José Gregorio Fereira González nació el 4 de julio de 1960 y, a sus 65 años, ha forjado una sólida y polifacética trayectoria profesional que lo distingue tanto en el ámbito contable como en el jurídico. En 1991 se graduó como Contador Público en la Universidad del Zulia (LUZ), carrera que le permitió abrirse camino en reconocidas instituciones y empresas del país.
Posteriormente, con la firme convicción de ampliar sus conocimientos, obtuvo el título de abogado litigante en la Universidad Dr. Rafael Belloso Chacín (URBE) en 2007 y, cuatro años más tarde, culminó una maestría en Gerencia Tributaria en la misma casa de estudios, experiencia que compartió con su hija, convirtiéndose en un orgullo familiar y académico. Su vida profesional refleja constancia y disciplina.
Durante ocho años se desempeñó como gerente de auditoría para la región occidental en Empresas Polar. Antes de esa experiencia, ocupó el cargo de gerente de administración y finanzas en la empresa Arrocera Maracaibo. Más adelante, consolidó su carrera en la prestigiosa firma León Mendoza y Asociado (posteriormente León Delgado y Asociado, hoy RCM Venezuela), donde trabajó por 18 años al lado del licenciado Armando León, figura influyente en el gremio contable. Actualmente, la firma forma parte de una red transnacional y está dirigida por reconocidos contadores.
En el plano personal, ha tenido tres relaciones significativas que le dieron la oportunidad de formar una amplia familia. De su primer matrimonio nacieron sus dos hijos mayores: una contadora pública que hoy ejerce en Canadá tras revalidar su título en la Universidad de Montreal, y un médico veterinario especializado en equinos y bovinos que reside en Chile. Su segundo matrimonio no le dejó descendencia, mientras que en su tercera unión estable nacieron tres hijos: un ingeniero de sistemas, una estudiante de medicina y un joven de 14 años que cursa bachillerato. Fereira no solo ha sido un profesional comprometido, sino también un ciudadano activo.
Forma parte del comité de padres y representantes del Instituto Latino, participa en el comité tributario del Instituto de Desarrollo Profesional (IDEPRO) y funge como instructor en dicha institución, siendo ponente recurrente en jornadas tributarias organizadas tanto por IDEPRO como por la URBE y Los Ángeles Editores.
Su ejemplo combina la vocación de servicio con la pasión por la enseñanza y la actualización constante. Con la proliferación de las redes sociales, el abogado y contador público José Fereira, conocido en TikTok como @josefereira0407, ha logrado unificar dos mundos aparentemente distintos: el legal y el contable, con el propósito de llevar conocimiento especializado a la sociedad. A través de sus videos, Fereira desmitifica complejos temas de derecho y tributación, transformándolos en contenido accesible y comprensible no solo para otros profesionales, sino también para el ciudadano común. Su trabajo demuestra que la educación no se limita a las aulas, ofreciendo a su audiencia soluciones prácticas y respuestas claras a problemas cotidianos en materia fiscal y jurídica, consolidándose como una fuente de consulta confiable y cercana en el mundo digital.
¿Cómo decidió combinar la contaduría con el derecho? ¿Y qué sinergia ha encontrado usted entre ambas profesiones?
Mi decisión de combinar la contaduría con el derecho fue una progresión natural de mi carrera. Me di cuenta de la importancia de lo legal en la profesión contable mientras trabajaba en la firma. De hecho, mi tesis de grado en contaduría pública se llamó «Aspectos legales que debe conocer el contador público». Esto me demostró que, para ejercer la contaduría de forma completa, debía dominar las leyes que la rigen. Esta sinergia me motivó a estudiar derecho en la Universidad Dr. Rafael Belloso Chacín (URBE). Encontré una gran sinergia entre ambas profesiones, ya que la contaduría se enfoca en los números, mientras que el derecho establece las reglas y el marco legal para esos números.
¿No has pensado en algún momento incursionar en la educación superior?
Sí, me encanta dar clases. De hecho, en una época fui suplente del licenciado Armando León cuando él no podía ir a sus clases. Pienso en incursionar en la educación superior. Aunque, me detiene el hecho de que, en nuestro país, la profesión de educador no recibe el valor que merece. La educación es clave para el desarrollo de una nación, y quienes forman a los futuros profesionales deberían ser tratados con el mérito que merecen. Es una vocación que me apasiona, pero la realidad no la favorece.
Como especialista en impuestos ¿cuáles consideras que son los principales desafíos que enfrentan las empresas venezolanas en materia fiscal hoy en día?
El principal desafío que enfrentan las empresas venezolanas hoy en día es la brecha de recaudación fiscal. Además, desde 2014, el país ha legislado en materia tributaria bajo decretos inconstitucionales a sectores que históricamente estaban exentos, como el educativo. Por ejemplo, se exige el pago de Impuesto Sobre la Renta a instituciones que no generan utilidad, lo que es una carga injusta. Esto evidencia que el sistema fiscal no está alineado con la realidad económica de las empresas.
¿Qué lo motivó a incursionar en el litigio? Y si puede compartirnos alguna anécdota de algún caso en particular que lo haya marcado.
Me gusta el litigio porque me permite defender a personas, ya sean naturales o jurídicas, que tienen lo que se conoce como «el buen derecho». Es decir, que no solo tienen la razón legal, sino que también pueden responder a la sentencia para que esta no sea ilusoria.
Lo que más me ha marcado en mi carrera es enfrentarme a la injusticia. Una anécdota que me ha impactado mucho es un caso actual en el que defiendo a unos accionistas que representan el 50% de una empresa. El otro grupo, que es minoritario, los demandó y usó la vía penal para hacer una denuncia fiscal basada en actas de asamblea que evidentemente no son fidedignas. Esto es lo que considero «terrorismo judicial», ya que la vía penal debería ser el último recurso.
Lo que me frustra es que me siento atado, no me dejan ver el expediente en el Ministerio Público ni en el tribunal. A pesar de esto, he contactado a los abogados que los representan en España para buscar una solución pacífica y extrajudicial. Este caso me ha marcado porque demuestra cómo se puede usar el sistema para crear terrorismo judicial, a pesar de que la ley establece que la vía penal es la última a utilizar.
¿Cómo ha logrado balancear su intensa vida profesional con su rol de padre y de esposo?
Actualmente, me considero un buen padre. Tengo una excelente relación con mis cinco hijos, tanto con los que están en el exterior como con los tres que viven aquí. Aunque me separé de la madre de mis tres hijos menores, vivo a tan solo cien metros de ellos. Mantengo un buen contacto con ella y también con mi primera esposa, que vive con nuestra hija mayor en Canadá.
La verdad es que no es tan difícil balancear la vida familiar con la profesional porque el contacto es constante. Si mis hijos necesitan algo, estoy a su disposición; si yo necesito ayuda, me asisten. Creo que la clave es mantener la comunicación y la cercanía, demostrando que siempre estoy allí para ellos.
¿Qué lecciones de vida, o cuál es el valor más importante que ha intentado usted enseñar a sus hijos?
El valor más importante que he intentado inculcar a mis hijos es la honestidad y la honradez. Ellos han visto en mí un modelo de ética intachable y lo han adoptado en sus vidas. Una anécdota reciente lo demuestra: mientras cenaba con mis dos hijos menores, un señor se acercó a pedir, y mi hijo le dio unos bolívares. Luego, mi hijo se quedó pensando, sacó diez dólares que tenía y se los entregó al señor, pues sintió que debía hacerlo. Su generosidad fue un reflejo de lo que ha visto en mí, que debemos ayudar a nuestro prójimo.
Otro ejemplo de su honradez es que, si por error les transfiero dinero, inmediatamente me lo devuelven. Nunca los he obligado a estudiar, sino que ellos, al ver mi dedicación, se han motivado a hacerlo por sí mismos. Creo que un buen modelaje ha sido clave para que mis cinco hijos sean personas honestas y responsables.
¿Cómo se describiría usted fuera del ámbito profesional, qué le gusta hacer para desconectarse, para recargar energías, para pasar el tiempo libre?
Fuera del ámbito profesional, me describo como una persona que valora el tiempo con sus seres queridos. Para desconectarme, a veces pongo el teléfono en modo avión o lo apago. Esto lo hago porque, debido a mi trabajo, estoy acostumbrado a tenerlo encendido todo el tiempo. Por ejemplo, en una ocasión, un cliente me llamó a las 3:30 de la mañana porque había tenido un accidente y necesitaba mi asesoría urgente.
En cuanto a mis actividades, disfruto mucho compartir con amigos y, sobre todo, pasar tiempo con mis hijos. Me gusta ir a comer o al cine con ellos cuando me lo proponen. Es en esos momentos, con una salida casual, es cuando puedo recargar energías y disfrutar plenamente de su compañía.
Su sentido del humor es una de las características más notorias y que más reconocen el resto de los colegas contadores. Pero además de eso, usted también tiene un tono algo sarcástico, que lo utiliza sobre todo en sus ponencias. ¿Cree usted que ese sarcasmo y ese humor son herramientas útiles en el trabajo que usted hace?
Pienso que a veces me excedo y, en realidad, debería corregir mi sarcasmo. Sin embargo, lo uso como una herramienta para incentivar a los profesionales, para decirles: «Señores, defiéndanse. Aquí les doy las herramientas para ganar, con los ojos vendados, como la diosa de la justicia». Lo que busco es motivar, aunque a veces, al ver tanta injusticia, mi impotencia se desborda en un tono sarcástico.
En general, mi estilo es resultado de mi sinceridad y pasión. Soy una persona muy creyente y honesta, y eso se refleja en mi trabajo y en la forma en que me relaciono con los demás. Busco ser empático y ponerme en el lugar del otro.
¿Qué papel juega el gremio de contadores públicos en la actualidad? ¿Cómo cree usted que se podría fortalecer la profesión en Venezuela?
A mi juicio, el gremio de contadores está haciendo su trabajo. Organizamos conferencias y cursos gratuitos para los colegas, pero la afluencia de participantes es muy baja. Por ejemplo, he dado charlas de dos o tres horas sobre cómo afrontar fiscalizaciones, y a veces solo asisten diez personas. Para mí, esto es decepcionante.
A pesar de la poca asistencia, hemos decidido grabar las conferencias y subirlas a YouTube para que el conocimiento llegue a más personas en todo el país. La profesión se podría fortalecer si los colegas mostraran más interés en formarse, ya que el gremio está brindando las herramientas necesarias para lograrlo.
Mirándose al futuro, ¿cuáles son sus próximos proyectos o sueños por cumplir?
Mi hija, que vive y trabaja en Canadá, me ha propuesto irme a vivir allá para trabajar con ella. Sin embargo, tengo un vínculo muy fuerte con mi país. He viajado y vivido en otros lugares como Chile, Bolivia, Argentina y Perú, y me di cuenta de que no hay una mística como la del venezolano. Aquí, si una persona tiene una necesidad, de seguro un compatriota le ofrece ayuda, algo que no sucede en el resto de Latinoamérica.
Aunque me gustaría visitar a mi hija y pasar un tiempo con ella, no pienso migrar de forma definitiva. En el pasado, en otros países, se me ha dicho que estoy «sobre-calificado» para trabajar, por lo que a veces me toca ocultar mis títulos solo para conseguir una entrevista. Por eso, prefiero estar en mi país, con mi gente, sin importar las dificultades.
Si usted tuviera la posibilidad de cambiar algo en la profesión, en el sistema contable en Venezuela, ¿qué sería y por qué?
Si tuviera el poder de cambiar algo sería el sistema educativo de Venezuela, tanto a nivel de bachillerato como superior, por ejemplo la malla curricular.
En la educación media, eliminaría materias que no son relevantes y en su lugar, incorporaría áreas de formación financiera, como contabilidad, administración e informática. En mi época, teníamos talleres de electricidad, mecánica, jardinería y carpintería. Esto garantizaba que, incluso si un estudiante no terminaba el bachillerato, al menos adquiría un oficio. Esto se ha perdido y es algo que se debe recuperar.
A nivel universitario, es necesario actualizar el plan de estudios para adaptarlo a las necesidades del mercado. Por ejemplo, en contabilidad, aunque Venezuela adoptó las normas internacionales, no son obligatorias, pero, aun así, se debería tener varias materias dedicadas a ellas. En el caso del derecho, el derecho tributario está poco desarrollado en el plan de estudios, lo que no incentiva a los estudiantes a especializarse en un área con mucho campo laboral. Es necesario diversificar las materias para que los profesionales salgan mejor preparados.
Si resumiera su vida profesional y personal en una sola frase, ¿cuál sería?
Si tuviera que resumir mi vida en una sola frase, diría que mi carrera profesional fue un éxito, al haberme graduado tres veces a pesar de las circunstancias, pero en el ámbito personal con mi pareja, no logré la estabilidad que deseaba. Desearía haber sido más estable en ese sentido.
¿Cómo le gustaría ser recordado por las futuras generaciones de contadores?
Como “el profesional que siempre compartió el conocimiento con sus colegas, sin recibir nada a cambio.»
Orgulloso de su trayectoria y agradecido con la vida, José Gregorio Fereira encuentra en su familia el motor de sus logros. Mantiene una estrecha relación con su madre de 86 años, a quien visita diariamente, y ve reflejado su esfuerzo en el camino profesional de sus hijos. Así, su historia personal y laboral se entrelazan como un testimonio de perseverancia, disciplina y amor por la profesión.