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La historia profesional de Antonio Ferrer comienza a temprana edad, cuando con apenas 19 años ya lucía traje y bigote, proyectando la seriedad necesaria para abrirse paso en el mundo de la contaduría. Aunque la gente lo percibía mayor, la realidad era que se encontraba en pleno proceso de formación como contador técnico, una figura clave en aquellos tiempos cuando la contaduría pública aún no se había consolidado en Venezuela. Su compromiso lo llevó a ocupar cargos de gran relevancia antes incluso de graduarse. Fue vicepresidente del Colegio Nacional de Técnicos, un espacio donde los profesionales técnicos encontraban representación y fortaleza en una época en que el gremio buscaba mayor reconocimiento legal y académico. 

En 1974, se establecieron nuevas normativas para el ejercicio contable, y Antonio ya reunía la experiencia necesaria para desempeñarse con solvencia. Su carrera se destacó no solo por su preparación en contabilidad, sino también por su vinculación con el área legal, especialmente en asuntos mercantiles y tributarios. Con apenas 21 años, ya se encontraba inscrito en los procesos de formalización que dieron origen a la ley de la contaduría pública. Antonio participó en las discusiones que marcaron la diferencia entre colegios y asociaciones profesionales, enfrentando de cerca la pugna entre contadores públicos, administradores y técnicos. Su visión clara de la realidad lo llevó a entender que el verdadero poder y oportunidad del contador nacional residía en atender a los empresarios venezolanos, en un mercado reducido y competitivo frente al dominio de las grandes transnacionales. 

Por su parte, César Ferrer representa la continuidad de una vocación contable que supo abrirse a nuevas dimensiones. Tras culminar sus estudios, comenzó su carrera en Cervecería Regional, donde trabajó durante tres años como contador público y analista. Posteriormente, su camino lo llevó a Cervecería Polar. Allí, más allá del rol tradicional de la contaduría, César se diversificó hacia otras áreas, destacándose como músico y coordinador de eventos, un perfil que conjuga lo técnico con lo creativo, y que refleja una visión integral del trabajo empresarial moderno. 

Pero más allá de la contaduría y la gestión empresarial, Antonio y César comparten una gran pasión musical que ha marcado sus vidas. Son los fundadores y dueños de la Orquesta La Única, también conocida como The Unity Band. En este proyecto, Antonio asume el rol de presidente, garantizando la visión y el respaldo institucional, mientras que César se encarga de toda la dirección operativa y artística de la orquesta, consolidando un espacio donde la disciplina del mundo contable se entrelaza con el arte, la creatividad y la música como expresión de vida. 

Licenciado Antonio, ¿Cómo fueron sus inicios?

Antonio: En mis inicios yo estaba bastante joven. Con solo 19 años, usaba traje y bigote para parecer mayor y poder trabajar en contabilidad, ya que en ese tiempo no existía el título universitario. A mí y a mis colegas se nos conocía como «contadores técnicos», y yo llegué a ser vicepresidente del Colegio Nacional de Técnicos.

En el 74, el gobierno de ese momento promulgó la ley de contaduría pública, y esto permitió que los técnicos con más de tres años de experiencia, como yo, nos incorporáramos al colegio profesional. En ese momento, nosotros éramos la gran mayoría y teníamos el poder en la profesión. Los contadores públicos buscaban auditar las grandes transnacionales, pero esas eran un monopolio de las empresas extranjeras. Nosotros, los técnicos, nos manteníamos a flote con los empresarios venezolanos.

Luego se presentó una disyuntiva, ya que la ley no incluía a los técnicos y administradores que teníamos experiencia, sino solo a los que tenían título universitario. Afortunadamente, nos unimos a los economistas en el Congreso Nacional, y logramos que la ley se adaptara para incluirnos en el colegio. Esto le dio un gran poder económico a la institución, ya que muchos de los técnicos con experiencia también tenían mucho dinero. Mi experiencia me enseñó que las leyes deben ser prácticas y adaptarse a la realidad, no crear algo que la gente no pueda cumplir. 

¿Cómo ha cambiado la contaduría desde el punto de vista del ejercicio profesional?

Antonio: La contaduría ha cambiado de forma significativa. Antes, el enfoque era muy técnico, influenciado por escuelas norteamericanas. Los contadores teníamos un conocimiento profundo de los principios de la profesión, desde la contabilidad básica hasta la auditoría. Sin embargo, esa mística se ha ido perdiendo con el tiempo.

Hoy en día, la informática y la inteligencia artificial son herramientas fundamentales, pero algunos colegas confían demasiado en ellas y se alejan de los principios básicos de la contabilidad. Esto crea una desconexión entre la realidad contable y la tributaria. Siento que, como profesionales, nos hemos atrasado, aproximadamente unos 50 años. Antes, nos reuníamos para hablar de contabilidad, auditoría y finanzas; ahora, la mayoría de las conferencias se centran en la parte tributaria, que ha pasado a ser nuestra prioridad.

Las leyes tributarias han cambiado. A diferencia de antes, cuando un proyecto de ley pasaba por la Cámara de Diputados y el Senado para ser una «señora ley», ahora las leyes se crean de otra forma. 

¿Cómo ha cambiado la contaduría desde el punto de vista del ejercicio profesional?

Antonio: La contaduría ha cambiado de forma significativa. Antes, el enfoque era muy técnico, influenciado por escuelas norteamericanas. Los contadores teníamos un conocimiento profundo de los principios de la profesión, desde la contabilidad básica hasta la auditoría. Sin embargo, esa mística se ha ido perdiendo con el tiempo.

Hoy en día, la informática y la inteligencia artificial son herramientas fundamentales, pero algunos colegas confían demasiado en ellas y se alejan de los principios básicos de la contabilidad. Esto crea una desconexión entre la realidad contable y la tributaria. Siento que, como profesionales, nos hemos atrasado, aproximadamente unos 50 años. Antes, nos reuníamos para hablar de contabilidad, auditoría y finanzas; ahora, la mayoría de las conferencias se centran en la parte tributaria, que ha pasado a ser nuestra prioridad.

Las leyes tributarias han cambiado. A diferencia de antes, cuando un proyecto de ley pasaba por la Cámara de Diputados y el Senado para ser una «señora ley», ahora las leyes se crean de otra forma. 

Cesar, ¿Qué te motivó a convertirte en contador público? ¿El hecho de que tu papá y tu mamá fueran contadores públicos influyó en tu decisión?

Cesar: Mi motivación principal fue el apoyo de mi familia. Mi madre me impulsó a estudiar, y la experiencia de mi padre, con quien solía hablar de la profesión, también influyó.

Fue una decisión de apoyo porque la vida nos golpeó; soy huérfano de madre, y la música llegó a mí sin buscarla cuando era muy niño. Tuve que aprender a combinar la contaduría con mi pasión por la música.

¿Y cómo es esa relación entre tu profesión de contador y la pasión de la música?

Cesar: La relación entre ambas es de corazón. Quien me enseñó a amar la música fue mi tío, quien lamentablemente falleció cuando yo tenía seis años. Mi padre, para aligerar la tensión familiar tras la pérdida, decidió celebrar el aniversario de su orquesta, pero no me quería llevar porque tendría que llevar a mis hermanos también.

A mis seis años, yo ya había aprendido a ahorrar en mi «cochinito» (alcancía). Decidí partirlo, sacar el dinero y negociar con mis hermanos: les di la mitad de mis ahorros para que no dijeran nada y me permitieran ir al evento. Con esa negociación, «compré mi ida» a la orquesta, demostrando desde muy chico que tenía la mentalidad para negociar y conseguir lo que quería.

Cesar, primero fue la música, que la contaduría. ¿Ese evento familiar marca el inicio en la música? ¿Eres cantante o tocas algún instrumento en la orquesta? 

Cesar: No, en ese evento no canté, yo soy percusionista. Sin embargo, ese día fue crucial. Yo me subí a la tarima como la mascota de la orquesta y me puse a vender los discos. Mi padre me dejó quedarme con el dinero, sin saberlo, recuperé la inversión de mi «cochinito» y tuve mi primera ganancia.

Antonio: Ese evento fue un punto de inflexión, ya que mi hermano falleció en 1986, y ese mismo año,  yo tuve que asumir la dirección de la orquesta sin saber nada de música. Empecé a invertir mi capital y, con el tiempo, me quedé con la orquesta. Hoy en día, la orquesta aún conserva el nombre de Orquesta La Única para los veteranos, pero para la gente joven es The Unity Band.

Cesar, ¿Cuál crees tú, entonces, que es el mejor consejo que te ha dado tu papá para la vida?

Cesar: El mejor consejo que mi papá me ha dado es que la disciplina, la honradez, la responsabilidad y la constancia son esenciales. Él me preparó para un camino difícil como lo es la música, enseñándome que el éxito solo llega con trabajo duro. A través de la música, también me mostró la humildad de personas con gran poder económico. Esto me enseñó a valorar a las personas sin importar su estatusC

Además de la contaduría, ¿la música sería la otra pasión de usted Antonio?

Antonio: Realmente, mi pasión principal es la política. Me considero un contador y un músico por profesión, pero mi verdadera pasión ha sido la política en mi país. Desde muy joven admiré la oratoria y el contenido de líderes como Rómulo Betancourt y Rafael Caldera. A través de la música, he podido entrar en círculos sociales a los que, como contador, no tendría acceso. Esto me ha permitido crear relaciones públicas muy importantes. La contaduría es una profesión estable y predecible, mientras que la música es temporal. He podido combinar ambas, lo que me ha abierto un mundo completamente diferente.

¿Cuál ha sido el mayor logro desde el punto de vista personal y profesional de cada uno de ustedes?

Antonio: Mi mayor logro, desde el punto de vista personal y profesional, es haber alcanzado mi profesión con salud y disciplina en un país con tantos desafíos. Se lo debo a los gobiernos democráticos que permitieron que, a pesar de las dificultades, fuera posible. 

Cesar: Los 50 años de fundación de la orquesta, ya en el mes de noviembre estaremos celebrando este aniversario y de verdad es un logro que me llena de mucha satisfacción tanto personal como profesionalmente. 

¿Cuál ha sido el mayor desafío que han enfrentado en la vida personal?

Antonio: Mi mayor desafío es mi país. Para mí, el problema económico debe resolverse antes que el social, y veo que en Venezuela la situación es la opuesta. El reto más grande es el país en sí. Es imposible avanzar profesionalmente en una nación donde los profesionales no son bien pagados y la infraestructura es deficiente. Por ejemplo, antes yo viajaba por todo el país promocionando la orquesta, pero ahora es imposible debido al estado de las carreteras y la falta de seguridad.

Cesar: Mi mayor desafío fue tener que enfrentar la muerte de mi tío, mi mamá y la de mi hija, sin embargo, también el tener que asumir la dirección de la orquesta, sin saber mucho de música. Con el tiempo y mucho esfuerzo, me hice cargo del grupo, que hoy se conoce como The Unity Band. Actualmente, el desafío es mantener a la orquesta en pie, pues la vida de un músico es un trabajo fuerte y costoso, y el éxito es impredecible.

¿Qué consejo pueden darles a las nuevas generaciones de contadores públicos? 

Antonio: Una de las cosas que he aprendido es que los principios son fundamentales: la disciplina, la perseverancia y la vocación. Considero que la profesión es nuestra segunda casa, un lugar donde pasamos gran parte de nuestro tiempo. Por eso, la vocación es esencial, porque nos guía a hacer lo que nos gusta.

Es crucial que las nuevas generaciones se hagan preguntas desde su interior: «¿Qué quiero ser? ¿Para dónde voy? ¿Quién soy?». No se dejen llevar solo por lo visible; el éxito verdadero se construye con trabajo duro y esfuerzo, que muchas veces no se ve.

Cesar: Mi consejo para las nuevas generaciones es que siempre trabajen por un sueño, un objetivo y sus metas. El éxito llegará a su debido tiempo, siempre y cuando se comporten con disciplina y constancia.

Antonio y Cesar Ferrer son dos profesionales, aunque distintos en sus tiempos y contextos, confluyen en la disciplina, la búsqueda de oportunidades y el deseo de trascender más allá de lo convencional. 

Antonio, con la fuerza pionera de los primeros contadores técnicos, supo abrir su camino en medio de estructuras incipientes. 

Cesar, con la frescura de una nueva generación, encontró en la combinación de la contaduría, la cultura organizacional y la música un espacio para aportar desde la gestión y la creatividad. 

Ambos, desde su experiencia, representan la evolución del profesional contable en Venezuela: uno como protagonista de los inicios gremiales y legales de la contaduría, y el otro como ejemplo de adaptación a los cambios empresariales y sociales de la contemporaneidad, sin dejar de lado esa pasión común que los une: la música como segunda vocación y forma de trascendencia.