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Hablar de Mayra Pereira es describir una trayectoria forjada a pulso, donde la contaduría pública no es solo un manejo de cifras, sino una verdadera vocación de servicio. Con más de dos décadas dedicada al Ministerio del Poder Popular para la Salud, Mayra ha demostrado que la excelencia profesional en el sector público no solo es posible, sino necesaria.

Su historia es la de quien nunca se conforma. Inició desde las bases, formándose en Secretariado Ejecutivo y ascendiendo peldaño a peldaño. Su curiosidad intelectual y su necesidad de entender el porqué de los procesos la llevaron a titularse primero como TSU en Administración de Empresas y, posteriormente, a consolidar su perfil como Contadora Pública en el año 2010 por la Universidad José Gregorio Hernández.

Esta dualidad académica, sumada a una especialización en Recursos Humanos, le ha permitido tener una visión 360° de las organizaciones: desde el diseño minucioso de manuales de normas y procedimientos (como los que estructuró para el Consejo de Derechos del Niño) hasta la interpretación estratégica de estados financieros.

Su mayor prueba de fuego llegó con la administración del Hospital Materno Infantil «Dr. Rafael Belloso Chacín». En un entorno donde las decisiones administrativas impactan directamente en la vida humana, Mayra lideró equipos numerosos, gestionando turnos críticos de 24 horas y respondiendo con precisión técnica ante comisiones nacionales.

 

Con el pasar del tiempo, aprendió que el respeto no se impone con voz de mando, sino con la humildad de escuchar y la capacidad de resolver conflictos en áreas muy sensibles.

Usted inició en el mundo profesional como TSU en administración, luego logró titularse como licenciada en contaduría pública. ¿Qué la motivó a dar ese salto y cómo cree que esa combinación de perfiles ha beneficiado su desempeño en el sector público?

Mi motivación inició desde mi formación en secretariado ejecutivo, la cual cursé por un año. La experiencia adquirida durante ese tiempo, al realizar mis pasantías y ejercer funciones propias del área, me impulsó a estudiar Administración de Empresas, debido a la relación directa que existe entre el soporte secretarial y la gestión administrativa de libros. Aproveché mi trayectoria laboral para formarme en administración, enfocándome en la organización empresarial, el clima organizacional y el liderazgo.

Posteriormente, realicé una especialización en Recursos Humanos y trabajé en el Consejo de Niños, Niñas y Adolescentes, donde manejé presupuestos gubernamentales, nacionales y de organizaciones no gubernamentales (ONG). Fue en ese periodo cuando comprendí la estrecha vinculación que existe entre la ejecución presupuestaria, los estados financieros y la contabilidad. Esa realidad técnica fue la que me llevó a tomar la decisión de estudiar y ejercer la Contaduría Pública.

¿Cree que esa combinación de carreras le ha beneficiado en su desempeño en la administración pública?

Sí, por supuesto que sí. Me ha beneficiado muchísimo. Desde mis inicios como asistente administrativo en el Consejo de Niños, Niñas y Adolescentes, viví un proceso de transición legal donde desapareció el Consejo Estadal y se me presentó la oportunidad de administrar un hospital materno-infantil. Fue un cambio significativo, pues debí trasladar mis conocimientos de administración y clima organizacional al área de la salud. En ese rol, tuve que aprender con mucha rapidez sobre materiales médico-quirúrgicos, medicamentos, atención directa al paciente, el funcionamiento de las áreas de cirugía y todo lo relacionado con el mantenimiento integral de un centro hospitalario. En ese momento era el Hospital Materno Infantil «Dr. Rafael Belloso Chacín», ubicado en el municipio San Francisco.

Ha dedicado más de 20 años al Ministerio del Poder Popular para la Salud. ¿Cuál ha sido el reto administrativo más grande que ha enfrentado al gestionar programas tan sensibles como, por ejemplo, el de salud renal o el de prevención del tabaquismo?

El reto más grande fue, sin duda, la gestión del hospital, ya que representó un cambio radical. Tuve que adquirir conocimientos técnicos de forma inmediata, debido a que es un cargo donde no puedes permitirte el desconocimiento; hay que seguir adelante sin mirar atrás. Constantemente recibía comisiones de supervisión tanto a nivel nacional como estadal, ante las cuales debía responder por indicadores críticos: estadísticas de mortalidad y natalidad, flujo de pacientes e inventario detallado de insumos médicos y sus fechas de vencimiento. Ese nivel de responsabilidad y respuesta técnica fue mi mayor desafío.

En comparación, el trabajo con los programas de salud fue un proceso más manejable, pues ya contaba con la base de la experiencia hospitalaria.

¿Entonces usted comenzó administrando el hospital y luego realizó otras ocupaciones, como la ejecución de programas? 

Así es. Los programas resultan un poco más sencillos en su ejecución, aunque requieren aprender la misión y visión específica de cada uno para administrar correctamente los presupuestos. Estos se ejecutan a través de jornadas sociales en favor de la comunidad. En aquel momento, con los presupuestos disponibles, me correspondía gestionar toda la logística, la papelería, el transporte y los viáticos. Ha sido una enseñanza constante en la que he aprendido a alinear la administración financiera con el propósito social de cada programa de salud.

En el año 2007, usted participó en el diseño de manuales de normas y procedimientos administrativos para el Consejo Estadal de Derechos del Niño, que nos comenta que fue una de las primeras experiencias que tuvo en el sector público. ¿Cómo ha influido esa capacidad de estructurar procesos en su trabajo diario, como contadora y administradora?

Es importante aclarar que en aquel tiempo todavía no era contadora pública; yo ya era especialista en Recursos Humanos, lo cual me sirvió de base para la elaboración del manual de normas y procedimientos. Contaba con los conocimientos de mi formación en Administración de Empresas y la especialización en el área de personal. Fue mucho después cuando decidí cursar la carrera de Contaduría.

Esa experiencia me fue de gran utilidad, tomando en cuenta que también poseía conocimientos en el área de marketing, adquiridos durante los cinco años que trabajé en el sector privado para la Librería San Pablo, donde conocía todo el proceso operativo. Al ingresar al Consejo Estadal de Niños y Adolescentes, la Contraloría General de la República exigía que la organización contara con sus manuales actualizados. Allí fue donde diseñamos los manuales de normas y procedimientos administrativos. 

Eso nos ayudó significativamente ante las auditorías posteriores de la Contraloría, ya que ellos establecen pautas y reseñas; en aquel momento, las observaciones no fueron negativas, sino orientadas a corregir y actualizar procesos. También diseñé el formato de evaluación de desempeño basado en mi trabajo de tesis; prácticamente cedí ese modelo a la organización porque los que tenían no estaban actualizados, y como yo tenía el conocimiento fresco, lo implanté de inmediato.

¿Qué significa para usted la ética y el valor de la profesión contable en el contexto de la administración pública actual?

Es fundamental mantener la ética. En los tiempos actuales existe una percepción compleja porque siempre se dice que en el sector público hay mucha corrupción, pero eso queda al criterio y la integridad de cada persona. Los valores y principios fundamentales te los enseñan tus padres; ellos son el baluarte.

Esa ética se reafirma al momento de la juramentación, donde te comprometes a cumplir con los principios contables y administrativos. Yo he mantenido esa línea tanto en Administración como en Recursos Humanos y Contaduría. Doy gracias porque mi trabajo ha sido valorado; he tenido la oportunidad de administrar bajo diferentes gestiones gubernamentales, tanto del gobierno actual como anteriores, y me han dado la confianza por mérito propio. 

Para ellos, mi labor ha sido una fortaleza, pues han reconocido que es difícil encontrar administradores que se mantengan firmes por vocación de servicio, principios y ética.

Usted menciona o ha explicado que los cambios de área, a los que usted ha sido sometida, han dependido de la necesidad, donde se requiera más apoyo en el sector salud. ¿Cómo maneja usted la adaptabilidad y la empatía al llegar a un nuevo equipo de trabajo con necesidades críticas?

Cuando recibes asignaciones en nuevas organizaciones te enfrentas a muchos paradigmas. Es difícil para el personal cuando hay cambios de jefatura o de administración, especialmente si el administrador anterior tuvo más de 10 años en el puesto. Para romper esos paradigmas hay que entender que el personal se siente extraño ante alguien nuevo, muchas veces más joven que ellos.

He aprendido que el dominio no se logra con una «voz de mando», sino con el respeto y la humildad. No se puede llegar diciendo: «Yo soy la gerente y aquí mando». Hay que ponerse del otro lado, escuchar sus necesidades y ganar su confianza; de ahí es de donde sacas la fortaleza para trabajar. Gracias a Dios eso me ha servido, pues he pasado de manejar grupos de tres personas a liderar administraciones de hasta 30 personas, muchos de ellos hombres y mayores que yo.

¿Cómo han sido para usted esos procesos? ¿Cuál ha sido, el grupo más complejo de manejar, de administrar, de liderar?

El grupo del hospital fue el más complejo por su magnitud. No solo por lo grande de la nómina, sino por la dinámica de los turnos. Mientras el personal administrativo trabaja hasta las 3:00 p.m., el personal asistencial tiene una dinámica de 24 horas y no es fácil de gestionar. Muchos intentan sobrepasar la autoridad del administrador, pero es un respeto que te ganas con el tiempo.

Usted se define en su resumen curricular como una persona proactiva y orientada al trabajo en equipo. ¿Podría contarnos un poco o hablarnos de alguna situación donde su liderazgo gerencial fue clave para resolver un conflicto administrativo o financiero en algunas de las áreas donde se ha desempeñado?

Además de productiva, me considero proactiva; siempre busco alternativas oportunas. En el área pública trabajamos con presupuestos establecidos que muchas veces resultan irrisorios frente a los gastos actuales. Me ha tocado adecuarme estrictamente a las normas del Ministerio y a las pautas gubernamentales para asegurar que el presupuesto no se sobregire.

En la administración pública, si te asignan una cantidad, no puedes gastar más de eso porque incurres en un delito presupuestario. Si ocurre un exceso, debe ser por una emergencia demostrable (catástrofes climáticas o crisis hospitalarias). Afortunadamente, he cumplido a cabalidad con la normativa financiera. En salud no solo te rige una ley, tienes encima la Ley de Salud Pública, la Ley de Administración Pública, la Ley de Administración Financiera y la del Estatuto de la Función Pública. Hay que cuidarse mucho.

¿Alguna situación en particular, alguna anécdota del manejo presupuestario que a usted le haya preocupado por no saber qué hacer o por enfrentar después consecuencias que podían afectar su reputación?

Cuando manejas presupuestos y realizas conciliaciones bancarias o balances administrativos, y el resultado no cuadra por un céntimo, por cincuenta céntimos o por un bolívar, es estresante. En esos momentos tengo que salir, respirar y caminar un poco, porque son muchísimas facturas que revisar. Debes asegurar que la parte administrativa, la presupuestaria y el estado de cuenta bancario coincidan perfectamente, tanto de forma horizontal como vertical. Es un proceso engorroso, pero con los años uno se vuelve experta en dominarlo.

Usted posee, además de sus estudios en el área administrativa, contable, posee un diploma en formación docente. ¿De qué manera aplica usted la pedagogía para explicar procesos contables o administrativos a personas que en algunos casos no son del área técnica?

Me ha tocado orientar a muchos pasantes que hoy ya son colegas, e igualmente a mi propio personal. Siempre he creído que el administrador debe ser un multiplicador de conocimientos. Gran parte de mi equipo en el hospital terminó estudiando Contaduría motivados por la experiencia compartida.

A los pasantes siempre les enseño que la fuente principal de la administración es la ética y los principios, especialmente en el sector público, porque tu imagen profesional depende de cómo te manejas con esos valores. También oriento a colegas que quizás no dominan la parte contable actual, porque la contabilidad ha cambiado muchísimo. Cuando yo estudié en 2010, no era ni la cuarta parte de lo que es hoy. Antes no teníamos esta tecnología ni internet de punta; yo tuve que ir de biblioteca en biblioteca y estudiar con calculadora científica. Ahora existen sistemas y paquetes que facilitan el proceso tanto administrativo como contable.

Usted lleva dos décadas ejerciendo cargos de alta responsabilidad en el Estado. ¿Cómo ha logrado equilibrar esa exigencia profesional con su vida personal y familiar?

Al principio fue muy duro, especialmente en el área hospitalaria donde la exigencia es de 24 horas. Salía del hospital a las 9:00 p.m. y solo llegaba a decir «hola» en casa; otras veces salía a las 7:00 a.m. Prácticamente vivía en el hospital. Mi papá bromeaba diciendo que me buscaría una camita para ponérmela allá, porque a cada momento me buscaban para solucionar problemas.

La responsabilidad total recae en el administrador porque es quien lleva la batuta del proceso y actúa como cuentadante. Aunque hay directores, si ellos no están, tú asumes todo, incluyendo la dirección de Recursos Humanos y la nómina.

¿Y cómo hacía Mayra para dedicarle tiempo a la familia?

Prácticamente, en esa etapa, la familia quedó en segundo plano. Yo estaba estudiando Contaduría Pública al mismo tiempo y cuando me llamaban para alguna orientación, muchas veces no podía atenderlos por estar siempre ocupada o en reuniones.

Usted menciona que la ética y los valores rigen su profesión. ¿Son esos mismos valores los que intenta transmitir en su entorno familiar? Por ejemplo, en cuanto a administrar dinero

En eso soy sumamente recelosa y organizada. Si acordamos comprar algo, se compra, pero si la planificación es para 15 días, se respeta estrictamente; lo que se gastó no se vuelve a comprar hasta el siguiente ciclo. Me administro con mucho rigor, tanto en lo profesional como en lo personal. Incluso tengo compañeros que me piden que les administre su dinero porque ellos gastan demasiado. Mi principio fundamental es mantener la administración bajo control para que los gastos no se sobregiren y tener los estados financieros siempre al día para evitar problemas futuros.

Pero cuando hablamos más de valores morales, ¿cuáles son los valores morales que son innegociables en la casa de Mayra y en su entorno familiar?

La disciplina, la puntualidad y el respeto.

Además del análisis estadístico y la gerencia, ¿qué actividades o pasatiempos disfruta Mayra Pereira para desconectarse, para recargar energías?

Disfruto mucho de la música, dibujar y pintar; eso me ayuda a distraerme. De hecho, artes plásticas era una de las profesiones que quería estudiar, pero la administración se me adelantó. Sin embargo, mantengo mi vocación por el dibujo, la pintura en cerámica, el diseño de tarjetas en pergamino (que es un trabajo muy detallado), la pintura en tela y diversas manualidades.

A estas alturas de su carrera tiene también una especialidad en gerencia hospitalaria, ya culminada. ¿Cuál es ese sueño personal que aún tiene pendiente por cumplir?

Quiero cursar una Maestría o posgrado en Recursos Humanos enfocado en liderazgo. A pesar de que ya tengo una especialización en el área, quiero profundizar en el proyecto completo. También deseo seguir perfeccionándome en gerencia hospitalaria, porque es un campo muy amplio y variante que incluye epidemiología, estadística y administración de salud.

¿Algún mensaje para las nuevas generaciones de contadores públicos?

Trazarse metas y no cerrarse ante las dificultades. No digan «no puedo» o «no tengo tiempo» por el trabajo. Yo trabajaba de 8:30 a.m. a 6:30 p.m. y a esa hora ningún instituto me aceptaba, pero tuve jefes que fueron baluartes y me dieron el aliento para seguir. A veces uno se desanima, sale cansado a tomar un taxi para ir a una clase, pero hay que seguir adelante. No se dejen caer, y si caen, vuelvan a levantarse. En esta vida, el cielo es el límite.

En un contexto donde la administración pública suele ser cuestionada, Mayra Pereira se erige como un baluarte de integridad. Sus valores, heredados de su hogar y reafirmados en su juramentación profesional, son innegociables. Se define como una «cuentadante» rigurosa, capaz de rastrear un céntimo en una conciliación bancaria con la misma pasión con la que defiende la transparencia presupuestaria.

Fuera de los balances y las leyes de administración financiera, Mayra encuentra su equilibrio en el arte. Lo que comenzó como un sueño de estudiar artes plásticas se mantiene vivo en sus manos a través del dibujo, la pintura sobre tela y el diseño de tarjetas en pergamino. Esta sensibilidad artística es la que traslada a su labor como docente y mentora, donde se asegura de que sus pasantes no solo aprendan contabilidad, sino que comprendan que la imagen de un profesional se construye sobre principios morales sólidos.

Hoy, con la mirada puesta en un Magíster en Liderazgo y con la convicción de que «el cielo es el límite», Mayra Pereira sigue siendo una referencia de disciplina, puntualidad y pasión por el Zulia.