Jorge Machado nació el 19 de julio de 1973. A sus 53 años, puede resumir su vida profesional en tres décadas de experiencia marcadas por la disciplina, el conocimiento técnico y una vocación que lo llevó a consolidarse como referente en el ámbito tributario y gerencial.
Egresó como Contador Público de la Universidad del Zulia (LUZ) en 1998, aunque ya desde 1995 había comenzado a ejercer dentro de su área de formación. Su carrera académica continuó con la Especialización en LUZ, una Maestría en Gerencia Tributaria en URBE y un Programa Avanzado de Gerencia en el IESA, preparación que le otorgó una visión integral de la contaduría, los impuestos y la gestión estratégica.
El núcleo de su trayectoria se desarrolló en el campo tributario. Sus inicios se dieron en la prestigiosa firma PwC, donde permaneció durante siete años y compartió labores con colegas como David Rojas. Posteriormente se integró a KPMG, firma en la que trabajó durante once años y en la que llegó a ocupar el cargo de Director de Impuestos, atendiendo sedes en Maracaibo, Puerto Ordaz y Puerto La Cruz. Esa etapa, de 18 años en total dentro de las firmas de auditoría, forjó lo que él mismo define como su “ADN profesional”.
Tras su paso por las grandes firmas, emprendió un corto período como asesor independiente y luego dio el salto al mundo corporativo, desempeñándose en áreas de finanzas y, más recientemente, en la planificación estratégica, rol que actualmente ocupa como gerente.
Más allá de su preparación académica y experiencia profesional, la influencia familiar fue determinante en su vocación. Su padre, también llamado Jorge Machado, fue contador público y gerente por muchos años. Aunque en su juventud se consideraba un “muchacho rebelde” y se inclinaba por carreras como arquitectura o ingeniería, finalmente la contaduría lo encontró en su camino. Hoy reconoce que la disciplina de su padre y su ejemplo profesional sembraron en él la ruta que ha sabido recorrer con éxito.
Jorge Machado ha construido una vida familiar marcada por el amor y la cercanía. Desde abril de 2010 está casado con Any Andrade ( también contadora pública), con quien comparte la crianza de su hija Julieta, una niña de 8 años que llena de alegría su hogar. Además, Jorge es padre de tres hijos fruto de su primer matrimonio: Jorge Andrés, de 29 años, y Daniela, de 26, quienes han emprendido nuevos caminos en España; y Juan Diego, de 22 años, quien permanece en Venezuela junto a su padre, fortaleciendo el vínculo familiar en el día a día.
La vida de Jorge Machado es una muestra de cómo la formación, la disciplina y la pasión por lo que se hace construyen trayectorias sólidas. Su historia profesional está atravesada por la herencia de su padre, el esfuerzo propio y la capacidad de reinventarse, confirmando que más allá de los caminos que uno elija, siempre es la constancia la que define el destino.
Pero su historia no solo está hecha de logros. Jorge también atravesó momentos muy difíciles que lo llevaron a renacer y replantearse su rumbo. Episodios que marcaron su vida y lo fortalecieron, y que solo se conocen en detalle a través de su testimonio. Para descubrirlos, es necesario leer la entrevista completa, donde se revela el lado más humano y resiliente de su trayectoria.
¿Qué motivos te llevaron a asumir un rol en la gerencia?
Bueno, siempre tuve la visión de verme como mi papá, Jorge Machado, que fue gerente por muchos años y también contador público. Sin embargo, en mi juventud fui un poco rebelde y no quería seguir sus pasos; me llamaba más la atención la arquitectura y la ingeniería. No logré entrar en la universidad en el primer intento, así que me inscribí en un curso del INCES para trabajar como auxiliar contable. Y me enamoré de los números. Casualmente, casi al mismo tiempo que terminaba el curso, fui aceptado en la carrera de Contaduría Pública en LUZ. Fue entonces cuando me dije: «bueno, no hay de otra, hay que estudiar Contaduría Pública». Así comenzó un camino que ha sido muy largo e interesante.
¿Cuáles son los mayores desafíos que ha enfrentado durante tu carrera y actualmente en tu rol gerencial?
Durante mi carrera, el primer desafío fue entrar a un mundo laboral sin experiencia. Yo entré como aprendiz en una firma de auditoría, algo que casi no existía, y no tenía ni idea de auditoría. Sin embargo, poco a poco fui ganando espacio hasta que lo logré. Luego vino el reto de pasar de un rol técnico a uno de supervisión, hasta llegar a ser gerente y director. Pero el mayor desafío fue el cambio de trabajar en una firma de auditoría, donde solo revisas, a trabajar en una empresa, donde tienes que hacer el trabajo directamente. Sentí mucho miedo porque siempre estuve del «otro lado del escritorio», asesorando. Fue difícil conseguir un puesto porque las empresas creían que, por mi currículum de firma, querría ganar mucho dinero. Al final, conseguí un puesto ganando menos de lo que estaba acostumbrado, pero me enfrenté a ese terror de hacer algo que nunca había hecho. Mi esposa me recordaba que yo había auditado a las empresas más grandes del país. Me di cuenta de que mi conocimiento base era un activo invaluable y que la parte gerencial, como dirigir y organizar, me resultaba bastante natural.
¿Cuál ha sido su mayor logro profesional hasta ahora?
Desde el punto de vista académico, haber escrito artículos para libros técnicos, haber obtenido una maestría en gerencia tributaria y un programa de gerencia avanzada del IESA. También he tenido la oportunidad de ser profesor en varias universidades. En cuanto a mi carrera, el mayor logro fue haber trabajado en la firma más grande del mundo y haber pasado por una gran cantidad de empresas importantes en Venezuela. Todo ese conocimiento que adquirí es como una mochila que nadie me puede quitar, y de eso me siento muy orgulloso.
Entre la parte tributaria, ser auditor y ser gerente, ¿con cuál se queda?
Es una pregunta muy difícil. La parte tributaria es mi ADN. Eso fue lo que aprendí, lo que está en mi sangre. Imagínate, más de 20 años trabajando, escribiendo y dando clases sobre tributos. Los tributos me salen por los poros, y formé parte del comité tributario del gremio. Sin embargo, hoy en día, a estas alturas de la vida, después de haber navegado mucho por la parte tributaria y de finanzas, de verdad que la gerencia estratégica me tiene enamorado. Si me dijeran: «te cambiamos para tributos», lo pensaría, pero creo que mi corazón se inclina más hacia la gerencia estratégica. En la parte de tributos me tocó gerenciar también, pero es otro tipo de gerencia.
¿Hay alguna persona que consideres ha sido su mentor o tu inspiración en la carrera, o en algún momento específico de la carrera?
Indirectamente, mi mentor fue mi papá. Era un contador público brillante, y a pesar de que yo era un chico rebelde que decía que no estudiaría contaduría, él me retaba para que lo hiciera. Era tan inteligente que me decía: «No estudies eso, eso es para esclavos», lo cual era una forma de retarme. Con ese «orgullo de chamo», como lo llamo yo, le pedí en algún momento que me incluyera en la nómina de su trabajo, y él me dijo que no. Hoy entiendo que era una forma de decirme: «gánate tu espacio, esfuérzate», y se lo agradezco en el alma. Me dolió tanto ese orgullo de chamo que me llevó a trabajar en las firmas más grandes del mundo. Mi papá decía que yo me había graduado de contador público y nunca le pregunté nada, y la verdad es que yo quería demostrarle que podía ir más allá por mí mismo.
¿Qué habilidades consideras que son esenciales para un contador público exitoso actualmente?
Mira, yo creo mucho en la comunicación, la empatía con la gente y el sentido común. La contaduría es una profesión muy generosa, te lo digo yo, que comencé a trabajar sin haber terminado la carrera. Creo que un contador que tenga principios, que sea humilde, que tenga empatía con la gente y que sepa trabajar en equipo puede lograr muchas cosas. Más allá de lo técnico y de los libros, ya me he dado cuenta de que la clave es ser ético, empático y reconocer que las habilidades de tus compañeros pueden complementar las tuyas.
¿Alguna enseñanza en particular que recuerdes que te haya dado tu papá?
Sí, siempre me inculcó la humildad y la ética. Y eso, para mí, es la base de esta profesión. Mi papá nunca pretendió tener mucho dinero; él solo quería vivir bien, sin hacerle daño a nadie. Nos enseñó a ganarnos las cosas con esfuerzo, estudiando y siendo muy organizados. Él era una persona de presupuestos y de tener todo anotado. Mi mamá era el complemento perfecto, una excelente administradora.
La vida familiar de Jorge Machado y Any Andrade
En un universo tan grande como es el de los números, donde cada cifra debe cuadrar, la historia de Jorge Machado y Any Andrade es la prueba de que el amor es la mejor de las inversiones. Ambos contadores, cuyas vidas se entrelazaron en la seriedad de una firma, descubrieron una conexión que trascendió la frialdad de los balances. Desde ese primer encuentro, su relación ha sido imparable, una sólida alianza que se ha fortalecido en cada desafío y se ha mantenido firme en los momentos más difíciles. Ambos, son un ejemplo de que incluso en el mundo de los negocios, la verdadera riqueza se mide en los lazos inquebrantables que construimos familiarmente.
Anny, ¿Cómo surgió el amor entre ustedes tomando en cuenta que eran compañeros de trabajo, y en la empresa no se permitía este tipo de relaciones?
A: Nos conocimos en el año 2007, trabajamos en una firma de auditoria cada uno en áreas distintas, una firma internacional con estrictas normas de independencia donde no se podían tener relaciones entre trabajadores; sin embargo, como lugar de trabajo con gente joven que salían, compartían de manera inesperada ,surgió una conexión muy bonita, «lo mire y el me miró» la clave fue que me invito a bailar (cosa que hacemos muy bien) y allí comenzó todo, luego, cómo en la empresa no nos permitían estar ambos como pareja, tomamos la decisión de darle paso a esa relación que había nacido y decidimos que uno de los dos debía salir y seguir dando oportunidad al amor; en este caso, yo salí al mercado laboral ya que él tenía mucho más tiempo que yo en dicha firma.
Tú esposa también es contadora, ¿qué sacrificios les ha tocado enfrentar en su relación?
J: Nos conocimos en una firma de auditoría, y como no podíamos trabajar juntos en el mismo lugar, ella tomó la decisión de buscar otro trabajo. Ya la he hecho sacrificarse varias veces, pero ella nunca le ha tenido miedo a la incertidumbre. Primero, renunció a la firma, después se fue conmigo a Puerto La Cruz. Cuando regresamos a Maracaibo, por una reestructuración de la empresa, los dos quedamos sin trabajo. Pero la contaduría nos ayudó; empezamos a hacer asesorías y auditorías juntos. Con el tiempo, yo volví a conseguir un trabajo y después a ella la contrataron como coordinadora administrativa del IESA.
Mucho tiempo después, me ofrecieron un trabajo en Caracas, y le dije: «Mira, nos tenemos que ir». Ella renunció de nuevo para acompañarme. La bebé tenía tres años en ese momento, así que mi esposa aprovechó para cuidarla. Fue entonces cuando me enfermé de COVID. Estuve en la UCI durante 20 días y, la verdad, volví a nacer. Estuve en una situación muy dura, con diálisis, transfusiones y sin poder caminar por la pérdida de masa muscular. Fue una experiencia brutal, y ella estuvo ahí, sin trabajo, con la bebé, asumiendo todo el paquete.
Cuando ya me estaba recuperando, le dije: «Sabes qué, nos regresamos a Maracaibo». Ella me preguntó: «¿Vamos a renunciar y nos vamos sin trabajo?». Y le respondí que sí. Nos regresamos los dos sin trabajo, confiando en que Dios proveería. Yo me sentía tranquilo porque, estando en cama en Caracas, mi hijo me preguntó si no me daba miedo que me botaran del trabajo, y le dije que no, que yo «cargo mi mochila para todas partes». Esa mochila es mi conocimiento. Si no es aquí, es en otro sitio. Mi lema es tener mi mochila de conocimiento.
Ese evento con el COVID, ¿consideras que ha sido el mayor desafío personal que les ha tocado vivir?
J: Sí, totalmente. Yo pienso que eso fue un regalo de Dios, aunque fue muy difícil. Imagínate, estábamos mi esposa, mi hija pequeña y yo solos en Caracas, sin familia… Estuve 20 días en la UCI, volví a nacer. Cuando me recuperé, fuera de la sala, escuchaba cómo los médicos y enfermeros hablaban sobre mi caso, como algo extraordinario. Entonces me dije: «Wow». Fue en ese momento que empecé a valorar cosas tan simples como el café con mi mamá, hablar con ella, ver a mi hija jugar, escuchar a un pajarito cantar. Fue un antes y un después. Así que, si me preguntas, el mayor reto de mi vida ha sido sobrevivir. Sobrevivir a esa situación en el 2021.
A: Sí, además de otros acontecimientos como la época de apagones prolongados generalizados, falta de combustible y la pandemia por COVID fue unos de los desafíos más grandes que hemos tenido; trabajando a distancia desde casa con disminución de ingresos, la enfermedad de Jorge, peligro de enfermedad de la niña, poco abastecimiento de alimentos, una niña pequeña, un embarazo perdido, todo eso nos hace valorarnos como pareja en los momentos más difíciles.
¿Cuáles fueron tus principales preocupaciones cuando él estuvo enfermo?
A: Cómo todo pensamiento intrusivo, que no pudiese salvarse, era la mayor preocupación; luego el cuidado de nuestra hija pequeña y estar solos en la gran ciudad sin familiares cerca. Otras cosas que Dios y los familiares, amigos y colegas sabían que me preocupaba, era la parte económica, en días de UCI, una clínica privada en Caracas era demasiado costosa y un seguro que en inicio se negaba a reconocer y que luego en el proceso se agotaba. Dejando lo material de lado, pensar en las consecuencias cuando doctores decían que no sabían cómo iba a reaccionar o en qué estado estaría de lograr la recuperación.
¿Hubo algún momento específico que te impactó más durante su enfermedad?
A: Sí, cuando me informaron que sería dializado y que le harían transfusión de sangre. Pero por sobre todas las cosas un par de momentos que el destino, la casualidad o mejor dicho Dios, puso el nombre e imagen del Dr. José Gregorio Hernandez.
Como anécdota inolvidable en esos días llevando un medicamento o examen que era urgente, en mi poca experiencia manejando en una curva de la autopista Cota Mil choqué el carro, pues en medio de la angustia de tener que llevar ese medicamento y ver el carro estrellado, llamé a la grúa y la persona que fue a auxiliarme al decirme su nombre con voz serena y muy seriamente dijo me llamo Jose Gregorio Hernandez la empresa me envió a ayudarle, fue una sensación muy extraña pero que realmente me calmo la angustia. Luego en los mismos días orando en los pasillos de la clínica, estaba la imagen del Doctor; debo confesar que somos católicos casados por la iglesia, pero no asiduos a venerar, y esto me cambió por completo la forma de ver lo que sucedió.
¿Cómo ha influido esta experiencia en tu relación con tu esposo?
A: Definitivamente le hemos dado más valor a la vida y a estar en familia. Tanto que en diciembre de ese año él renunció a su trabajo en Caracas y nos regresamos a Maracaibo ambos sin trabajo; solo por el hecho de valorar el tiempo con nuestras familias. Cada día valoramos la vida, la oportunidad que Dios nos dio, los momentos en familia y estar juntos.
¿Cómo manejan las diferencias de opinión o enfoque cuando se trata de temas profesionales?
A: Fundamentalmente conversando, entendiendo que cada uno puede dar su opinión y es válida. A pesar de tener una relación muy bonita, consolidada y entendernos muy bien, somos personas distintas, con formas de ser distintas, pero con objetivos y valores comunes, la familia, el respeto, la armonía; las diferencias nos complementan y dan más fuerzas. En lo profesional suelo ser mucho más práctica y el mucho más analítico, él lee el manual y yo tomo las pieza y comienzo a armar o a explorar, eso ha hecho que las diferencias no sean un problema. Y claro con tanta experiencia que tiene respeto mucho su criterio, pero cuando me quiere dar largas clases con su vena de profesor me aburre y le digo “al grano Jorge Machado”.
Hablando más de la vida familiar, ¿Quién hace el presupuesto en casa?
J: El presupuesto familiar lo hago yo porque en ese sentido soy más metódico. Y, hablando de cómo nos organizamos, mi hija y yo somos quienes hacemos las compras de la casa. El domingo es nuestro día: vamos juntos al supermercado y ella va aprendiendo a elegir los aguacates y todo. A mi esposa le encanta que mi hija y yo hagamos las compras y que ella pueda quedarse en casa.
Además de disfrutar hacer la compra con tu hija, ¿qué actividades disfrutas junto a tu esposa? O los tres juntos.
J: A los tres nos encanta viajar. Es nuestra pasión. Es una lástima que la situación del país haya afectado los viajes por los temas de la gasolina, pero nosotros somos como «Valentino Quintero», tanto aquí como fuera de Venezuela. Disfrutamos mucho viajando. Y también nos encanta estar en casa. A veces nos invitan a salir, pero somos más de quedarnos en nuestro nido, ver películas y disfrutar juntos.
¿Qué metas profesionales tienen como pareja en los próximos años?
A: Nos gusta evolucionar y siempre estar al día con la nuevas normas y tendencias profesionales; también en actualización en materias necesarias que complementen nuestra profesión, inglés, inteligencia artificial, herramientas tecnológicas. Igual abrir un espacio para conocer o practicar algo no profesional que nos alimente el espíritu, las habilidades blandas o simplemente se convierta en un hobby para entretenernos, cocina, barismo, baile o lo que salga para la familia.
¿Cuáles son los valores que le enseñas a tus hijos?
J: Humildad, trabajo y respeto. Esos son los valores principales, junto con la ética, que es fundamental en esta profesión. Mis hijos saben que no tienen un papá millonario, pero tienen un padre que siempre está presente. Cuando me divorcié de su mamá, yo me prometí que me divorciaría de ella, no de mis hijos. Los mayores viven en España, y el que le sigue, que tiene 22 años, siempre fue muy apegado a mí y no quiere irse de Venezuela. A pesar de que sus hermanos y yo le insistimos para que vaya a visitarlos, él dice que no quiere que lo dejen allá.
¿Tienen alguna anécdota divertida o memorable de su vida profesional o familiar que le gustaría compartir?
A: Anécdotas personales muchas, pero una en el ámbito profesional, que recuerdo con agrado, es que cuando estuvimos desempleados trabajamos juntos como auditores fiscales; por cosas del destino y situación país llegamos ambos a quedar sin empleo, pero siempre la fe, nuestro buen entendimiento y las ganas nos llevaron a una idea inimaginable, dijimos: “es momento de unirnos como profesionales”, cosa que no había ocurrido antes; no fue fácil dejar lo personal y actuar como profesionales independientes, tampoco fue fácil aceptar que era mi jefe, sin embargo las cosas salían bien, aprendimos otras cosas el uno del otro, aunque en realidad lo prefiero de esposo que de jefe.
Entre otras anécdotas, él fue mi tutor de tesis en pregrado en la carrera de Contaduría Pública, siempre serio y correcto en todos sus temas profesionales. Recuerdo también que logramos juntos algo que no imaginamos anteriormente y fue, llegar a escribir un artículo técnico juntos para un libro de Derecho Tributario en Venezuela, allí nuevamente entre acuerdos y desacuerdos de pareja, nos alineamos por un objetivo y lo logramos; por cierto, en días pasados nuestra hija de ocho años descubrió que papá y mamá habían escrito un libro juntos y sorprendida nos dijo que quería leerlo, nosotros con ojos de amor y palabras a su nivel le dijimos que mejor para cuando estuviese grande.
¿Cómo pueden las esposas apoyar a sus parejas en momentos de alta presión laboral?
A: La mejor forma de apoyarse mutuamente ante momentos de alta presión laboral es siendo empáticos, entendiendo que cada uno tiene un proyecto profesional que lo motiva y que aporta un beneficio a la pareja. Los momentos de mucho estrés o alta presión laboral los hemos abordado conversando mucho y buscando espacios personales que nos desconecten un poco del momento y nos den oxígeno y motivación para afrontar el reto.
Jorge, ¿Qué consejo le darías a alguien que está considerando estudiar contaduría pública, que aún no toma la decisión?
J: Bueno, hace poco un sobrino me hizo la misma pregunta, y le dije que la contaduría es una profesión muy noble que abre muchas oportunidades en Venezuela y en el resto del mundo. Es un mundo muy amplio, ya que te puedes dedicar a la auditoría, la tributación, las finanzas o la contabilidad pura. Es una carrera que explora muchas áreas y eso la hace muy atractiva. Sin embargo, hay que hacerlo con mística y dedicación. Si te apasionas, estudias y te mantienes al tanto de los cambios, eso marcará la diferencia.
Hoy en día, el conocimiento está al alcance de la mano con herramientas como ChatGPT, por lo que el profesor se convierte en un director de orquesta. El verdadero éxito está en la disciplina, en investigar, en estar pendiente de todo lo que ocurre en el gremio. Te lo digo con conocimiento de causa: yo empecé a trabajar en el 95 y, para el 97, IDEPRO ya me estaba llamando para dar cursos. Yo era muy joven, pero mi pasión y mi disciplina me llevaron a participar en comités con gente de mucha más experiencia, y ellos nos escuchaban a nosotros. Esa mística es lo que definitivamente marca la diferencia.
Jorge Machado es un profesional que refleja no solo el éxito alcanzado en el campo de la tributación y la gerencia, sino también la grandeza de quien sabe superar la adversidad.
Tras construir una carrera sólida en las más prestigiosas firmas de auditoría y en el mundo corporativo, la vida lo puso frente a una prueba extrema en 2021: el COVID-19 lo llevó al límite entre la vida y la muerte.
De aquella experiencia, que estuvo a punto de apagar su existencia, emergió renovado. Sobrevivir no fue solo un hecho biológico: fue un acto de renacimiento. Desde entonces, Jorge asumió su vida con una nueva perspectiva, entendiendo que cada día es una oportunidad de crecer, agradecer y dejar huella. Su trayectoria profesional, ya admirable, se engrandece al sumarse su capacidad de resiliencia y su fortaleza personal. Hoy, su nombre encarna no solo el de un contador y gerente exitoso, sino el de un hombre que resurgió con más fuerza para valorar lo esencial, reinventarse y reafirmar que el verdadero triunfo no está únicamente en los logros profesionales, sino en la capacidad de renacer cuando todo parece perdido.
En este camino, la familia ha sido el pilar fundamental que le ha dado el apoyo incondicional para resurgir. Consciente de que la fortaleza más grande no se encuentra en las cuentas, sino en los lazos afectivos, Jorge ha hecho de su rol como padre y esposo su mayor prioridad. Un apoyo invaluable, el de su esposa Any Andrade, fue fundamental en este proceso; su presencia inquebrantable y su fortaleza se convirtieron en el ancla que lo mantuvo firme cuando más lo necesitaba. La familia es el motor que lo impulsa, el refugio en el que encuentra la paz y el recordatorio diario de que los logros más valiosos son aquellos que se celebran en el hogar.