de ser cañadero y que se siente orgulloso, cañadero como el prócer Rafael Urdaneta, y usted estudió un poco la vida de él. ¿Hay algún valor de Rafael Urdaneta que usted haya asumido, que usted haya internalizado?
El valor que he internalizado es la amistad. Cuando Rafael Urdaneta le dijo a Simón Bolívar: «Si con dos hombres basta para emancipar la patria, presto estoy en acompañarlo.» Urdaneta fue el último presidente de la Gran Colombia, fundador de la Sociedad Boliviana y el encargado de trasladar los restos del Libertador desde Santa Marta a Caracas, mostrando una profunda amistad y no desafiando a Bolívar cuando tuvo la posibilidad. Me quedo con ese valor. Sobre la honestidad, aunque tiene detractores, creo que fue honesto, como lo demuestra su testamento al pedir que se devolviera el dinero que no gastó en la misión a la República que no pudo completar.
Lo cierto es que los agremiados y los colegas reconocen en usted el buen vestir. ¿Considera usted que la imagen identifica a los profesionales? ¿Influye en la credibilidad del profesional?
Sí, sin duda, la imagen identifica y es tu mejor carta de presentación junto con cómo hablas. Influye totalmente en la credibilidad. Un profesional tiene que manejar un lenguaje técnico adecuado, porque si no lo hace ante un empresario formado, pierde credibilidad y la posibilidad de ser contratado.
Además, la vestimenta transmite cómo quieres que te traten. Siempre he pensado que estar de corbata, de camisa, de traje, nunca estás mal vestido. Estar bien presentado es crucial, porque no sabes si esa es la única oportunidad que tienes de presentarte. Uno debe vestirse como quiere que lo vean. Si aspiras a un cargo de gerente, vestir de jean lo complica. Por eso lo digo a los jóvenes: vístete cómo quieres que te vean y sé un profesional.
¿Cuáles son los rasgos de su personalidad que han contribuido a su éxito en la profesión?
Creo que la constancia, el trabajo, la responsabilidad, y el reto de ser mejor cada día. El reto de entrenarme, de cuestionarme y decirme: no me puedo quedar solo en esto, tengo que reinventarme y hacer cosas nuevas, porque lo que hice hoy puede ser obsoleto mañana.
¿Hay algún hobby, alguna actividad en específico que le guste hacer en su rato libre? ¿Tienes ratos libres?
Busco tener ratos libres, y disfruto los temas sociales; si no los disfrutara, no los haría. Mi hobby es la lectura. Cuando tengo tiempo, camino por salud, y me gusta ver deporte, principalmente fútbol (soy del Real Madrid). Escribir un libro es una meta que me gustaría cumplir si tuviera el tiempo. También siembro árboles.
¿Le gustaría ver una ciudad más verde?
Sí, me gustaría ver una ciudad más verde. Creo que el problema actual es parte del desconocimiento y de la ignorancia, el no entender que somos parte de la naturaleza y el quejarnos por el clima sin hacer nada para que mejore. Yo no puedo tapar el sol con el dedo. Si hay ideas para mejorar esto, deberíamos dar la oportunidad de ponerlas en práctica, pero ni siquiera las propias instituciones municipales cumplen, pues uno ve cómo el propio instituto que debería proteger, maltrata los árboles y realiza cortes inadecuados. Si quisiera hacer más cosas por la ciudad, creo que hay muchas cosas por hacer.
El recorrido de Deivis Rojas es el testimonio de un profesional que ha sabido honrar la herencia más valiosa que le dejaron sus padres: la educación y los valores. Su compromiso inquebrantable con la ética profesional en una de las firmas más grandes del mundo, junto con su rol activo en la formación gremial y la visión de un futuro mejor para su ciudad, lo posicionan no solo como un experto en Contaduría Pública y tributos, sino como un líder social y moral cuyo principal orgullo radica en su identidad como «cañadero» y «contador público».
Su vida es un claro ejemplo de que, aunque el camino inicial no sea el planeado, la constancia, la disciplina y la capacidad de reinventarse son las verdaderas herramientas para alcanzar una carrera de impacto y dejar una huella duradera de integridad y servicio.