Sandra Fabiola Bolívar Patiño es una Contador Público con una trayectoria de más de tres décadas, destacada por su resiliencia, su rigor profesional en el mundo de las finanzas corporativas y su profunda pasión por el canto lírico. Nacida en San Cristóbal, Táchira, en 1972, su vida es un testimonio de la búsqueda constante del orden, tanto en los balances financieros como en su desarrollo personal.
Sandra se graduó en 1995 de la Universidad Católica del Táchira (UCAT). Su elección de carrera fue fortuita, pues inicialmente aspiraba a estudiar Medicina en Mérida. Ante la negativa de su padre de dejarla ir, optó por la Contaduría. Aunque al inicio reprobó todas las materias, un ultimátum paterno despertó su disciplina. Este episodio marcó el inicio de su amor por la carrera y su convicción de que la educación es una herencia invaluable.
Su carrera profesional comenzó con grandes firmas de auditoría (KPMG, Pérez Mena Evers, Arthur Andersen) antes de consolidarse en el sector privado en Maracay. Su camino se ha caracterizado por, asumir el reto de fundar el departamento de Auditoría Interna en Génica en 2001.
Su período más extenso fue en UPACA (2009-2024), donde ingresó para poner orden en los números y llegó a ser Gerente de Administración y Finanzas Corporativas. En sus 15 años allí, su gestión se basó en la palabra, la disciplina y el conocimiento del negocio, logrando que ninguna planta se detuviera, incluso en medio de las crisis.
Actualmente, trabaja como Gerente de Administración y Finanzas en ROGUÄR, una empresa de servicios petroleros. Para Sandra, la honestidad, la disciplina y la resiliencia son esenciales en su profesión. Enfatiza que el contador debe tener discernimiento para no desviarse ante las presiones, ya que su potestad de dar fe pública exige un alto estándar ético.
La música ocupa un lugar central en su vida. De forma inesperada, al ir a juramentarse en el Colegio de Contadores, audicionó y fue aceptada como soprano lírico en la Coral, donde ha permanecido por años. Actualmente, canta en tres agrupaciones (la Coral del Colegio, Cantanova y el cuarteto). Sandra, inspira gran lealtad en sus equipos, una fidelidad demostrada incluso en momentos de crisis.
Su vida amorosa comenzó con un toque de romanticismo y pragmatismo: conoció a su exesposo en el último año de universidad y se casaron rápidamente, a los 21 años, siendo la unión la llave para perseguir su sueño de trabajar en una firma de auditores fuera de casa. Estuvo casada por 16 años y tiene dos hijos, Fabiana (20) y Alejandro (16).
El rol de madre lo asumió con el mismo rigor de su carrera: fue una madre trabajadora con horarios nocturnos que confió el cuidado de sus hijos a terceros, pero se enorgullece de haberles inculcado disciplina y valores a pesar de la ausencia en sus primeros años. Su vida sigue siendo de un ritmo acelerado que equilibra con su pasión por el canto. Su mayor sueño pendiente es el reencuentro con su familia dispersa en distintas partes del mundo.
Su consejo a los futuros contadores es la importancia de los valores desde casa para resistir las tentaciones del desvío ético, y a los jóvenes en general, no abandonar la actividad artística o extra cátedra que les apasione.
¿Qué significa para ti ser contadora pública y al mismo tiempo formar parte de una agrupación coral?
Significa una dualidad muy positiva. Los estudios indican que las personas que cantan tienen desarrollada la parte del cerebro asociada a la humanidad. Ser contadora y ser parte de una coral me permite proteger y apoyar a mi gente, no con dinero, sino dando oportunidades. A pesar de que soy exigente en el trabajo, defiendo a mi gente con capa y espada, y por eso me llaman constantemente para trabajar conmigo. Un ejemplo de la lealtad que inspiro ocurrió durante un saqueo a la planta, cuando mi equipo bajó y defendió las instalaciones, llegando incluso a usar amoníaco para dispersar a la turba, demostrando su fidelidad.
¿Cómo te defines, en pocas palabras, tanto en lo profesional como en lo personal?
Me defino como luchadora en ambos ámbitos.
¿Qué te motivó a elegir la contaduría pública como carrera?
Estudié Contaduría Pública por casualidad, ya que mi plan inicial era estudiar Medicina en la ULA de Mérida, motivada por el ambiente que compartía con mi hermano. Sin embargo, mi padre me prohibió ir por rumores de inseguridad en Mérida, ordenándome: «Estudie aquí y estudie lo que usted quiera». Con las alas caídas, reconocí que no habría sido una buena médico y me enamoré de la Ingeniería Industrial, presentando el examen en la UNET. Al no quedar seleccionada inmediatamente, mi padre insistió en que escogiera una carrera en la Universidad Católica del Táchira (privada), aunque mis hermanos se habían graduado en públicas. Al revisar el pensum, elegí Contaduría. En el primer trimestre, raspé todas las materias (Contabilidad Básica 00, Costos 01), lo que provocó que mi padre me sentara y me diera un ultimátum: o me dedicaba a estudiar seriamente, me ponía a trabajar, o me quedaba en casa a cocinar para mis hermanos. Esto me impactó, y desde los segundos parciales, comencé a sacar excelentes notas. No obstante, le agarré verdadero amor a la carrera en el quinto año, justo cuando conocí a mi exesposo.
¿Cuál ha sido el mayor reto que has enfrentado en tu ejercicio profesional y cómo lo superaste?
En la parte profesional, no considero que haya tenido un reto en el sentido de algo difícil de conquistar que me obligara a un cambio de vida o filosófico.
¿Qué valores consideras son esenciales para ejercer la contaduría con ética y excelencia?
Considero que los valores esenciales son: La disciplina, la honestidad y la resiliencia. La honestidad es particularmente importante porque el contador opera en un ecosistema donde los dueños de empresas hacen negocios y es el contador quien debe ver cómo aterriza legalmente esa realidad contable (cómo registra la participación de un socio o cómo resuelve un problema). Es fundamental tener un equilibrio entre lo que quiere el patrono y lo que representan los derechos de los trabajadores, especialmente ante las crisis donde algunos patronos buscan abusar; por eso, el tema de la honestidad es muy importante.
¿Cómo logras que tu trabajo contribuya al fortalecimiento institucional y al bienestar de quienes te rodean?
Logro contribuir con el ejemplo. Mis hijos, especialmente mi hija que acaba de empezar a trabajar, me consultan sobre situaciones con contadores que no les parecen correctas. Yo les explico con leyes y principios por qué deben hacer valer su posición. Mis hijos ya conocen mi línea de acción, incluso en situaciones como mi salida de UPACA, donde mi hijo Alejandro se preocupó: «Mami, ¿y ahora quién va a cuidarle los dólares al doctor Carlos?» Esto demuestra que la gente que me conoce y ha trabajado conmigo sabe cuál es mi metodología de trabajo y mi compromiso con la transparencia.
¿Qué lugar ocupa la música en tu vida y cómo llegaste a formar parte de la Coral y del Colegio de Contadores?
La música ocupa un lugar muy especial. Llegué a formar parte de la Coral del Colegio de Contadores por casualidad. Vine al Colegio para averiguar cómo juramentarme (pues me gradué en San Cristóbal), y coincidió con un acto de juramentación donde escuché al profesor Ramón Urdaneta dirigiendo el concierto. Al terminar, le pedí una prueba para ver si podía cantar. El profesor, visiblemente escéptico, me citó a una audición el martes a las 7 p.m. Tuve que quedarme hasta las 9 p.m. para que me hiciera la prueba. Apenas comenzó a conocer mi registro de soprano lírico, los que se habían ido se regresaron a ver, y me aceptó de inmediato. Canto desde los 9 años y he participado en varias corales en mi tierra.
Actualmente, no solo estoy en la Coral del Colegio, sino también en Cantanova (el otro coro de Héctor) y en un cuarteto llamado Madrigal (que realmente mata «tigritos» en la Universidad del Zulia cantando los himnos en los actos de graduados). Me encanta el canto porque transporta a la gente; al cantar canciones como Venezuela, se puede ver a las personas llorando, y eso es hermoso.
¿Qué aprendizaje personal te ha dejado la experiencia de cantar en grupos?
La experiencia me ha obligado a dominar un poquito la tolerancia, aunque me considero poco tolerante en general.
¿Cómo complementa la música tu labor como contadora?
No hay ninguna conexión o compatibilidad que complemente mi labor como contadora con la música. Para poder realizar todas las actividades de canto asociadas al Colegio, tengo que salirme mentalmente de mi rol profesional.
¿Hay alguna anécdota especial que recuerdas de tu participación en la coral?
La anécdota más grande que tengo es haber conocido a la coordinadora de la coral y la mano derecha del Dr. Armando León. Ella logró muchísimas cosas para la coral, como uniformes y apoyo presupuestario. Ella fue muy especial conmigo, impulsándome mucho dentro de la coral, sobre todo como solista. Por ejemplo, en los viajes a otras ciudades para espectáculos, ella se aseguraba de que yo tuviera las aprobaciones necesarias.
¿Cómo logras armonizar tu tiempo entre tantas responsabilidades profesionales y esta pasión por la música y también la vida personal, la familia, los hijos?
No armonizo mi tiempo, simplemente vivo en un ritmo acelerado. Soy tan activa que no me quedo quieta. Mis horarios están copados: tengo ensayo con contadores los lunes y miércoles, con Cantanova los martes y jueves, y con el cuarteto los viernes. La logística es compleja, especialmente con mi hijo (Alejandro, el gaitero) que tiene presentaciones casi todos los días durante la temporada y toca en el grupo de adultos «Entre Gaitas y Gaiteros» y asiste al conservatorio. Los taxis se usan constantemente para él.
¿Qué papel juega tu familia y tu entorno cercano en tu desarrollo profesional y humano?
Mi familia y mi pareja actual son totalmente comprensivos. Jamás me han fastidiado ni me han preguntado hasta cuándo canto. Ellos entienden mi pasión y mi ritmo.
Si pudieras dar un consejo a los jóvenes que hoy se forman como contadores públicos, ¿cuál sería?
El consejo fundamental es que abran la mente y, sobre todo, que traigan una buena base de valores desde casa. Para el contador es muy fácil desviarse. A pesar de que un dueño de empresa les va a pedir hacer cosas que van en contra de sus principios, deben evaluar las consecuencias de sus actos y ver siempre las dos caras de la moneda antes de tomar una decisión.
En el mundo actual, tener ese discernimiento, juicio y disciplina es esencial para no cometer una falta que pueda costarles la carrera y arrastrar a otros. El contador, por tener la potestad de dar fe pública, está éticamente comprometido a enseñar con el ejemplo, y la carrera per se ya trae esas herramientas de base.
¿Qué legado te gustaría dejar tanto en tu profesión como en tu faceta artística y también en tu hogar, en tus hijos?
En mis hijos y hogar, me gustaría dejarles la disciplina y que nunca se acobarden al cumplir un horario o al hacer lo que tienen que hacer. Que no tomen alegremente las decisiones importantes (especialmente las de trabajo) y que sirvan con el ejemplo. Creo que el contador desarrolla un sexto sentido para ejemplificar y edificar la vida con acciones correctas.
En la parte artística, Me gustaría dejar el legado de no abandonar la actividad extra cátedra. Si la actividad te nutre, debes alimentarla. Yo me esfuerzo por no abandonar mis ensayos ni mis presentaciones porque me encanta cantar, me gusta el aplauso y que la gente quede asombrada cuando canto. Mi motivación es esforzarme por hacerlo muy bien para tocar esa tecla en la gente y enamorarlos del arte coral.
Sandra, ¿alguna meta o sueño por cumplir?
Mi meta o sueño por cumplir es volver a encontrarme con mi familia, ya que tengo mucho tiempo sin viajar y tengo muchos hermanos afuera.